Crónicas de la calle/Rigoberto Hernández Guevara
Quiero hablar de ese estilizado movimiento que usa la palabra “random” para designar todo lo
que a pesar de extraño nos es común. Es random un bolso, es random un momento esperando
en la esquina, un silencio es random como un vato lo es esperándola a ella, a su quién vive.
Es común el momento de espera , pero cuando notamos el momento exacto en que algo se
vuelve sin nombre, en español significa un instante que no tenía nombre: un instante random.
En inglés la palabra random significa “aleatorio” pero esta generación “Z” la hizo infinita.
Además, sin defensa propia, cualquier sublime ser humano por más importante que parezca o
muy interesante que se piense para un chavo de la nueva generación, seas quien seas, solo
eres un tipo random, más que un cualquiera y menos que un peor es nadie. Un come cuando
hay.
La sociedad junta unidades lingüísticas universales de vez en cuando para saberse iguales. El
Internet nos trajo la palabra random porque nos hacia falta nombrar adecuadamente a un algo
que no alcanza la definición plena de un adjetivo. Es random. El amigo es random hasta que un
día le quiso dar un beso a la muchacha.
Imagine por un instante que usted es una persona random y que en este momento pasa en
medio de la gente que ya supo que usted es el multimencionado random, “señor random”, pase
usted. Si gusta pasar por aquí señor ya se ha a servir el ambigú y usted sólo quiere ir al baño
como todos los random, una especie de comodín para la película random del Netflix.
Un hombre que entra y sale de la burocracia luego de 30 años es un suceso random. Nadie
recuerda un día de esos como el de un nacimiento. Más porque dentro de esos 30 años no
hubo un solo día random luego de que el checador del trabajo hiciera valer su existencia.
Lo random es la antinovela, lo que estuvo pero no fue descrito, los miles de graduados en una
escuela sin medalla Benito Juárez. Un hombre se acerca a una camioneta y se marcha, pudo
ser el campeón del mundo pero el joven que lo vio de lejos en contra sol dijo que era un tipo
random de sombrero viejo. Lo cual me estremeció, todos en un momento dado podemos ser
felices siendo random, al tiro con eso.
Supongo que lo random no sugiere calidad ni cantidad, ni siquiera un valor práctico o de
servicio. Creo que lo random se queda en su olvido, en su calidad de extra de la historia. Pues
si a los personajes principales de esta telenovela televisiva apenas se les recuerda
cuantimenos un instante de relleno, un actor anónimo, el sonido de un carro que se alcanzó a
escuchar a lo lejos, lo random se olvida como todo utilitario de la obra de teatro.
Hay random descargando camiones en la central de abastos, un random acomedido ayuda a
una señora con el mandado a 40 grados, gente común se cruza al tráfico random de las horas
pico, gente random atropellando clientes con un diablito, el “viene viene” ahora es un sujeto
random, un hombre random toma video para el instante random que será viral por un segundo.
Hay un random buscando a otro los jóvenes son random juntos, hay un río random donde la
gente random se baño y nadie hace nada.
Miles de random, sin darnos cuenta, han jugado fútbol y perdieron todos los partidos sin pena ni
gloria en los campos de “Las Adelitas”. Hay gente random mirando gente random en libre 17.
Gente random de vacaciones sin otro propósito más importante que el de la existencia.
Siendo así cómo Don Quijote y su fiel escudero Sancho Panza, una pareja aldeana de nobles
caballeros consagrados en sus novelas de caballerías, logran sin querer- como una de sus
muchas chances- ser los primeros random de la historieta fantástica de este mundo. Tan real
como imaginada.
HASTA PRONTO





