INDICADOR POLITICO/Carlos Ramírez
En un movimiento estratégico que en política mexicana se conoce como control de daños o
como adelanto de vísperas, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo pasó de la “sangre fría” a
la “sangre caliente” con el presidente Donald Trump y mandó un mensaje de hartazgo a través
del Wall Street Journal.
El cambio de mensaje y de tono de Palacio Nacional hacia la Casa Blanca no tuvo que ver con
el enésimo dardo provocador de Trump, sino que en realidad fue un giro súper urgente para
alinear la agenda estadounidense de Palacio Nacional al contenido de los ataques del
presidente emérito Andrés Manuel López Obrador contra Estados Unidos, Washington, la Casa
Blanca, el presidente Trump y señaladamente Marco Rubio, además de revivir el tema de la
visa estadounidense cancelada a su hijo Andy López Beltrán.
No se necesitan expertos en grafología o semiótica para encontrar una correspondencia casi
calcada entre la carta furiosa que López Beltrán publicó en redes sociales el día que se supo de
la cancelación de su visa estadounidense y el contenido de las páginas referidas a EU en la
edición de Pueblo, la nueva aportación editorial del presidente emérito.
El tema del narcotráfico –y sus derivaciones de narcopolítica, narcoestado, narcocárteles
dominando territorios– fue metido por López Obrador y Trump-Rubio en el proceso electoral
mexicano de 2027 y los boletines informativos que están saliendo casi a diario en Estados
Unidos para anunciar sanciones que involucran a políticos en activo sobre todo en zonas
donde habrá cambios de gobernadores. Antier mismo se distribuyeron informaciones que
castigaban al exesposo de la gobernadora bajacaliforniana Marina del Pilar, cuyo expediente
en presuntas negociaciones con fiscales sigue sin aclararse y sin cerrarse.
Lo significativo de las últimas horas fue el tono más que beligerante del presidente emérito
López Obrador en contra directamente nada menos que de Marco Rubio, secretario de Estado
de la Casa Blanca, consejero de Seguridad Nacional del presidente Trump, operador de toda la
estrategia geopolítica para apuntalar gobiernos conservadores en América latina y el Caribe,
corresponsable directo de la derrota del presidente brasileño Luis Ignacio Lula da Silva en la
primera vuelta de las elecciones presidenciales, precandidato de Trump a la presidencia de EU
y jefe directo de su principal operador diplomático Christopher Landau, exembajador en México
y mejor conocido en el mundo mexicano y latinoamericano cómo Mr. Quitavisas o Mr. Visa
Remover.
De manera sorpresiva aunque previsible, el libro del presidente emérito López Obrador marcó
la nueva línea estratégica del Gobierno mexicano hacia Estados Unidos al colocarle una diana
política nada menos que al embajador estadounidense en México, Ronald Johnson, quien
nunca ha ocultado su biografía geopolítica: boina verde, agente operativo de la CIA y experto
en relaciones estratégicas de estabilización/desestabilización.
Por eso sorprendió también que la presidenta Sheinbaum Pardo hubiera recogido el guante de
López Obrador para romper lanzas contra el embajador Johnson por el caso confuso –para
Palacio Nacional, porque la Cancillería mexicana siempre lo tuvo muy claro, aunque habrá que
acreditarle el tropiezo interpretativo a la falta de experiencia diplomática del nuevo secretario
de Relaciones Exteriores, cuyo ascenso, de manera paradójica, pasó de encargados de
asuntos de América del norte a titular de la cancillería dicen que por buenas relaciones
sociales con la embajada.
El nuevo escenario de confrontación de México contra la Casa Blanca apareció de manera
abrupta en las últimas horas en el discurso presidencial de la presidenta Sheinbaum Pardo,
sobre todo porque se consolidan las percepciones de que la negociación real del Tratado de
Comercio Libre está siendo un fracaso, aunque con la aclaración de que los resultados muy
limitados no son culpa del secretario mexicano de Economía, Marcelo Ebrard Casaubon, sino
de la falta de una estrategia real de política industrial y agropecuaria para conseguir mejores
ventajas en las exportaciones hacia Estados Unidos.
Habrá que incluir como variable el resultado inesperado en las elecciones de la primera vuelta
en Brasil, donde las encuestas habían señalado una victoria apretada del candidato populista
Lula da Silva, pero con un resultado negativo que le cambió el panorama de negociaciones
políticas a México, le planteó un desafío a la política exterior de la presidenta Sheinbaum con
miras a la Cumbre Iberoamericana y dejó aislado al gobierno mexicano en una región
latinoamericana que primero había abandonado el entreguismo del presidente Salinas de
Gortari en el Tratado, luego en la falta de visión estratégica el PAN y sobre todo en el enfoque
municipal de la política exterior del primer Gobierno de la 4T.
La sangre fría se convirtió en sangre caliente y por ese solo hecho Estados Unidos se siguió
metiendo hasta el fondo de la política mexicana.





