Asunto Crítico/Luis Alberto Rodríguez Juárez
El deceso de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano conduce, necesariamente, a recuerdos.
A conectar hechos de una larga lucha política y recomposiciones de grupos ocurrida en los
años ochenta y noventa del siglo pasado, no sólo en los espacios del poder del priísmo -donde
surgió la llamada Corriente Unidad Democrática, impulsada por Cuauhtémoc Cárdenas,
Rodolfo González Guevara y Porfirio Muñoz Ledo, sino entre una izquierda de muchos matices,
desde las radicales hasta las moderadas que terminó amalgamada en el Partido Socialista
Unificado de México, antecedente del Partido de la Revolución Democrática.
Cuauhtémoc Cárdenas es símbolo en muchos sentidos: del nacionalismo heredado; de ser
defensor de la democracia; de rebelarse al interior del Partido Revolucionario Institucional por
las prácticas absolutistas (que han re germinado en estos tiempos) y, sobre todo, de ser el gran
agraviado de un resultado electoral en 1988 que dejó muchas dudas.
Dudas e incertidumbres que -cosas de la vida- marcaron la falta de credibilidad en el sistema
electoral mexicano y fueron la simiente para que en la administración de Carlos Salinas de
Gortari se creara el Instituto Federal Electoral que, luego en 1994, incorporó a consejeros
ciudadanos y en 1996 obtuviera su autonomía plena del Poder Ejecutivo Federal, bajo el
mandato de Ernesto Zedillo Ponce de León.
Cárdenas Solorzano, símbolo de congruencia. Cero escándalo. Claridad. Distancia, dentro de
las diferencias, con Andrés Manuel López Obrador.
Cárdenas, ex gobernador de Michoacán. El hijo del Tata Cárdenas.
Cárdenas, el político que aparece frente a las rejas del Secretaría de Gobernación en Bucareli,
en una fotografía icónica del periódico LaJornada (de 1988) junto al ex candidato presidencial
panista Manuel J. Clouthier; a la ex candidata del Partido del Trabajo, Rosario Ibarra de Piedra,
Diego Fernández de Cevallos y Porfirio Muñoz Ledo.
Todos agraviados por un dudoso resultado electoral que se ensombreció más -cosas de la vida-
por la “caída del sistema” declarado por Manuel Barttlet Díaz, uno de los más cercanos a
Andrés Manuel López Obrador.
Cárdenas, el de las grandes movilizaciones -de miles y miles que se perdían en el horizonte-
sobre Paseo de la Reforma para protestar por el fraude electoral -al igual que las enormes
marchas en esa misma avenida que encabezó Manuel J. Clouthier.
Fue un tiempo de alta movilidad y lucha política, no por la imposición de un modelo de
gobierno, sino por la apertura democrática.
¿Influyó la negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, al punto
de que se habló de la llamada cláusula democrática? Siempre fue negado.
Lo cierto es que México experimentó uno de los procesos más importantes que venía de tiempo
atrás.
En el PRI, la Corriente Unidad Democrática de Cárdenas Solorzano, Guevara y Muñoz Ledo se
transformó en el Frente Democrático Nacional, una amalgama de partidos -incluyendo los
satélites del priísimo (PPS y PARM) y organizaciones sociales, campesinas y populares de todo
tipo, incluyendo de izquierda.
En la izquierda, el Partido Comunista Mexicano, el Movimiento de Acción Popular, el Partido
Revolucionario de los Trabajadores y el Partido Mexicano de los Trabajadores se fusionaron
para dar vida al Partido Socialista Unificado de México (PSUM), que se integró a la vía política
por la lucha democrática y el acceso al poder, por encima de las vías armadas o la rebelión
social.
Cuauhtémoc Cárdenas es símbolo. Es icono de un enorme proceso de negociaciones políticas,
de ceder, de aceptar, de avanzar. De llegar a ser el primer Jefe de Gobierno en la hoy Ciudad
de México, antes Distrito Federal.
De contribuir con miles de mexicanos a dar vida a la democracia, no sólo en el discurso, sino a
través de su institucionalización, mediante la creación del Instituto Federal Electoral.
Cosas de la vida. Cárdenas como uno de los pivotes de un instituto electoral que hoy está
manchado en su credibilidad.
Cosas de la vida. Cárdenas como emblema de un movimiento político y social para hacer frente
al absolutismo -incluso al interior del priísmo- y abrir espacios democráticos, no sólo de acceso
al poder, sino de dirimir las controversias por la vía institucional.
México ha vivido varias transiciones democráticas, calificadas por el INE. La duda sobre los
resultados persistió.
El absolutismo ensombrece hoy el panorama político nacional. Así funcionan las hegemonías.
Cárdenas las combatió.
No es el modelo político de redistribución de la riqueza. Son las formas, las prácticas y las
conductas.
“El poder atonta a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos”, diría Andrés Manuel López
Obrador.
Y el poder absoluto, corrompe más.





