INDICADOR POLITICO/Carlos Ramírez
Cuando las cifras económicas sorprenden a las propias autoridades, es
cuando reaparece el PIB en las expectativas de corto plazo. Hace poco
Palacio Nacional afirmó que el PIB bajo también servía para proteger el
medio ambiente de la sobreexplotación industrial, pero ahora que se
acumularon algunos ligeros indicios de que se está evitando la
recesión, de nueva cuenta el PIB como buena noticia irrumpe en las
mañaneras.
Pero no debe pecarse de exceso de confianza. En el lenguaje de la 4T,
los niveles de PIB tienen ya una caracterización que está siendo
asumida por los propios técnicos de la economía para definir los
porcentajes entre los márgenes de maniobra de malo a óptimo:
–malo: 1.5%.
–regular: 2%.
–bien: 3%.
–meta: 4%.
–óptimo: 6%.
La presidenta Sheinbaum destacó la cifra de 1.4% de PIB en el
segundo trimestre del año y dejó entrever que mejoraría hacia finales
de año para colocarse quizá en 1.8%.
Sin embargo, Los gobernantes juegan con las palabras y las
expectativas macroeconómicas como si estuvieran calculando deseos
de porcentajes electorales. Pero el efecto que tienen sus cálculos
oficiales sólo genera incertidumbre en los agentes productivos cuando
se politizan las cifras y no las hacen responder a la dinámica de la
inversión y la producción.
Los Precriterios Generales de Política Económica para 2027 que se
difundieron en abril de este año plantearon un PIB de 2.3% para 2026 y
de 2.4% para 2027; sin embargo, hacia septiembre, el pesimismo
quedó exhibido como un optimismo mal informado: de manera oficial,
los Criterios ya formales para terminar este año y definir la expectativa
del próximo tuvieron que registrar una baja en el cálculo del
crecimiento: 1.5% para 2026 y 2% para 2027.
Y si se quiere agregar una cubetada de realismo económico en forma
de agua fría, los Criterios 2027 señalaron que el PIB promedio anual de
2027 a 2030 –los cuatro últimos años del sexenio– sería de apenas
2%. Las expectativas del Banco de México hablan de 1.8% anual para
los próximos diez años.
Los optimistas dicen que más vale 2% en mano que un 4%-6%
volando, pero los realistas señalan que el verdadero ritmo de
crecimiento con generación de riqueza para distribución de los
beneficios entre toda la población debe ser parte de la economía
productiva y no las becas y el dinero regalado que se acredita al déficit
presupuestal y a la deuda pública.
Estas cifras llevan a un corte de caja que no causa buena impresión: la
meta promedio anual de PIB para los cuatro años que restan del
sexenio es de 2% en el documento oficial de Criterios Generales de
Política Económica para 2027, una escasa mitad de la anterior meta
mínima de 4% y apenas un tercio del 6% que hasta el propio López
Obrador reconoció como meta ideal, pero que la economía logró en el
largo y desprestigiado periodo económico populista de 1934 a 1982.
Y como para terminar de amargarle el día a los encargados antes y hoy
de las finanzas públicas que están haciendo verdaderas maniobras
circenses en trapecios públicos sin red protectora para ver quién es
más neoliberal, si los salinistas o los populistas, en realidad las cifras
están hablando por sí mismas: los neoliberales del pasado reciente
lograron un PIB promedio anual de 2% en el período 1983-2018 y los
populistas anclados en restricción de macroeconómicas neoliberales
pueden entregar un promedio anual de PIB de 1.5% en el corto ciclo
2019-2030.
La declaración presidencial del lunes en la mañanera reconociendo que
el PIB finalmente no se hundió en la recesión y estará flotando en 1.4%
a mediados de este año y la expectativa de una “mejora” –sin aventurar
cifras– debiera ser procesada con mayor profundidad en términos de
saber si hay un compromiso real de la economía política antineoliberal
de la 4T o si las restricciones neoliberales vigentes –déficit
presupuestal, inflación y consolidación fiscal– sólo alcanzarán para que
el PIB de 2026-2027 pueda distraernos con una cifra arriba de 1.5%
pero abajo de 2%.
Y lo que no se ha aclarado –y es la parte central del alegato alrededor
del PIB– se localiza en el hecho de que sin PIB creciente y en tasas
arriba de 4% el famosísimo y nunca bien ponderado Plan México
quedará en el museo de los planes que inventaron los neoliberales
Miguel de la Madrid Hurtado y Carlos Salinas de Gortari para esconder
las crisis.
Y aquí se repite la frase que molesta a los economistas: “sin PIB no hay
país”.
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Política para dummies: La política sin PIB es como un auto sin ruedas.
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