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La prueba PISA y el futuro económico de México

  • septiembre 15, 2026
  • 6:59 am
Inteligencia Ciudadana: Economía, Finanzas y más/Alfredo Torres

 

Hoy es importante detenernos a reflexionar sobre el verdadero motor de riqueza a largo plazo que existe en una nación: El Capital Humano, lamentablemente, los datos nos indican que se ha saboteado ese motor. Recientemente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) volvió a poner el dedo en la llaga con los resultados más recientes de la prueba PISA (el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos).

Este examen no evalúa si un joven de 15 años puede memorizar fechas históricas, sino si tiene las competencias básicas en matemáticas, lectura y ciencias para enfrentar los retos de la vida real y del mercado laboral moderno.

Los números para México no solo son desfavorables, nos muestran un retroceso histórico, estancándonos en los últimos lugares de los países miembros de la OCDE. Dos de cada tres estudiantes mexicanos no logran alcanzar el nivel básico de competencias en matemáticas, y la mitad tiene deficiencias graves en comprensión lectora.

¿Por qué debería importarnos esto, si aquí abordamos temas de economía y política? Por tres razones fundamentales que impactan directamente nuestras finanzas. La condena a la mano de obra barata, si y te lo explico, escuchamos muchas veces mencionar desde el estado, sobre las maravillas del nearshoring (la relocalización de empresas globales hacia México).

Nos prometen un futuro de prosperidad tecnológica. Sin embargo, la economía global del siglo XXI premia el análisis de datos, la programación y el pensamiento crítico, si nuestro sistema educativo público produce jóvenes que no comprenden lo que leen ni pueden resolver problemas matemáticos básicos, no podremos atraer industrias de alto valor agregado, por consecuencia nos estamos condenando a seguir compitiendo internacionalmente solo por ofrecer la mano de obra más barata.

Otra de las cosas que nos impacta tiene que ver con lo que hemos visto anteriormente. Si una de las pocas funciones legítimas que tiene el Estado es garantizar una red subsidiaria (salud y educación básica) para emparejar el piso de oportunidades, el sistema educativo público actual es una fábrica de desigualdad.

Mientras las familias con recursos migran a la educación privada para salvar el futuro de sus hijos, las familias de menores ingresos quedan atrapadas en un sistema público secuestrado por burocracias y sindicatos, donde el presupuesto se gasta en nóminas opacas y no en infraestructura, tecnología o capacitación docente real. Y finalmente lo más devastador, se crea una condición perfecta para el populismo.

Un ciudadano que no tiene pensamiento crítico ni comprensión lectora es el cliente perfecto para la demagogia y adoctrinamiento, la falta de educación de calidad es la mejor herramienta de control político, pues hace que la población dependa de las dádivas gubernamentales en lugar de exigir rendición de cuentas y libertades económicas. Si nosotros, como ciudadanos y contribuyentes, financiamos un sistema educativo con nuestros impuestos, debemos exigir un retorno sobre esa inversión, financiar un sistema que no educa, sino que retrasa a nuestros jóvenes, es un fraude monumental.

La verdadera soberanía de México no se defiende con discursos nacionalistas ni protegiendo empresas estatales en quiebra; se defiende en las aulas, formando mentes capaces de competir y triunfar en el mercado global.

 

Hoy es importante detenernos a reflexionar sobre el verdadero motor de riqueza a largo plazo que existe en una nación: El Capital Humano, lamentablemente, los datos nos indican que se ha saboteado ese motor. Recientemente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) volvió a poner el dedo en la llaga con los resultados más recientes de la prueba PISA (el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos).

Este examen no evalúa si un joven de 15 años puede memorizar fechas históricas, sino si tiene las competencias básicas en matemáticas, lectura y ciencias para enfrentar los retos de la vida real y del mercado laboral moderno.

Los números para México no solo son desfavorables, nos muestran un retroceso histórico, estancándonos en los últimos lugares de los países miembros de la OCDE. Dos de cada tres estudiantes mexicanos no logran alcanzar el nivel básico de competencias en matemáticas, y la mitad tiene deficiencias graves en comprensión lectora.

¿Por qué debería importarnos esto, si aquí abordamos temas de economía y política? Por tres razones fundamentales que impactan directamente nuestras finanzas. La condena a la mano de obra barata, si y te lo explico, escuchamos muchas veces mencionar desde el estado, sobre las maravillas del nearshoring (la relocalización de empresas globales hacia México).

Nos prometen un futuro de prosperidad tecnológica. Sin embargo, la economía global del siglo XXI premia el análisis de datos, la programación y el pensamiento crítico, si nuestro sistema educativo público produce jóvenes que no comprenden lo que leen ni pueden resolver problemas matemáticos básicos, no podremos atraer industrias de alto valor agregado, por consecuencia nos estamos condenando a seguir compitiendo internacionalmente solo por ofrecer la mano de obra más barata.

Otra de las cosas que nos impacta tiene que ver con lo que hemos visto anteriormente. Si una de las pocas funciones legítimas que tiene el Estado es garantizar una red subsidiaria (salud y educación básica) para emparejar el piso de oportunidades, el sistema educativo público actual es una fábrica de desigualdad.

Mientras las familias con recursos migran a la educación privada para salvar el futuro de sus hijos, las familias de menores ingresos quedan atrapadas en un sistema público secuestrado por burocracias y sindicatos, donde el presupuesto se gasta en nóminas opacas y no en infraestructura, tecnología o capacitación docente real. Y finalmente lo más devastador, se crea una condición perfecta para el populismo.

Un ciudadano que no tiene pensamiento crítico ni comprensión lectora es el cliente perfecto para la demagogia y adoctrinamiento, la falta de educación de calidad es la mejor herramienta de control político, pues hace que la población dependa de las dádivas gubernamentales en lugar de exigir rendición de cuentas y libertades económicas. Si nosotros, como ciudadanos y contribuyentes, financiamos un sistema educativo con nuestros impuestos, debemos exigir un retorno sobre esa inversión, financiar un sistema que no educa, sino que retrasa a nuestros jóvenes, es un fraude monumental.

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