En visto | Dora de la Cruz
En cada malestar social que sale a las calles, para demandar respuesta de las
autoridades, aparecen los líderes del Partido Acción Nacional, para llevar agua a su
molino, como se dice popularmente, y a presentarse como los salvadores de las
causas ciudadanas, cuando la verdadera intención es sacar provecho del
descontento de algunos sectores.
El oportunismo de la cúpula del PAN no es nuevo, como tampoco lo es la falta de
empatía e interés por las clases populares; desde la concepción, quienes fundaron y
financiaron su creación, pertenecían a la élite de la academia, los empresarios y
concentradores de la propiedad rural y urbana, vaya, la clase influyente que tenía
dinero, pero querían tener el poder político.
El panismo llegó al poder con las primeras diputaciones federales y conquistó su
primera gubernatura en Baja California, en 1989, con Ernesto Ruffo Appel,
exgobernador vinculado al huachicol, por lo que estuvo detenido este año.
Después llegó a la Presidencia de la República con Vicente Fox, un alto ejecutivo de
una empresa refresquera. Su sexenio estuvo marcado por señalamientos de
nepotismo, corrupción e impunidad, así como por la intromisión de su esposa,
Martha Sahagún, quien presuntamente tomaba decisiones como si formara parte del
gabinete presidencial, con un peso político sin precedente entre las esposas de los
mandatarios anteriores.
Durante su administración también hubo señalamientos sobre concesiones para
casinos y participación en obra pública que involucraban a sus hijos. En materia
social, aunque impulsó el Seguro Popular, que durante un tiempo contribuyó a
mantener el abasto de medicamentos en hospitales públicos, las grandes deudas
sociales del país siguieron vigentes.
Felipe Calderon sucedió a Vicente Fox, como parte de la alternancia del PAN, sin
embargo, les duró poco su paso por la presidencia de la República; concluyó este
gobierno en una grave crisis de inseguridad y con el regreso del PRI al poder.
Este contexto tiene que ver con lo que es y lo que quiere el Partido Acción Nacional
para México; sus gobiernos están marcados por una serie de irregularidades, y actos
de corrupción; en Tamaulipas se repitió el perfil emblemático de los gobiernos
emanados de ese partido: corrupción e impunidad.
El PAN tuvo la oportunidad de representar un contrapeso en la democracia de
México, pero sus políticos, en la cúpula, a lo que iban era en busca del presupuesto,
de los negocios, contratos, diezmos y lograr abultados patrimonios familiares, para
más de tres generaciones.
Hoy la dirigencias del PAN, busca por todas las formas conquistar al electorado,
pretendiendo arrebatar movimientos sociales, como son las manifestación
auténticas de los trabajadores y trabajadoras del IMSS.
Las protestas en el IMSS tienen once días y apenas ayer se les ocurrió acudir a la
movilización, aprovechando que en México hay un proceso electoral. Sin embargo,
su intención se vino abajo cuando las y los trabajadores no permitieron la intromisión
del dirigente nacional, Jorge Romero y su séquito, que salieron corriendo del lugar.
Sacar tajada hasta de las desgracias que pasan en México es su especialidad, pero
esta vez, los manifestantes del IMSS en la Ciudad de México los echaron, cuando
llegaron a la protesta intentando arrebatar el movimiento.
De oportunistas y rateros no bajaron al grupo encabezado por líder nacional del
PAN, Jorge Romero y sus acompañantes, esta vez no sorprendieron a nadie, y
salieron huyendo repudiados por los manifestantes.
Así es como quieren llevarse el “carro completo”, en el proceso electoral de
Tamaulipas, con ese gandallismo; el PAN, parece que no tiene regreso al poder, a
menos que el partido Morena, la actual primera fuerza política en México, caiga en
los mismos vicios que los anteriores partidos que gobernaron el país.
Todos los partidos políticos son iguales, es lo que la ciudadanía comenta, pero hay
unos peores, ¡Fuera el PAN!, fue el reclamo de los manifestantes del Seguro Social.





