Óscar Figueroa
La Razón
Gabriel Alejandro Zapata Enríquez, padre de Dafne, la adolescente que murió en la escuela militarizada Doenitz, rechazó las acusaciones de violación que lo llevaron a prisión.
Aseguró que el señalamiento fue falso y que tuvo como único fin evitar la convivencia con su hija.
Asimismo, sostuvo la existencia de audios, expedientes y antecedentes que deben ser investigados por las autoridades correspondientes.
“Yo estaba peleando legalmente por reconocer y convivir con mi hija. Después apareció esta acusación y terminé en prisión. Yo enfrento un delito que me fue fabricado y Alejandra sabe perfectamente lo que ocurrió”.
Zapata Enríquez recordó la existencia de una sentencia previa al conflicto. Desde 2018 contaba con el reconocimiento legal de la paternidad, el pago de una pensión alimenticia equivalente al 30% de su salario y un régimen de convivencia.
Señala que el 3 de agosto de 2019 Víctor Paz Jiménez, abogado de Alejandra Quintos, acudió a su domicilio en compañía de ella y de la Policía Estatal.
Posterior a dicho hecho, Nora Silvia Enríquez Martínez, madre de Gabriel, denunció a Quintos por el ingreso no autorizado a la propiedad.
La carpeta 32/2021 consigna que Quintos solicitó la suspensión condicional del proceso, pagó la reparación del daño y ofreció una disculpa pública.
Zapata Enríquez enfatiza que en ese mismo inmueble tuvo lugar la presunta fabricación del delito.
Durante el periodo de reclusión, la familia Zapata realizó el pago de 100 mil pesos por concepto de alimentos retroactivos.
Afirmó que tras dicho pago, existieron peticiones directas atribuibles a la madre de la menor: una casa, un automóvil, 550 mil pesos, una plaza docente y una pensión vitalicia.
“Mi familia no accedió a esas exigencias que nosotros consideramos una extorsión y después el Ministerio Público pidió para mí 45 años de prisión. Por eso quiero que se investigue todo y que se escuchen los audios”.
El padre de la adolescente fijó su postura frente a las críticas dirigidas hacia su persona tras la muerte de su hija.
“No tengo la facilidad de llorar frente a una cámara y tres segundos después estar contento. Tampoco necesito dramatizar ni monetizar la muerte de mi hija. Yo sigo viviendo mi duelo y, al mismo tiempo, estoy enfrentando las consecuencias de una denuncia que sostengo fue falsa”.
Zapata Enríquez justificó la declaración pública ante la presencia de amenazas directas e impactos negativos en su entorno laboral y personal.
“Durante años guardé silencio, pero no voy a permitir que una sola versión siga dañando mi nombre y mi trabajo. Si vamos a hablar de lo que ocurrió, hablemos de todo: de la denuncia, de los expedientes, del dinero, de las exigencias y de los audios. Alejandra sabe que esa acusación es falsa. Yo estoy dispuesto a que se investigue todo, porque soy inocente”, concluyó.





