FALJORITMO / JORGE FALJO
La Secretaría de Hacienda recién entregó al Congreso los Criterios Generales de Política Económica (CGPE). Este documento puede verse como el plan de negocios del gobierno; explica su visión de la economía y de su evolución previsible para 2027 y presentan la estrategia económica y fiscal que orientará las acciones del Gobierno de México en el año referido. Toma también en consideración el entorno externo y las oportunidades y riesgos que ofrece. Es particularmente importante la manera en que aterriza sus grandes objetivos en prioridades ingreso y gasto.
Los CGPE enfatizan la combinación de prioridades que ha caracterizado la estrategia de este y el anterior sexenio: política social, recuperación salarial, estabilidad macroeconómica e inversión pública. Sobre esta base se avanzará a una etapa de prosperidad compartida en la que los beneficios del crecimiento incluirán a más regiones del país, más sectores productivos y mejorarán la vida de las familias. Lo cual requiere, indica, conducción responsable de las finanzas públicas y ejercicio efectivo de los derechos sociales.
Es desde estos planteamientos que puede y debe revisarse el documento y es desde ellos que parecen existir huecos en el diagnóstico. Los Criterios reconocen la existencia de desafíos derivados de cambios en la política comercial y el comercio global. Los riesgos que advierte pueden alterar su pronóstico de las principales variables económicas, tales como crecimiento, inflación y paridad cambiaria, son de origen externo. Aquí aparece un desequilibrio, de un lado riesgos externos, pero en lo referido al diagnóstico interno pareciera no empuje transformador sino continuidad e incluso autocomplacencia.
Según los Criterios en 2027 la economía crecerá en un rango de 1.5 a 2.5 por ciento. No obstante recordemos que es una proyección y que estas tienden a ser optimistas. Los CGPE2026, los de hace un año, previeron un crecimiento de la economía de entre 1.8 y 2.8; no obstante recientemente Banxico ajustó su expectativa de crecimiento para este año a 1.5.
En los últimos años los datos de crecimiento del PIB no son alentadores. En 2021 el producto creció 6.3 por ciento pero fue una reacción de rebote ante la caída de 8.6 por ciento debida a la pandemia. En 2022 la economía avanzó 3.7 por ciento; en 2023 3.1 por ciento; en 2024 cayó a 1.1 por ciento y en 2025 a 0.8 por ciento.
Es un nivel de crecimiento persistentemente bajo y en ruta de decrecimiento que los Criterios mencionan someramente como parte de un listado de origen externo (conflicto en Medio Oriente, precio de los hidrocarburos) que se asocia sin establecer una relación de causalidad a un crecimiento de la economía por debajo de su potencial. Al no evaluar la desaceleración no queda claro el sustento del crecimiento esperado en el futuro inmediato.
Al no diagnosticar las causas de la desaceleración del crecimiento el salto a crecer entre 1.5 y 2.5 por ciento en 2027 aparece como una previsión casi automática, sustentada en el consumo, la inversión y las exportaciones que son factores que ya estaban presentes cuando el crecimiento cayó.
Los Criterios 2027 depositan buena parte de la expectativa de crecimiento en el consumo privado. Teóricamente es una apuesta razonable dado que es el componente más grande del PIB por el lado de la demanda. Sin embargo los datos del Banco de México señalan que el gasto de los hogares crece alejado de lo que México produce. Entre enero de 2022 y mayo de 2026, el consumo privado de bienes de origen nacional creció un 3.9 por ciento; una tasa media anual de apenas 0.38 por ciento. Es decir que el consumo per cápita de bienes nacionales decae y se limita cada vez más a los bienes de consumo no duradero. En contraste el consumo de bienes importados creció en 42 por ciento.
Para ejemplificar puede señalarse que de 2022 a mayo de 2026 los volúmenes físicos de producción de prendas de vestir y el de insumos textiles cayeron más de 25 por ciento; el de cuero y calzado se redujo en 24.1 por ciento y el muebles y colchones en 21.5 por ciento.
El comportamiento del consumo y su incidencia en caída severa de la producción para el mercado interno es más una explicación del bajo crecimiento del PIB que un factor que vaya a impulsar su avance futuro. Consumir sin producir no es sustentable en el mediano plazo y lo peor es que el deterioro del aparato productivo orientado al consumo interno incide de manera fuerte y negativa en el empleo formal.
Los CGPE2027 priorizan una vez más la estabilidad de las finanzas públicas y los derechos sociales dejando un hueco entre los dos: la atención al crecimiento de la producción que sea el sustento futuro tanto de una mejor captación fiscal como de una mejoría del bienestar de la población.
Los intereses de los inversionistas financieros son claramente expresados por las calificadoras de deuda. En este caso Fitch señala que el presupuesto para 2027 es creíble pero persisten riesgos a mediano plazo. La meta de un endeudamiento público limitado al 3.9 por ciento del PIB permitirá permanecer dentro de los límites de la categoría de inversión más baja con perspectiva estable. Pero según la calificadora para estabilizar la deuda se necesitaría un menor gasto público y un endeudamiento de alrededor de 2.5 por ciento del PIB. Un objetivo que exigiría un ajuste aún mayor dada la inercia en el crecimiento del gasto; en pensiones y otras partidas sociales.
Finalmente Fitch toca dos temas espinosos al decir que es probable que una reforma fiscal estructural cobre relevancia en los próximos años para atender futuras presiones de gasto sin seguir sacrificando inversión. De este modo se suma a los llamados para elevar la captación fiscal, en este caso desde la perspectiva de asegurar los intereses de los acreedores.
Hay no obstante otra perspectiva desde la cual se debe plantear el fortalecimiento de los ingresos públicos. Planteado de manera simplista podría decirse que el endeudamiento público es el reverso de la moneda de los impuestos. A menores impuestos mayor endeudamiento así sea para un gobierno que presume la austeridad como virtud.
La baja captación fiscal de México, a niveles de alrededor de la mitad de la captación promedio en los países de la OCDE, limita tanto la inversión pública y el impulso al crecimiento, como la operatividad y cobertura de los servicios públicos.
En México más de 44.5 millones de personas carecen de acceso a servicios de salud y de 2018 a la fecha una porción creciente de la población con problemas de salud recurre a instituciones privadas reflejando así el deterioro operativo de la atención en el sector público. Los recientes resultados de la prueba PISA provocaron una reacción generalizada en favor de mejorar la calidad de la educación en México, lo que sería una de las mejores inversiones para el futuro crecimiento del país.
Los CGPE son optimistas en cuanto al entorno internacional. El conflicto en Medio Oriente se resolverá y la volatilidad y precios de los hidrocarburos, los fertilizantes y otros insumos productivos volverá a la normalidad. Cabe recordar aquello de que hay que esperar lo mejor y prepararse para lo peor. Los CGPE atienden a la primera parte del consejo. Sin embargo su enfoque en dos prioridades, finanzas públicas sanas y derechos sociales descuida la atención al crecimiento.
Crecer requiere revertir su lastre principal; la destrucción del aparato productivo que satisface el consumo mayoritario y, además elevar la captación fiscal de manera substancial. De otra manera la salud de las finanzas públicas basada en la austeridad tiene como costo frecuente el deterioro de la función pública en aspectos estratégicos.




