Por Antonio H. Mandujano
La Razón
Durante décadas, Tamaulipas ha crecido en vehículos, industria, carreteras, refinerías y actividad petroquímica.
Sin embargo, la capacidad para saber qué tan limpio o contaminado está el aire no creció al mismo ritmo, y es que el deterioro de la calidad del aire se ha hecho más evidente con el crecimiento de las ciudades y de las actividades industriales y de transporte.
Basta un dato para dimensionarlo: en 1980 había alrededor de 246 mil vehículos registrados en Tamaulipas; para 2024, la cifra llegó a 1 millón 935 mil 842, de acuerdo con INEGI.
A esto se suma la actividad industrial y energética del sur, principalmente en Tampico, Ciudad Madero y Altamira, mientras que en la frontera el movimiento de vehículos particulares y de carga ha aumentado de manera importante.
Pero hay una segunda parte del problema: durante años, Tamaulipas tuvo más fuentes de contaminación que capacidad para medirlas de manera constante.
El ProAire Tamaulipas 2018-2027 (estudio técnico publicado por el pasado gobierno estatal) ya identificaba emisiones provenientes de vehículos, industrias, actividades agrícolas, caminos y otras fuentes.
El programa también planteó la necesidad de fortalecer la vigilancia de la calidad del aire; sin embargo, la red estatal de monitoreo llegó a los años recientes con sus estaciones fuera de operación.
Esto dejó periodos importantes sin información oficial continua para saber cómo se comportaban contaminantes como las partículas PM10 y PM2.5, el ozono, el dióxido de azufre, el dióxido de nitrógeno y el monóxido de carbono.
Por eso, hoy no existe un solo número que permita decir qué tan contaminado está todo Tamaulipas.
El polvo también contamina
Entre los contaminantes que más preocupan están las llamadas PM10 y PM2.5, que no son otra cosa que partículas muy pequeñas que quedan suspendidas en el aire.
Las PM10 pueden estar formadas por polvo, tierra, humo y otros materiales, y entrar al sistema respiratorio. Las PM2.5 son todavía más pequeñas y pueden llegar más profundo en los pulmones.
Pueden generarse por vehículos e industrias, pero también por algo tan común como el polvo de calles y caminos, actividades agrícolas y la quema de combustibles.
El inventario estatal con año base 2014 encontró que la labranza agrícola representaba 60 por ciento de las emisiones de PM10 y 31 por ciento de PM2.5.
Ese dato no significa que actualmente 60 por ciento de todo el PM10 que respiran los tamaulipecos provenga del campo, sino que se trata de un inventario de emisiones elaborado con información de aquel año y sirve para identificar las principales fuentes.
Lo que sí deja claro es que la contaminación por partículas no viene únicamente de las fábricas o de los vehículos.
Dos zonas bajo mayor presión
Los estudios disponibles muestran dos grandes zonas donde se concentra buena parte de las fuentes de contaminación.
En el norte, ciudades como Reynosa y Matamoros enfrentan una combinación de tráfico, transporte de carga, actividad industrial y crecimiento urbano.
En el sur, el escenario es diferente. Tampico, Madero y Altamira concentran refinería, industria petroquímica, actividad portuaria y un importante movimiento vehicular.
El inventario utilizado por el Gobierno estatal identifica a Reynosa como el principal municipio emisor de varios contaminantes, entre ellos PM10, PM2.5, óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono y compuestos orgánicos volátiles.
En dióxido de azufre, el mismo documento ubica a Ciudad Madero con 21 por ciento de las emisiones, Victoria con 19 por ciento, Altamira con 17 por ciento y Tampico con 14 por ciento.
Son cifras de inventarios construidos con información de años anteriores y sirven para conocer las principales fuentes, pero no deben confundirse con una medición actual de la calidad del aire.
Durante años, medir fue el problema
El ProAire documentó que la Red Estatal de Monitoreo Atmosférico llegó a contar con 19 estaciones manuales para PM10, distribuidas en municipios como Nuevo Laredo, Reynosa, Victoria, Matamoros, El Mante, Altamira, Madero y Tampico.
El problema fue que varias dejaron de operar o generaban poca información.
Para 2025, SEDUMA reconoció que las 19 estaciones estatales ya no estaban funcionando, situación que complicó conocer de manera continua las condiciones del aire en el estado.
Ante ese vacío, comenzaron a tomar mayor relevancia mediciones privadas y académicas.
En 2025, por ejemplo, Plume Labs difundió registros que colocaban a Reynosa en 99 puntos AQI y Matamoros en 91, mientras Camargo registraba 81 y Río Bravo 78.
