Finanzas familiares/Angelica González
Durante muchos años existió la idea de que invertir era una actividad reservada para personas
con altos ingresos, conocimientos especializados o una amplia experiencia financiera. Sin
embargo, esa percepción parece estar cambiando. Los datos más recientes de la plataforma
CetesDirecto muestran que los millennials y la generación Z se han convertido en el grupo con
mayor participación dentro de la plataforma, lo que refleja una transformación importante en la
manera en que las nuevas generaciones administran su dinero.
Este cambio resulta muy interesante, especialmente en un contexto donde la inflación continúa
reduciendo el poder adquisitivo de los hogares. Ahorrar sigue siendo una práctica
indispensable, pero dejar el dinero inmóvil implica perder capacidad de compra con el paso del
tiempo. En otras palabras, si el dinero no genera un rendimiento al menos similar a la inflación,
cada año alcanza para adquirir menos bienes y servicios.
Desde la perspectiva económica, la decisión entre ahorrar e invertir responde al llamado costo
de oportunidad. Cuando una persona conserva sus recursos en efectivo o en una cuenta que
prácticamente no genera intereses, renuncia al rendimiento que podría obtener mediante
instrumentos financieros relativamente seguros. Esa diferencia, aunque parezca pequeña al
inicio, se vuelve significativa conforme transcurre el tiempo gracias al interés compuesto.
Precisamente ahí radica uno de los principales tractivos de los Certificados de la Tesorería de la
Federación, mejor conocidos como Cetes. Al tratarse de instrumentos de deuda emitidos por el
gobierno mexicano, son considerados una de las alternativas de menor riesgo disponibles para
pequeños inversionistas. Esto permite que personas con recursos limitados puedan comenzar a
invertir sin necesidad de grandes capitales ni intermediarios financieros.
El hecho de que más de un millón de usuarios de CetesDirecto tenga entre 26 y 35c años
refleja una mayor cultura financiera entre los jóvenes. También evidencia que las nuevas
generaciones están buscando alternativas para hacer crecer su patrimonio en un entorno
donde adquirir una vivienda, formar un ahorro para el retiro o enfrentar contingencias
económicas resulta cada vez más complejo.
No obstante, el crecimiento de estos instrumentos también deja una enseñanza importante para
las finanzas familiares: invertir no debe confundirse con buscar la mayor tasa de rendimiento
disponible.
Con frecuencia parecen productos financieros que ofrecen ganancias considerablemente
superiores al promedio del mercado. Si bien algunos pueden ser legítimos; otros esconden
riesgos elevados o condiciones poco claras. La regla económica es sencilla: a mayor
rendimiento esperado, normalmente existe un mayor nivel de riesgo. Por ello, antes de invertir
conviene analizar no solamente cuánto se puede ganar, sino también qué tan probable es
perder parte del capital.
En este sentido, los cetes representan una opción adecuada para quienes comienzan a
construir un hábito de inversión. No necesariamente porque ofrezcan los mayores rendimientos,
sino porque permiten comprender la importancia de invertir con disciplina, constancia y
objetivos definidos.
Otro aspecto relevante es que la inversión no debe verse como una actividad exclusiva para
quienes disponen de grandes cantidades de dinero. La posibilidad de comenzar con montos
pequeños demuestra que el patrimonio se construye gradualmente; y, más importante que
invertir una suma elevada una sola vez es desarrollar el hábito de hacerlo de manera periódica.
Ahora bien, invertir tampoco debe convertirse en el primer paso de una estrategia financiera.
Antes de destinar recursos a cualquier instrumento resulta recomendable liquidar deudas con
tasas elevadas, elaborar un presupuesto y construir un fondo para emergencias. Solo después
de fortalecer estas bases, la inversión cumple verdaderamente su función de incrementar el
patrimonio.
Las nuevas generaciones parecen haber comprendido que el dinero no solo debe gastarse o
ahorrarse, sino también ponerse a trabajar. Ese cambio cultural representa una buena noticia
para las finanzas familiares, porque una sociedad que invierte con información y prudencia
tiene mayores posibilidades de enfrentar la incertidumbre económica, aprovechar
oportunidades y construir bienestar de largo plazo. Al final, el mejor rendimiento no siempre
proviene de encontrar la tasa más alta, sino de desarrollar el hábito de tomar decisiones
financieras inteligentes.





