Alegorías/Alejandro Rosales Lugo
El 7 de septiembre, como a las 8:45 de la
mañana, por la Avenida del Maestro, un
familiar cercano tuvo un percance en una de
las bocacalles que llegan a esa transitada
avenida.
Aparentemente cometió una infracción y
provocó un leve choque con otro vehículo que
circulaba de sur a norte.
El conductor del auto, presunto agraviado, le
pide a la presunta infractora, cubrir el leve
golpe. Pero la presunta infractora acude a su
Seguro Banorte para solventar la presunta
infracción. Para esto se dan cita al lugar el
Asegurador y el Agente de Tránsito, terciados
por la Asegurada. El agente de Tránsito no
solicita licencias a ambos conductores. Y
hace hincapié en que el Infractor venía en
‘Contra” cosa, que con sentido comín, poco
tiene que alegar en su favor.
En una especie de solución Kafkiana, el
Agente y Asegurador se ponen de acuerdo
con el Infractor y dan una Salomónica
decisión: que no hay culpables. Diría yo,
testigo del caso, que fue una decisión de
Corrupción Visual, término no incluido en la
Real Academia de la Española… El
asegurador de Banorte, Jose Ignacio Castillo,
persuade a la presunta infractora para que
cargue el peso de la culpa.
De nuevo Franz Kafka en acción; la presunta
infractora carga con el paquete del alto costo
del golpe recibido a su vehículo. Y el
asegurador acuerda sin acordar con su
asegurada que paga el pato sin cometer
infracción alguna.
El Asegurador de Banorte, el Agente de
Transito y el Infractor tranquilos en un “Mundo
Feliz” de Aldous Huxley.
El verdadero infractor marchó tranquilamente.
Entre ajustadores te veas…





