José Luis Rodríguez Castro /Expreso La Razón
El playazo no es como lo pintan: es fiesta, es celebración, es un
motivo para ser feliz el último viernes antes del inicio de
semana santa. En playa Miramar participan todas las
generaciones en un momento único e irrepetible. Ya no es
tradición; es una institución que, año con año, se fortalece y se
niega a quedar en el olvido.
De acuerdo con datos consultados, cerca de 40 mil personas
ingresaron a playa Miramar entre las 3 de la tarde y las 9 de la
noche. Más de 10 mil unidades automotoras se estima que
integraron la jornada.
Los sonidos de banda, electrónica, trap, rock, alternativa, rap,
hip hop y reguetón se mezclan con luces estrambóticas que
acompañan cada paso de los asistentes sobre el bulevar
costero.
Es 2026 y el tiempo parece detenido. Las escenas remiten a los
años noventa, cuando multitudes de jóvenes acudían al bulevar
únicamente a divertirse.
El caos se apodera por momentos y el tránsito se aletarga
hasta casi detenerse.
Al fondo, elementos de seguridad, con torretas encendidas,
patrullan con presencia firme, mientras el armamento apunta
hacia el cielo.
En este 2026, el playazo sigue siendo punto de encuentro.
Coinciden quienes lo mantienen vivo durante los últimos años
y las nuevas generaciones atraídas por su historia.
Noche de fiesta, de diversión. Retro.
Por un momento, una falla eléctrica desata la euforia. Instantes
después, los altoparlantes de autos y camionetas devuelven la
luz y el ritmo a la noche.
La vigilancia no se detiene. Recorridos constantes, torretas
encendidas y miradas atentas refuerzan la sensación de que
todo puede ocurrir.
Pero el playazo es eso y más: una fiesta que ya no pertenece a
una sola generación, sino a todas, donde también se busca
capturar el momento para redes sociales, fotos Ins-ta-gra-me-a-
bles.
Mientras tanto, la generación del Messenger y MySpace y del
Facebook sigue bailando un reguetón viejito o al compás de
música ligera…. ¡El playazo vive!





