ENPUBLICO
Nora Marianela García Rodríguez
Hace exactamente un año, el gobierno de Donald Trump
firmó las órdenes ejecutivas que pusieron aranceles de
25% a los productos mexicanos, y casi toda la clase
política y empresarial del país entró en pánico, los
pronósticos eran de recesión, desinversión y un colapso
exportador que, se decía, arrastraría a los estados
fronterizos como Tamaulipas hacia una contracción sin
precedentes, doce meses después, las cifras cuentan
una historia distinta, y sin embargo incómoda: México
exportó más, pero la mayoría de los mexicanos no lo
siente.
Los datos son contundentes, en febrero de 2026, México
vendió a Estados Unidos bienes por 44 mil 310 millones
de dólares, frente a los 41 mil 638 millones del mismo
mes del año anterior; en los primeros dos meses del año,
el comercio bilateral total llegó a 147 mil 322 millones de
dólares, superando los 138 mil millones del mismo
periodo en 2025. Tamaulipas cerró el tercer trimestre del
año pasado con exportaciones por 9 mil 503 millones de
dólares y una Inversión Extranjera Directa acumulada de
465 millones, números que la Secretaría de Economía
estatal presentó con la solemnidad de quien acaba de
descubrir la fórmula del bienestar colectivo.
La pregunta que nadie en los comunicados oficiales se
hace es la que debería encabezar cualquier análisis
serio: ¿a quién le llegó ese dinero?En los turnos de la
madrugada en las plantas de Reynosa, las trabajadoras
de ensamble de arneses automotrices, piezas que
cruzan el puente hacia Texas para integrarse en
vehículos que allá valen 40 mil dólares, ganan entre 230
y 280 pesos diarios. El T-MEC les garantizó que sus
manos cuenten como contenido regional; el mercado
laboral se aseguró de que esa garantía no se tradujera
en poder adquisitivo.
La economía de Tamaulipas creció 3.1% en el tercer
trimestre de 2025, colocándose entre las cinco entidades
con mayor dinamismo del país, impulsada (según la
narrativa institucional) por una política de certeza para la
inversión; lo que el boletín omite es que el promedio
salarial estatal ronda los 20 mil 642 pesos mensuales,
mientras la inflación subyacente ,la que mide el costo
real de vivir, cerró enero en su nivel más alto desde
marzo de 2024. Una economía puede crecer en los
indicadores macroeconómicos y contraerse
simultáneamente en el bolsillo de quien produce lo que
se exporta; eso no es una contradicción estadística, es la
arquitectura deliberada de un modelo que concentra el
valor agregado en la cima de la cadena productiva.
El mecanismo no es nuevo ni exclusivo de Tamaulipas,
pero aquí adquiere una textura particular, durante 2025,
el nivel de contenido regional en las exportaciones
mexicanas saltó de 48.6 a 75.1% al cierre del año, una
reconfiguración de cadenas productivas que, en teoría,
debería haber generado empleo mejor remunerado. En la
práctica, Reynosa concentra 35.3% de los nuevos
empleos formales del estado, los sectores de
transformación, comercio y servicios para empresas
absorben el 72% de la generación laboral, y la tasa de
desocupación bajó de 3.0 a 2.6%; números que (vistos
de lejos) parecen el retrato de una economía funcional;
vistos de cerca, son la fotografía de un mercado laboral
donde el empleo existe pero la movilidad social sigue
siendo una promesa diferida.
Hay algo más que el aniversario arancelario revela y que
rara vez se nombra con precisión: México ganó esta
primera ronda de la guerra comercial no porque tuviera
una política industrial robusta, sino porque supo leer
mejor el momento político, mientras Canadá confrontó a
Trump con retórica soberanista, México optó por la
cooperación técnica y la alineación discreta con las
prioridades de Washington. Esa estrategia funcionó, y
funcionó bien, pero tiene un costo diferido que hoy
empieza a asomar: la revisión formal del T-MEC está
programada para julio, y en esa mesa se definirá si el
acuerdo se extiende por 16 años más bajo las
condiciones que dicte una Casa Blanca que ya sabe que
México cede cuando se le presiona con suficiente fuerza.
Para Tamaulipas, esa negociación no es un evento
diplomático lejano: es el momento en que se decide si los
23 mil 393 millones de pesos en infraestructura
comprometidos entre 2026 y 2028: carreteras, el Tren del
Golfo y el Puerto Norte de Matamoros se convierten en
plataforma productiva real o en obras inauguradas con
fanfarria y administradas con la misma lógica de siempre:
contratos concentrados, proveedores conocidos,
beneficios que se quedan en el mismo círculo de
funcionarios y empresarios que lleva décadas
confundiendo el presupuesto público con su propio
capital de trabajo.
El éxito exportador es real; no se trata de desmentirlo,
pero y es un gran ‘pero’
, el éxito exportador que no
transforma las condiciones materiales de quienes
producen las mercancías es, en el mejor de los casos, un
indicador macroeconómico; en el peor, es el argumento
con el que una clase política se autolegitima mientras la
brecha entre el PIB estatal y el ingreso disponible de las
familias tamaulipecas continúa ampliándose en silencio.
Hace un año exportábamos menos y el pánico era
generalizado, y hoy exportamos más y el triunfalismo es
igualmente generalizado pero ninguna de las dos
posiciones sirve para entender qué está pasando de
verdad. Lo que está pasando es que la integración
económica con Estados Unidos profundizó su carácter
asimétrico, que Tamaulipas creció sin distribuir, y que el
modelo que produce esos números seguirá siendo
exactamente el mismo a menos que alguien, en algún
nivel de gobierno, decida hacer la pregunta correcta:
¿crecimiento para quién?





