INDICADOR POLITICO/Por Carlos Ramírez
1.- Lo evidente: el narcotráfico como crimen organizado y asentado en espacios expropiados a
la soberanía territorial del Estado es el pendiente que tiene que aclarar el Gobierno de la
presidenta Sheinbaum Pardo. Mientras no se finquen responsabilidades a los funcionarios que
permitieron el auge del narcotráfico de 1984 a 2025, no se podrá desmantelar la estructura de
poder político y territorial del crimen organizado.
2.- De muchas maneras y todas ellas institucionales, los presidentes Miguel de la Madrid
Hurtado, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León, Vicente Fox quesada,
Felipe Calderón Hinojosa, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador aparecen con
responsabilidades directas en las facilidades que tuvieron los narcos para convertirse en un
poder real que desafió poder institucional del Estado.
3.- Aunque a muchos no les guste, la decisión de facilitar extradiciones, atender os
secuestros y atacar a los mandos superiores del narco solo fue posible que se tomara en
México por la presión en modo ve necedad invasora del presidente Donald Trump. Sin la
amenaza de invadir con fuerzas militares a México para destruir cárteles, el Mencho seguiría
campante por la calle.
4.- A lo largo de 40 años, los gobiernos federales no han posido ocultar su corresponsabilidad
directa en el auge de los cárteles del crimen organizado. Sin el apoyo del Estado, el gobierno,
los políticos y funcionarios y las sociedades locales no hubiera habido en México una sociedad
delictiva responsable de la ola de sangre social que viene desde 1984.
5.- A la Estrategia Nacional de Seguridad Pública de la presidenta Sheinbaum le hace falta una
ley de seguridad interior que aprobó el presidente Peña Nieto aunque se la tumbó la Suprema
Corte y que prometió formalmente y no cumplió el presidente López Obrador.
6.- También le hace falta a la estrategia actual una política de defensa nacional que regule las
relaciones con la estructura de seguridad nacional geopolítica local con la de Estados Unidos y
evite que falten regulaciones aprovechadas por Washington para meterse en las estructuras
mexicanas de la soberanía de la seguridad interior.
7.- El cambio de paradigma en seguridad no estará completo si la presidenta Sheinbaum no
promueve un gran acuerdo nacional entre todas las fuerzas para replantear la estructura de
seguridad y los marcos referenciales políticos y de Estado. Ello implicaría sentarse a negociar
ese acuerdo político con la oposición y salirse de la herencia nefasta de López Obrador de no
dialogar más que consigo mismo… y a veces ni eso. Todos los presidentes con baja mayoría,
de De la Madrid a Peña Nieto, suscribieron pactos que obligaban a hacer concesiones a las
minorías para favorecer un consenso nacional.
8.- Aunque les cueste mucho trabajo a los gobernantes actuales de Morena, es casi necesidad
indispensable regresar a los 74 compromisos formales y perentorios del presidente Calderón
Hinojosa para reformular con fecha de cumplimiento toda la estructura de seguridad pública-
nacional-interior. El acuerdo del 25 de agosto de 2008 –en el contexto del asesinato de
Fernando Martí– y firmado por gobierno, oposición y sociedad se plantearon las reformas de
toda la estructura de seguridad para pasar de la retórica demagógica a una nueva
reconfiguración del aparato de seguridad y justicia.
9.- La decisión de atacar al cártel del narcotráfico y crimen organizado más estructurado,
poderoso y en modo de Estado alternativo se presenta como un nuevo punto de partida que
requeriría de una nueva estructura de funcionamiento del gabinete de seguridad interior.
10.- Si se lee con sentido estratégico la reacción violenta y rupturista de mandos medios y
bajos del Cártel de las Cuatro Letras, habría que esperar golpes espectaculares de esa
organización delictiva en el ambiente más importante que le espera a México en este año: el
campeonato mundial de fútbol 2026: bloqueo de ataques en ese tiempo deportivo pondrían al
Estado mexicano frente a un conflicto de enormes magnitudes.
11.- El mensaje que dejó claro el cártel del Mencho fue el de poseer armas superiores a la
policía aunque menores al Ejército, estar formado por cuadros criminales sin sensibilidad
humana y sobre todo tener el control político, de gobierno y territorial de zonas regionales de la
soberanía del Estado.
12.- Si no hay una estrategia para desmantelar las estructuras criminales de los carteles más
allá del Chapo, el Mayo y el Mencho, el problema delictivo de narco y de poder criminal
territorial seguirá latente y causando estragos en México. La estrategia no debe ser otra que la
de Trump: “desaparecer a los cárteles de la faz de la tierra”.
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Política para dummies: la política también suele derivar en gobierno criminal.
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