Golpe a golpe/Juan Sánchez Mendoza
Los favores nunca son gratuitos. Y las lealtades suelen tener
fecha de caducidad . Por eso, en política, quienes aceptan
convertirse en instrumentos de confrontación terminan
descubriendo, demasiado tarde, que el poder no tiene amigos
permanentes, sino intereses que cambian conforme soplan los
vientos.
Guadalupe Taddei Zavala, hoy ex consejera presidenta del
Instituto Nacional Electoral (INE), en la víspera renunció ante la
Cámara de Diputados.
Su salida ocurre en medio de señalamientos sobre presuntas
irregularidades en contrataciones, posibles conflictos de interés
y una investigación de la Auditoría Superior de la Federación
(ASF).
Una crisis que coloca bajo escrutinio no solamente su gestión,
sino también la credibilidad de una institución fundamental para
la democracia mexicana.
La pregunta es inevitable: ¿cómo llegó hasta aquí quien
encabezaba el organismo encargado de garantizar la certeza y
la legalidad de las elecciones?
La llegada de Taddei a la presidencia del INE, en abril de 2023,
ocurrió durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador,
después de un proceso de selección que culminó mediante
insaculación en la Cámara de Diputados.
Su nombramiento se produjo en un contexto de confrontación
permanente entre el entonces presidente de la República y la
autoridad electoral, encabezada por Lorenzo Córdova.
López Obrador convirtió sus diferencias con el entonces titular
del organismo en uno de los frentes recurrentes de su discurso
político, cuestionando sus decisiones, sus costos y su
actuación.
Con la llegada de Taddei cambió el tono de la relación entre el
Ejecutivo y el INE. Las diferencias con el gobierno anterior
dejaron paso a una conducción menos confrontativa,
circunstancia que alimentó las sospechas de la oposición sobre
la autonomía efectiva del organismo.
¿Fue suficiente ese cambio para demostrar subordinación
política? No. Pero sí abrió un debate legítimo sobre la
independencia de quien debía arbitrar las elecciones sin
responder a intereses partidistas.
Porque una cosa es mantener una relación institucional con el
gobierno y otra muy distinta permitir que la percepción de
cercanía política termine convirtiéndose en una sombra sobre la
imparcialidad electoral.
El INE no pertenece al presidente en turno, ni a Morena, ni a la
oposición. Pertenece a los ciudadanos, incluidos aquellos que
votan por opciones distintas a las del partido gobernante.
La renuncia de Taddei llega precisamente en una coyuntura
que exige explicaciones.
La ASF informó que investigará posibles irregularidades en
contrataciones y eventuales conflictos de interés relacionados
con el uso de recursos públicos. Taddei, por su parte, sostiene
que los señalamientos deben verificarse y que las
responsabilidades correspondientes tienen que esclarecerse
conforme a derecho.
Es indispensable distinguir entre sospechas y
responsabilidades acreditadas. Una investigación no equivale a
una sentencia, y la renuncia tampoco demuestra por sí misma
que se haya cometido un delito.
Pero esa precisión jurídica no elimina la responsabilidad política
de explicar lo ocurrido. Quien encabeza una institución de la
relevancia del INE debe entender que la confianza pública no
se conserva únicamente mediante comunicados, sino a través
de transparencia, controles efectivos y rendición de cuentas.
La salida de Taddei tampoco debe convertirse en una cortina de
humo que permita cerrar el expediente político y administrativo
de su gestión.
El proceso electoral federal de 2026-2027 comenzó el pasado
10 de septiembre. Es decir, el país se encuentra en una etapa
que demanda certidumbre, profesionalismo y confianza en la
autoridad responsable de organizar los comicios.
Por ello, la prioridad no debe ser encontrar rápidamente a una
figura que satisfaga las expectativas de un grupo político, sino
garantizar que la sustitución se realice conforme a las reglas
legales, con transparencia y sin presiones partidistas.
También corresponde esclarecer los contratos cuestionados,
identificar posibles responsabilidades y determinar si existieron
beneficios indebidos. Si no hubo irregularidades, las
investigaciones deberán demostrarlo; si las hubo, tendrán que
aplicarse las sanciones correspondientes.
La frase popular sigue teniendo vigencia: los carniceros de hoy
serán las reses de mañana. Quienes ayer participaron en la
confrontación política pueden convertirse después en
protagonistas de sus propias crisis, especialmente cuando la
confianza pública se deteriora y las explicaciones dejan de ser
suficientes.
Sin embargo, el desenlace de Taddei no debe celebrarse como
una victoria de un bando ni utilizarse como prueba anticipada
de culpabilidad. Debe entenderse como una advertencia sobre
los riesgos de confundir la cercanía con el gobierno con una
garantía de protección permanente.
Y si algo debe quedar claro después de esta renuncia es que el
INE no puede ser rehén de los intereses de quienes llegan al
poder ni escudo de quienes pretenden conservarlo. La
institución está por encima de sus titulares, y la democracia
mexicana merece algo más que lealtades circunstanciales,
explicaciones tardías y relevos en medio de la tormenta.
Correo: jusam_gg@hotmail.com





