Angelica González / finanzas familiares
Durante 2025, un hogar mexicano registró un gasto corriente promedio de 24,801 pesos mensuales, de los cuales 19,310 pesos correspondieron a gasto monetario, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Gasto (ENG) que publica el Inegi. Pero, lo realmente interesante aparece cuando se identifica en qué se gasta ese presupuesto, por ejemplo: 34.9 por ciento del gasto monetario se destinó a alimentos, bebidas y tabaco y otro 20 por ciento a transporte y comunicaciones. Es decir, más de la mitad del gasto monetario se concentra solamente en esos dos grandes rubros.
Estos datos permiten que se aborde algo que pocas veces se puede hablar, la estructura del presupuesto familiar y la rigidez del gasto. Desde la teoría económica es posible abordar dicho tema mediante la restricción presupuestaria, que explica que las familias tienen recursos limitados y deben distribuirlos entre necesidades que compiten entre sí. Pero no todos los gastos tienen la misma flexibilidad, se puede posponer ropa, entretenimiento o determinados bienes duraderos. No obstante, es más difícil dejar de comprar alimentos, transportarnos al trabajo o pagar ciertos servicios.
Con los resultados de la ENG se observa que los hogares gastan de manera diferente según el lugar donde vivimos, por ejemplo, en zonas rurales se destina 40.3 por ciento al gasto de alimentos, mientras que en zonas urbanas el porcentaje es solo de 33.9 por ciento. Y, esta segmentación se puede explicar mediante la Ley de Engel, que menciona que conforme aumenta el ingreso de una familia, normalmente disminuye la proporción de su presupuesto destinada a alimentos, aunque el gasto absoluto puede aumentar.
Por eso destinar una proporción elevada del presupuesto a necesidades básicas deja menos margen para ahorro, educación, recreación, inversión o emergencias. La ENG muestra que los hogares realizaron en promedio 4,107 pesos mensuales en erogaciones financieras y de capital; dentro de ellas, 1,660 pesos correspondieron a depósitos en cuentas de ahorro, tandas y cajas de ahorro, mientras que 1,075 pesos se destinaron al pago de tarjetas de crédito.
Ahora bien, la pregunta central con estos datos es: ¿cuánto de nuestro ingreso podemos decidir cómo gastar? Porque una cosa es elaborar un presupuesto sobre papel y otra muy diferente es hacerlo cuando gran parte del ingreso ya está comprometido en alimentación, transporte, vivienda, servicios y obligaciones financieras.
En este sentido, también es importante distinguir entre aquellos gastos sobre los cuales las familias tienen cierto margen de decisión y aquellos que difícilmente pueden evitarse. Cuando una proporción importante del presupuesto se concentra el ingreso disponible para tomar otras decisiones se reduce.
Esto implica que un incremento en alguno de estos gastos puede obligar a realizar ajustes en otras categorías, posponer compras, reducir el ahorro o incluso recurrir al crédito. Así el problema de las finanzas familiares no siempre consiste en gastar demasiado, sino en contar con poco margen para modificar la estructura del gasto.
Finalmente, hablar de un “hogar promedio” tampoco significa que todas las familias enfrenten la misma realidad. Mientras el gasto monetario mensual alcanzó 28,188 pesos en Ciudad de México, en Chiapas fue de 12,734 pesos. Incluso la proporción destinada a alimentos fue distinta: 31.2 frente a 40 por ciento, respectivamente.
Estas diferencias muestran que analizar las finanzas familiares requiere observar no solamente cuánto gastamos, sino también qué proporción de nuestros recursos necesitamos para cubrir lo indispensable.
Por ello, elaborar un presupuesto sigue siendo una herramienta necesaria, pero no siempre suficiente; así que, identificar cuánto del ingreso está comprometido en necesidades básicas, cuánto a obligaciones previamente adquiridas y cuánto permanece disponible permite conocer el verdadero margen financiero del hogar. Después de todo, no solamente debemos preguntarnos en qué se nos va el dinero, sino ¿cuánto de ese dinero realmente podemos decidir cómo gastar?





