Códigos de poder/David Vallejo.
Las protestas en Francia y Guadalajara me llamaron la atención y me hicieron pensar qué las
motiva y qué papel tienen los jóvenes en ellas. El caso francés merece detenerse, porque una
movilización por mejores condiciones para estudiar terminó reuniendo reclamos sobre salarios,
servicios públicos y costo de vida.
Desde septiembre, alumnos de secundaria franceses protestan por falta de profesores, aulas
saturadas y deterioro de sus escuelas. Piden los medios para prepararse en una sociedad que
les exige formación para conseguir empleo. La contradicción está en pedirles que construyan
su futuro mientras se debilitan las herramientas que necesitan para hacerlo.
El 17 de octubre, las demandas estudiantiles confluyeron con las de trabajadores, agricultores y
otros sectores afectados por los combustibles y la pérdida de poder adquisitivo. Esa
convergencia explica parte de la dimensión del conflicto. El estudiante que reclama un profesor
y la familia que enfrenta gastos crecientes tienen problemas distintos, pero pueden coincidir en
el rechazo a las decisiones de un mismo gobierno.
El Ejecutivo francés enfrenta una deuda elevada y presiones para ajustar las cuentas públicas.
Administrar esa restricción exige decidir quién asume los sacrificios y qué servicios se
protegen. Para quienes estudian, una reducción de recursos educativos puede significar menos
oportunidades antes de incorporarse al mercado laboral. La discusión presupuestaria también
es una disputa sobre cómo se distribuyen los costos entre generaciones.
A las demandas se añadieron denuncias de uso excesivo de la fuerza y lesiones a menores.
Los incendios, saqueos y ataques registrados durante las protestas requieren investigación y
sanciones, igual que los abusos policiales. Distinguir a quienes se manifiestan pacíficamente de
quienes cometen delitos resulta indispensable para proteger derechos y evitar que la violencia
termine desplazando las razones del reclamo.
La respuesta del poder influye en el rumbo de una movilización. Una negociación puede
concentrarla en soluciones concretas, mientras una actuación abusiva puede sumar
participantes y convertir la exigencia de profesores en una protesta contra el gobierno. Cuando
el conflicto cambia de escala, atender la demanda inicial deja de ser suficiente para resolver
todos los agravios acumulados.
Las redes sociales aceleran ese proceso al conectar experiencias, difundir denuncias y facilitar
convocatorias. También permiten que rumores e imágenes descontextualizadas circulen antes
de ser verificados. Organizar una marcha exige cada vez menos intermediarios, aunque
construir acuerdos y sostenerlos requiere representación, negociación y trabajo después de
que disminuye la atención digital.
Kenia, Nepal y Marruecos ofrecen antecedentes con causas distintas. En Kenia, las protestas
juveniles consiguieron frenar aumentos tributarios en 2024. En Nepal, la movilización contra la
corrupción, agravada por el bloqueo de redes y la respuesta policial, precipitó en 2025 la
dimisión del primer ministro. En Marruecos, jóvenes exigieron mejores servicios de salud y
educación.
Guadalajara acerca la reflexión a México. El 11 de octubre, miles de personas marcharon para
exigir agua limpia, y después surgieron denuncias de agresiones y detenciones. Fue una
movilización de distintas edades, cuya composición impide atribuirla exclusivamente a los
jóvenes. El reclamo muestra que una necesidad cotidiana puede reunir a ciudadanos con
experiencias e intereses diferentes.
La situación laboral permite examinar un problema específicamente juvenil. En el primer
trimestre de 2025, México tenía 30.4 millones de personas de entre 15 y 29 años, y la
informalidad alcanzaba al 58.8% de quienes trabajaban. Casi seis de cada diez jóvenes
ocupados estaban en esa condición. Tener una actividad remunerada y contar con protección
laboral son realidades que conviene distinguir al evaluar sus oportunidades.
El encabronamiento puede crecer cuando estudiar y trabajar resultan insuficientes para
independizarse, cuando los privilegios pesan más que el mérito o cuando reclamar carece de
respuesta. Las cifras de empleo y crecimiento necesitan acompañarse de una evaluación sobre
las posibilidades de ahorrar, acceder a una vivienda y avanzar a través del trabajo.
Una generación puede soportar muchas dificultades mientras conserve la esperanza. Lo que
resulta mucho más difícil es pedirle paciencia cuando siente que le están quitando el futuro.
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