El Resbalón/ Mario Prieto
Durante décadas, ser regidor en la zona sur de Tamps. ha sido un negocio muy jugoso, tan
jugoso que hay quienes se han vuelto los nuevos ricos del pueblo de la noche a la mañana, en
tan solo tres años.
Por eso, en todos los partidos —PAN, PRI, Morena, PT, Verde y Movimiento Ciudadano— se
mueren sus militantes por llegar al cuerpo colegiado para brillar por su ausencia, presumir su
charola por todos lados y cobrar gratis durante tres años. Esta es la sombra que persigue a la
mayoría de los ex y actuales integrantes del Cabildo.
La neta, con ellos o sin ellos, cada una de estas ciudades funciona; es más, me atrevo a decir
que sin ellos funcionan mejor, pues de entrada nos podríamos ahorrar los casi dos millones de
pesos que cuestan mensualmente sus nóminas. Esto, independientemente de que luego
quieren su “moche” en los temas espinosos.
Sale muy caro mantener al Cabildo, pues su sueldo siempre es un secreto. Los alcaldes
siempre esconden todos los privilegios que les dan para tenerlos contentos. Su nómina es un
misterio, pues se dice que ganan entre 70 y 100 mil pesos en la zona sur, aunque este tema es
intocable.
Imagínese cuántos baches y hoyos se podrían tapar, o cuántas despensas o medicamentos se
podrían comprar con este dinero, que la neta es dinero tirado a la basura.
Hoy en día, aunque no lo parezca, tenemos 23 integrantes de este cuerpo colegiado en
Tampico, Madero y Altamira (incluyendo dos síndicos). Son cerca de 69 en total, y de la
mayoría no se sabe nada y no sirven para nada. Todos se vuelven unos “cotorritos” en sus
informes, donde solo van a conocer lo que hace la dirección que les comisionan, pero no su
trabajo.
A lo largo de casi 30 años de reportear en el área metropolitana, he visto llegar desde
vendedores de queso, desempleados, amantes, novias en turno, los hijos de papi y de mami;
con todo respeto, hasta la chacha de los políticos ha logrado colarse a este cuerpo colegiado. Y
no tiene nada de malo su origen, pero el punto es que el Cabildo se ha convertido solo en un
coto de poder para estos personajes.
La mayor parte del día, las salas de regidores se encuentran vacías, pues siempre andan en
“campo”, en comisiones o visitas, aunque la triste realidad es que están en su casa rascándose
la panza.
Además, meten a la nómina a sus papás y hasta a su suegra; si no, pregúntenles a los actuales
regidores de Madero. Y hay otros que toda su vida quieren estar ellos y su familia en el Cabildo.
Tenemos casos de dinosaurios que han sido regidores y que hasta han logrado meter a su
familia a la planilla. En Tampico tenemos el caso de Alberto Sánchez Neri, quien ha sido dos
veces regidor y ahora tiene a su hija, Karen Sánchez, en el Cabildo, y ya le puso en la próxima
administración que él va a buscar ser regidor nuevamente.
De igual manera, hoy Cuitláhuac Ortega Maldonado es edil, y lo antecedieron sus hermanos
Lluvia y Cuauhtémoc; casi toda la familia ha pasado por esta sala de ediles.
También en la comuna porteña, por el PAN, los esposos Luz García y Lamberto González de la
Maza han sido regidores por separado; además, él y su hermano César González han
dobleteado.
Increíble, pero cierto: un matrimonio fue regidor al mismo tiempo en Madero durante la segunda
administración de Adrián Oseguera, bajo las siglas del Partido del Trabajo. Se trata de Greeicy
Belinda Álvarez García y Alejandro Morales. Además, para acabarla de amolar, sus suplentes
eran ni más ni menos que sus hijos.
Tenemos el caso de “La Bimbolla”, que ha repetido como en tres ocasiones; de Claudio de
Leija, que repitió el cargo junto con su esposa; y del exdiputado de Altamira, Víctor Meraz, cuya
esposa de nombre Flor de Nubia Vázquez, hoy es regidora en la comuna industrial.
El exalcalde Genaro de la Portilla se dio el gusto de regalarle una regiduría a su hijo Esteban.
Además, Goyita Puga ha estado en la misma situación. Siempre son las mismas caras, los
mismos apellidos.
Además, no trabajan. Deberían checar tarjeta y, como a cualquier empleado municipal, se les
deberían descontar los días que no van a trabajar, porque finalmente no se convierten en
empleados de los alcaldes.
El siguiente paso debería ser que este cargo sea honorario, es decir, que no cobren ni un solo
peso. Le aseguro que en ese momento se va a morir su interés por ser regidor.
El gran problema de los regidores es que llegan al Cabildo pensando que van a ganar millones
y se aferran a vender lo que tengan que vender para ser los nuevos ricos del pueblo.
Ahora, Claudia Sheinbaum propone que en las ciudades que no tengan mínimo 500,000
habitantes —que sería el caso de los municipios de Tampico, Madero y Altamira— de 21 se
reduzca a 15 regidores: 10 serían propuesta del candidato ganador y el resto plurinominales. O
sea, serán menos los que lleguen a la nómina.
Para los alcaldes, sus regidores no son más que un costal de papas.
Los prefieren ciegos, sordos y mudos, y ellos venden su conciencia, sus aplausos y hasta las
fotos que se toman con el presidente. Le cuesta al erario público prácticamente mantener a los
regidores junto a su familia, ya que muchos se encuentran metidos en la nómina.





