Arca de Noé / Pedro Alfonso García
El viernes por la tarde, en un auditorio de Güemes, a media hora de Victoria por la carretera a Matamoros, José Lorenzo Morales rindió el segundo informe de su quinto periodo como presidente municipal, con el gobernador Américo Villarreal Anaya como testigo de lujo.
La escena nos hizo recordar que la primera vez que ese hombre subió a ese mismo estrado fue en 1999 —hace 26 años—, cuando el gober actual todavía estaba lejos de las catedrales del poder; desde entonces ha ocupado cinco veces el mismo despacho, la misma silla, y se ha dado el lujo de pagar y disfrutar porras y aplausos.
La genialidad humorística, ácida y corrosiva de Eduardo del Río, Rius, engendró hace medio siglo un personaje que todavía se pasea por los pasillos del poder como si fuera dueño de pueblos y ciudades: Don Perpetuo del Rosal, cacique de San Garabato Cuc, que se aferraba al cargo con la venia de un gobernador que rara vez aparecía en la historieta impresa.
En Tamaulipas abundan sus émulos, en zonas rurales y urbanas, políticos que con la tolerancia del centro se eternizaron en el poder, y el de Güemes es, con mucho, el más acabado de todos.
Nomás para dimensionar la hazaña de Don Perpetuo güemense, ha sido alcalde durante los periodos 1999-2001, 2005-2007, 2011-2013, 2021-2024 y el actual, que concluye en 2027: década y media en el poder, un poco menos de la mitad de lo que duró el porfiriato, distribuidos a lo largo de veintiocho años de ser amo y señor del Palacio Municipal. Las primeras veces se ajustó a la regla de entonces, que obligaba a terminar, dejar pasar una administración y volver a competir; para la quinta ya no tuvo que esperar, porque la reforma de 2018 le permitió reelegirse de corrido.
Esa fórmula de irse para regresar la conocen de memoria en los municipios pequeños del estado, que son 36 de los 43 si dejamos fuera a las siete ciudades grandes, las cuales merecen capítulo aparte. Santiago Ávalos Medina la aplicó tres veces en Casas y en 2018 pretendió una cuarta candidatura del PRI, que le negaron entre protestas de sus propios correligionarios; en 2024 volvió a competir, ya con las siglas del PRD. José Guadalupe Saucedo gobernó tres veces Jiménez, Ramiro Cortez tres veces Miguel Alemán y Héctor de la Torre tres veces Llera, primero por el PAN y luego como independiente. Por lo que se ve, las siglas han servido como placa de circulación que se cambia sin bajarse del coche.
Cuando los Perpetuos cuerudos no han podido seguir, en algunos municipios ha sido la familia la que ha tomado su lugar, y Palmillas ilustra bien ese relevo: hoy gobierna Sindy Paoleth Monita, del mismo apellido que ocupó la alcaldía entre 2011 y 2013. La ley antinepotismo que aprobó en mayo el Congreso local busca cerrar ese camino a partir de la próxima elección, aunque deja abierta, hasta 2030, la puerta de la reelección consecutiva, lo que convierte a 2027 en la última oportunidad de los caciques rupestres para quedarse con las reglas que todavía les favorecen.
Del tema escabroso y prohibido nada se habló el viernes en Güémez. En el baño de autoelogios se presumió de pavimentación, de internet satelital para las escuelas rurales y de un “clima de unidad” que el mandatario estatal elogió desde el estrado, aunque apenas en junio el Congreso Local había reprobado la cuenta pública 2024 de ese mismo ayuntamiento, junto con la de otros cuarenta. Y aun así, aplaudido, ese alcalde del PRI con cinco periodos y una cuenta reprobada recibió el respaldo oficial.
No se requiere mucha ciencia para explicarlo: en comunidades de pocos miles de habitantes es más fácil sostener durante décadas una estructura de parentelas, liderazgos ejidales y operadores que conocen a cada elector por su nombre, y el centro, que vive de esos votos, prefiere no averiguar su origen. Solo cuando el cacique hace ruido —como Ávalos, cuando le negaron una cuarta candidatura— el centro descubre de pronto los principios. Más que partidos, estos municipios han producido liderazgos permanentes: San Garabato Cuc era un retrato de la realidad de entonces y Don Perpetuo, un señor de horca y cuchillo, pero a los de ahora se han aferrado al poder y han valido puro sorbete las observaciones y auditorías que jamás tienen mayores consecuencias.
El viejo principio de Sufragio Efectivo, No Reelección, que le costó la vida a Francisco I. Madero, se derritió hace tiempo ante la presión de los cacicazgos rurales, semirurales y aun de las zonas más urbanizadas de Tamaulipas. Lo más patético no es que se haya derretido, sino que nadie en el auditorio de Güémez pareció notarlo el viernes pasado. Cuando se auditorio se quedó vacío y la comitiva tomó la carretera de regreso a Victoria, Don Perpetuo se quedó donde ha estado desde 1999.
Mientras tanto, Gumaro, Trastupijes, Doña Tecla, Doña Garatuza, Don Céfiro, Calzosin y Chon Prieto ven inmóviles transcurrir la vidas. Rius y su lápiz ya no están.





