Una vez mas/ Jorge Reyes Cruz
Ayer como cada febrero ocurre lo mismo: pantallas gigantes, promociones relámpago, alitas,
cerveza, jerseys y reuniones improvisadas. El Super Bowl se juega a miles de kilómetros de
México, pero su impacto económico cruza fronteras con una fuerza que pocas marcas o
eventos logran.
Y aunque solemos pensar en este fenómeno como algo exclusivo de grandes marcas
cerveceras, cadenas de comida rápida o empresas multinacionales, la realidad es otra: el
Super Bowl también es una oportunidad concreta para las mipymes mexicanas, siempre que
sepan leer el momento y actuar con estrategia.
El Super Bowl dejó de ser solo un partido. Hoy es un detonador cultural y comercial. Durante
ese fin de semana se incrementa el consumo de alimentos preparados, bebidas, electrónicos,
servicios de entretenimiento, logística, delivery y experiencias sociales. Todo eso genera una
derrama que no se queda únicamente en las grandes empresas.
En México, miles de pequeños negocios viven ese pico de demanda: restaurantes locales, dark
kitchens, carnicerías, tiendas de conveniencia independientes, bares, salones de eventos,
proveedores de renta de pantallas y sonido, incluso diseñadores y vendedores de
merchandising no oficial.
La diferencia entre aprovecharlo o solo observarlo está en una palabra: planeación.
Uno de los errores más comunes de las mipymes es creer que estos eventos “no son para
ellas” porque no pueden competir en presupuesto publicitario. Pero el Super Bowl no se gana
con pauta masiva, se gana con contexto y timing.
Una mipyme no necesita hablar del partido; necesita entender qué va a pasar alrededor del
partido:m como Reuniones en casas, , Pedidos de último momento, Compras impulsivas, Falta
de tiempo para cocinar y Búsqueda de experiencias fáciles y compartidas
Ahí es donde un negocio pequeño puede ser más ágil que una gran marca.
Las mipymes que mejor capitalizan este tipo de eventos no son las que hacen el anuncio más
ingenioso, sino las que resuelven un problema real en el momento exacto. Combos claros,
horarios extendidos, mensajes simples, logística bien pensada y una comunicación directa.
No se trata de “subirse al trend”, sino de responder preguntas muy concretas del consumido
como ¿Qué compro? ¿Dónde? ¿A qué hora? ¿Me llega a tiempo?
¿Vale lo que cuesta?
En estos momentos, el marketing deja de ser aspiracional y se vuelve operativo, y eso favorece
a los negocios pequeños que conocen a su cliente y pueden reaccionar rápido.
Para muchas mipymes, el Super Bowl representa algo más importante que visibilidad: liquidez
inmediata. Ventas concentradas en pocos días, rotación rápida de inventario y entradas de
efectivo que ayudan a equilibrar meses más lentos.
Pero esto solo ocurre cuando el negocio entiende que no está vendiendo un producto, sino una
solución para una ocasión específica. Quien sigue vendiendo “lo de siempre” pierde la
oportunidad; quien adapta su oferta al contexto la multiplica.
El mayor aprendizaje que deja el Super Bowl para las mipymes mexicanas no es publicitario, es
estratégico. Nos recuerda que los eventos masivos generan micro–oportunidades locales todos
los días, no solo en febrero.
El Super Bowl no se juega en México, pero cada año demuestra que la economía no entiende
de fronteras cuando el consumo está bien activado. Para las mipymes, no es un espectáculo
lejano, es un recordatorio poderoso: los grandes eventos también pueden ser grandes
oportunidades, si se piensan con cabeza comercial y no solo con emoción.
Porque al final, mientras unos ven el partido, otros están cerrando caja.