Estos datos deben tomarse con cuidado, pues en la escala AQI utilizada por Estados Unidos, 99 y 91 todavía corresponden a la categoría moderada.
Además, una medición privada o estimada no es equivalente a un dato oficial validado por SINAICA.
La plataforma IQAir también ofrece estimaciones para municipios donde no existe una estación oficial, utilizando modelos que pueden apoyarse en información satelital.
La ciencia comenzó a llenar el vacío
En el sur también surgieron esfuerzos académicos para conocer lo que ocurre con el aire.
La red MoCaALTAMA instaló cuatro estaciones en la zona de Tampico, Madero y Altamira, tomando en cuenta la dirección de los vientos y la cercanía con fuentes como la Refinería Francisco I. Madero, el corredor industrial, el aeropuerto de Tampico y el Puente Tampico.
Un estudio publicado en 2026 reunió información obtenida entre octubre de 2023 y junio de 2025 sobre PM2.5, PM10, dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre y ozono.
Estos datos permiten tener una fotografía más reciente del comportamiento de los contaminantes en una de las zonas industriales más importantes de Tamaulipas.
Ahora sí comienza a cambiar el monitoreo
El panorama empezó a modificarse durante 2025 y 2026, cuando el secretario de Medio Ambiente, Karl Heinz Becker Hernández, informó que Tamaulipas trabaja en un nuevo inventario de gases y contaminantes y en la calibración de equipos capaces de medir PM10, PM2.5, ozono, dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno y monóxido de carbono.
La nueva estrategia contempla una red que tome en cuenta cómo se mueve el aire en cada región, para ubicar mejor las zonas donde pueden concentrarse los contaminantes.
En julio de 2026 fueron reportadas 20 estaciones climatológicas automáticas, con una inversión superior a 12.8 millones de pesos, de las cuales ocho tienen capacidad para monitorear la calidad del aire, además de registrar temperatura, lluvia, viento, humedad y radiación solar.
Para septiembre, SEDUMA reportó 22 estaciones de monitoreo, además de equipos instalados por algunos municipios.
Tampico, por separado, instaló seis estaciones municipales en distintos puntos de la ciudad.
El objetivo es contar finalmente con información continua que permita saber no solamente qué contaminantes existen, sino en qué cantidad, dónde se concentran y cómo cambian durante el día y con las condiciones del clima.
El transporte también entra en la revisión
El crecimiento vehicular es otro de los puntos que preocupa.
El Gobierno estatal mantiene las revistas documentales y mecánicas para el transporte público, con revisiones de las condiciones físicas, mecánicas y de seguridad de las unidades.
En 2026 se programaron revisiones para el transporte público de Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, Victoria, la zona Tampico-Madero-Altamira y Ciudad Mante.
En Ciudad Victoria también comenzó un proyecto de transporte con seis autobuses híbridos, con una inversión inicial de 23 millones de pesos, proyecto titulado como Conecta.
En el sur avanza, además, el proyecto del BRT metropolitano, que contempla un corredor de aproximadamente 30 kilómetros y 120 unidades para mejorar el transporte entre Tampico, Madero y Altamira.
El ProAire contempla también medidas como verificación vehicular, planes de movilidad urbana sustentable y mejoras al transporte público.
Y hasta ahora, Tamaulipas no cuenta con un programa estatal generalizado de verificación vehicular como el que existe en otras entidades.
¿Cuánto dinero se está destinando?
No existe un solo presupuesto identificado exclusivamente como “calidad del aire”, pues los recursos están repartidos entre monitoreo, transporte, infraestructura y otros programas ambientales.
Uno de los principales instrumentos es el impuesto verde, aplicado a las emisiones de gases de efecto invernadero de grandes fuentes fijas.
La recaudación fue de alrededor de 51 millones de pesos en 2024 y de aproximadamente 101 millones en 2025.
Para 2026 se estimaron poco más de 111 millones de pesos.
Parte de esos recursos se ha utilizado en proyectos ambientales y de movilidad, entre ellos terrenos relacionados con el BRT del sur.
A esto se suman los 12.8 millones de pesos destinados a las nuevas estaciones climatológicas, ocho de ellas con capacidad para medir la calidad del aire, y los recursos destinados a la modernización del transporte.
Un problema que todavía se está midiendo
El último informe nacional consolidado de calidad del aire disponible en SINAICA corresponde a 2023 y, actualmente, no existe todavía un informe nacional consolidado de 2024, 2025 o 2026.
Esto significa que Tamaulipas no puede colocarse simplemente en un “ranking nacional” para decir que es el estado más o menos contaminado del país.





