Mario Prieto/ la Razon
Esta historia es la de Úrsula Salazar Mojica, quien actualmente es diputada local por Morena en Tamaulipas, a quien el COVID-19 le arrebató a su papá, su hermano y su mamá, prima del presidente en turno de México, Andrés Manuel López Obrador.
En menos de una semana, los tres pasaron a ser parte de las estadísticas de la pandemia durante el año 2020. Antes de convertirse en una de las figuras políticas más visibles de la región, su realidad estaba marcada por una dinámica familiar profundamente arraigada en la cultura del esfuerzo que le heredaron sus padres.
“Mi papá se internó como el día 10, enseguida lo intubaron. A mi papá fue el primero que intubaron, después fue mi hermano, después mi mamá y el 17 de julio pierde la vida mi hermano. Este, el 20 mi papá y el 24 mi mamá. El 2020 para mí fue un antes y un después”, expresó durante la entrevista en el pódcast “De Aquí Somos” de La Razón.
Desde el 2006 que, por primera vez, Andrés Manuel López Obrador fue candidato presidencial por el PRD, doña Úrsula Mojica Obrador siempre se sumó a la promoción y defensa del proyecto de su primo. Logró verlo convertido en el primer mandatario de este país el 1 de julio del año 2018.
Pero dos años después todo cambió. En marzo del año 2020 comenzó con alegría. Su madre, la señora Úrsula Mojica Obrador, cumplió años el día primero; ella pidió una celebración en grande. Nadie imaginaba que sería su último cumpleaños, que le festejarían en vida con la llegada a la zona sur de esta pandemia que se vivía en todo el mundo.
Durante el mes de junio se dio un contagio masivo de COVID-19 dentro de la familia Salazar Mojica. En un lapso de apenas una semana —168 horas que se sintieron eternas—, el virus del COVID-19 arrebató la vida de tres de los pilares más importantes en la vida de la hoy legisladora: su hermano Roberto, su padre Roberto y su madre Úrsula.
“Yo perdí mis raíces en un abrir y cerrar de ojos. Las personas que me dieron la vida las perdí en una semana, mi familia la perdí en una semana”, relató al contar este capítulo de su vida.
Las condiciones que se vivían en ese momento no le permitieron ni despedirse de ninguno de ellos en los últimos momentos de sus vidas ni darles el último adiós con su funeral.
“Entonces pasar todo eso y luego pasas la pérdida sin un velorio. Sin una despedida. Sin una despedida. Más que todo, queda como una parte pendiente, ¿no? Sí. El último eslabón de la historia”.
Cuando murió doña Úrsula, la actual legisladora recibió una llamada y se trataba del presidente AMLO para dar a su sobrina las condolencias y, durante la mañanera, reconoció que un familiar de él había fallecido en Tampico, Tamaulipas.
“Yo recuerdo que mamá falleció el 24 de julio del 2020 alrededor de las 8 de la mañana y yo recibí una llamada de él como a las 10:30 de la mañana y era él (AMLO) quien no daba crédito de lo que estaba viviendo porque también él tuvo muy buena relación con mi papá”.
La pandemia le arrebató parte de su vida y su corazón a Úrsula Salazar. Meses después llega por primera vez al Congreso de Tamaulipas, pero eso ya no lo vio su mamá.
Para honrar la memoria de su madre, la diputada decidió abrir la antigua casa de sus padres como su oficina de gestión social, bautizándola como “Casa Úrsula”. Además, al asumir su rol como actora política, decidió utilizar públicamente su nombre de pila, Úrsula, en lugar de “Pati”, el cariñoso apodo con el que toda su vida la habían conocido sus amigos y compañeros de trabajo.
Hoy, Úrsula Salazar Mojica asegura que su familia no se hizo más pequeña, sino que se expandió en el cariño de la gente que la recibe en las colonias de Tampico. Aunque el dolor de julio de 2020 sigue latente como si hubiera sido ayer, camina con la firme convicción de que sus seres queridos la guían y la bendicen desde el cielo en cada paso de su trayectoria.





