Mario Prieto.
La Razón.
Para Raymundo Pecina Díaz de León el tener una discapacidad visual no ha sido ni un freno ni le ha puesto límites en su vida, por el contrario, es un hombre que ha transformado lo que muchos considerarían una limitación en una de sus mayores fortalezas.
Su historia con la discapacidad visual comenzó prácticamente desde su nacimiento, aunque su infancia transcurrió sin aparentes contratiempos en sus primeros meses, a la edad de dos años su familia empezó a notar que algo no andaba bien y empezaron los estudios médicos.
“Después de ir a Monterrey, y finalmente a México a la Asociación Mexicana para combatir la ceguera en México. Pues ahí es donde finalmente me dieron el diagnóstico oficial que es Amaurosis congénita de Leber. Que bueno, ¿qué es esto? Pues es más que nada una degeneración de la retina, es genético” expresó el regidor de Madero.
Durante su infancia, Raymundo nunca tuvo un porcentaje de visión normal, estimando que quizás contaba con un 30 o 40 por ciento de su capacidad visual. Sin embargo, el momento más crítico de su vida llegó a los 14 años, cuando la degeneración de la retina alcanzó su punto definitivo y la oscuridad se volvió completa.
Con el paso del tiempo, las señales de alerta se volvieron más evidentes. A los cuatro años, el niño comenzó a chocar de manera frecuente con obstáculos cotidianos, como las rejas de las casas y donde la vista se estaba convirtiendo en un problema para Ray Pecina.
El primer acercamiento formal con la medicina oftalmológica ocurrió cuando Raymundo tenía cinco años. A partir de ese momento, comenzó un largo peregrinar por consultorios y especialistas que incluyó visitas a la ciudad de Monterrey donde finalmente, a la Ciudad de México, en la Asociación Mexicana para Combatir la Ceguera.
La pérdida total de la visión coincidió con una de las etapas más complejas para cualquier ser humano: la adolescencia. En ese período, Raymundo tuvo que enfrentarse no solo al reto de aprender a desplazarse y estudiar en una realidad completamente nueva, sino también a la difícil tarea de encajar socialmente con sus compañeros de escuela.
“La preparatoria ya prácticamente estaba yo sin vista, entonces pues empecé, bueno, desde un poco antes de iniciar la preparatoria, pues tuve lo que es la preparación del sistema Braille.” Señaló.
El apoyo incondicional de su familia fue el motor que lo impulsó a no detenerse. Sus padres, Alberto y Juanita, jamás vieron un límite en su condición y siempre lo motivaron a pensar en el futuro, planificando la secundaria cuando aún estaba en la primaria, y la universidad cuando cursaba la preparatoria.
Con una determinación inquebrantable, Raymundo no solo concluyó sus estudios de bachillerato, sino que ingresó a la universidad para cursar la carrera de Licenciatura en Psicología, demostrando que las barreras para el aprendizaje se podían superar con las herramientas adecuadas, como las grabadoras de audio y el sistema Braille.
“Siempre tuve cuando menos uno o dos amigos que estaban cerca de mí y que no les importaba ser los que estaban cerca del que casi no jugaba o el que no veía o veía poquito. Y ahí estaban ahí, eran muy leales, muy fieles. Y de hecho toda yo creo que toda mi etapa estudiantil así fue, tuve compañeros de ese de ese estilo” recuerda el ahora integrante del cabildo de la urbe petrolera.
Tras graduarse, ejerció con éxito como terapeuta y posteriormente descubrió su vocación por la docencia, convirtiéndose en maestro para niños con discapacidad visual. Su dinamismo y su constante labor como activista en la Red Nacional de Ciegos llamaron la atención en el ámbito público, lo que eventualmente le abrió las puertas al mundo de la política local.
Hoy en día, como regidor de Ciudad Madero, Raymundo mantiene una agenda sumamente activa. Lejos de permanecer detrás de un escritorio, se le ve constantemente recorriendo las calles, atendiendo las peticiones de los ciudadanos y participando en eventos públicos, donde incluso se ha dado el lujo de anotar goles y encestar canastas de basquetbol.
A 30 años de haber perdido la vista por completo, Raymundo Pesina Díaz de León asegura vivir una vida plena y feliz. Su filosofía se basa en el agradecimiento, la fe cristiana que le inculcaron sus padres y la convicción de que la felicidad no depende de las circunstancias, sino de la actitud con la que se decida enfrentar el destino.
“Aprender a ser feliz también es una habilidad y no tiene que ver con lo que te pasa. Tiene que ver con cómo tomas lo que te pasa.”
A sus 44 años, se desempeña activamente como regidor en el cabildo de Ciudad Madero, Tamaulipas. Su vida es un testimonio de resiliencia, disciplina y una constante capacidad de adaptación ante los desafíos más complejos, una historia de éxito.





