Polvo del Camino/ Max Ávila
Publicaciones como “NI Venganza ni Perdón”, libro donde aparece Julio Scherer Ibarra coautor,
siempre llaman a la sospecha. Recordéis que dicha personita fue literalmente expulsada del
gabinete de AMLO donde desempeñaba el cargo de Consejero Jurídico, acusado de tráfico de
influencias y extorsión. ¿Por qué hasta ahora presenta denuncias sobre supuesta inmoralidad
de personajes cercanos al ex Presidente y no en el tiempo adecuado?. Y lo peor, sin evidencias
que certifiquen sus palabras.
Ataca especialmente a Jesús Ramírez Cuevas el ex vocero de Palacio Nacional, Jefe de
asesores del actual régimen, acusándolo, entre otras falacias, de utilizar recursos públicos en el
objetivo de convertir a Clara Brugada en Jefa de Gobierno de la CDMX, contra el interés de
Doña Claudia de que fuera Omar García Harfuch este último quien encabezaba las encuestas
para obtener la candidatura al señalado puesto, y que sorpresivamente se retiró de la
contienda.
El ofendido responde en extenso comunicado Al pueblo de México, señalando que las
afirmaciones de Scherer son calumnias e infamias y si acaso existen pruebas, las presente
ante la autoridad correspondiente, lo cual no ocurrirá dado que la intención es golpear a la 4T
regalando argumentos a la minoría rapaz que, con singular alegría, y aprovechando los medios
a su disposición y “analistas” bajo consigna, utilizan los espacios conocidos en tal tarea. Incluso
integrantes del PRIAN en el Congreso de la Unión, hasta exigen la comparecencia de Ramírez
Cuevas. ¡Haga usted el recabrón favor!, como si no hubiera cosas más importantes que
atender.
La aparición de “Ni Venganza ni Perdón” no va más allá de un escándalo propio del morbo y el
amarillismo en sectores que sueñan con el retorno del neoliberalismo de triste y desgraciada
memoria para la mayoría mexica, por lo tanto, no merece mayor interés que comprobar que
Scherer Ibarra está enfermo de odio y que proyectándose aporta alta dosis de revanchismo
imposible de ocultar. Además, lo escribió con Jorge Fernández Menéndez, (empleado de
Ricardo Salinas Pliego), especialista en asuntos policiacos afecto a magnificar sus programas
televisivos para atraer audiencia.
Además del caso Brugada-García Harfuch, hay otros temas donde incluyen a Ramírez Cuevas
como si hubiera sido el gran mago que hizo posible el triunfo de Morena en la mayor parte de la
república mediante presuntas relaciones peligrosas que solo son producto de la fantasía. En
este sentido Scherer menosprecia el poder ciudadano que en históricas batallas derrotó a los
traidores y corruptos del pasado. Y ni modo que sea invento.
Mientras tanto acá en Tamaulipas algo debiera hacer la dirigencia morenista (si es que existe),
para contener las ansias futuristas, principalmente de dos damas: la senadora Olga Sosa Ruiz
y Carmen Lilia Canturosas Villarreal, alcaldesa de Nuevo Laredo, quienes adelantando el reloj
político se disputan espacios protagónicos regateando cortesía elemental hacia la actual
administración. (“Sabia virtud de conocer el tiempo”, dijo alguna vez Renato Leduc). Y no es
que les falte derecho a buscar cargos de mayor jerarquía, sino que sus expectativas personales
de alguna forma también alteran la disciplina de la organización lo que lógicamente conduce a
confrontaciones que podrían perjudicar el avance transformador. Hay que conservar las formas
y sobre todo mostrar lealtad a un proyecto que solo pertenece a una ciudadanía a la que no
importan nombres porque persigue ideales a partir de comprobar su capacidad para decidir el
futuro democráticamente y en libertad. ¡Ah, bruto!.
SUCEDE QUE
En Morena deben tener cuidado porque de los confiados se vale el diablo.
Y hasta la próxima.





