INDICADOR POLITICO/Carlos Ramírez
Cuando la realidad se convierte en escenario de los juegos de las disputas políticas, los
protagonistas deben tener la cabeza fría para evitar victorias que sean derrotas. El
descubrimiento de la consejera jurídica de la Presidencia sobre la existencia de la “red de
amplificación digital” fue certera, pero su utilización política resultó fallida.
La realidad se encarga de poner las cosas en su lugar. El caso de la visa cancelada de Andrés
Manuel López Beltrán fue un ejemplo de la confusión de fines y medios: la información se
potenció de manera negativa en la “red de amplificación digital”, porque los responsables de la
respuesta cayeron en el espacio del territorio mediático que antes López Obrador tenía bajo
control y que después –y más ahora– perdieron por las disidencias cibernéticas donde los
mensajes se autoestimulan como conductas políticas.
El caso de López Beltrán debería ser un laboratorio político no sólo para la academia sino
para los responsables de las estrategias de comunicación política en el pomposamente
llamado “ecosistema de comunicación digital”. La política practica en el pasado se movía por
redes sociales bajo control de la autoridad central, pero ahora se han enredado los hilos y los
mensajes son de quienes los trabajan.
Andrés Manuel López Obrador fue un genio en el manejo de los resortes comunicacionales
tradicionales y de manera intuitiva pudo influir en los mecanismos digitales. Pero cometió el
error –que ahora está repitiendo el caso de su hijo– de suponer que los mensajes se manejan
por la racionalidad social de los individuos, cuando en la realidad mecanismos son más
manipulables que los resortes de las redes digitales que no inventan realidades sino que
inciden sobre comportamientos no controlados de esas realidades.
La respuesta nacionalista e injerencista sirvió solo para reconocer el cortísimo plazo: la
mañanera del viernes pasado, no controló la agenda después de que la noche anterior el
propio López Beltrán dio a conocer una carta plagada de sentimentalismos pero sin referentes
manejables-manipulables en la dinámica crítica en modo de oposición de las redes sociales.
La reacción –que no respuesta– del viernes por parte de cuadros políticos de la 4T y no por
expertos en redes sociales mostraron la certeza de la tesis de la consejera Alcalde Lujan, pero
al mismo tiempo exhibió que las conclusiones de la funcionaria frente al modelo de “red de
amplificación fiscal” descubierto no deberían quedar en manos de políticos resentidos e
incapaces, sino de técnicos en lo que ya debería de considerarse la psicología política de las
redes sociales.
La carta de López Beltrán, el desplegado de gobernadores de la 4T –algunos ya sin visas
para viajar a Estados Unidos– y el anuncio de reuniones de información para defensa de la
soberanía mostraron que López Obrador se quedó estancado en el modelo político del
desafuero cuya argumentación central de compló dependía todavía de su situación de
liderazgo social popular.
López Obrador perdió las redes cuando tomó el poder presidencial en diciembre de 2024, se
olvidó del voto por la transición que lo ayudó a ganar y gobernó sólo para su proyecto
personal. La presidenta Sheinbaum no pudo reproducir el mismo mecanismo, pero le ayudó la
ausencia de una oposición más propositiva y la ausencia de un perfil chocarrero como el de
Fox en el 2000 y la candidatura deprimente de Francisco Labastida Ochoa.
Las redes sociales –como era obvio– mutaron en 2024 al escenario de abandono social no
asistencialista con el sector disidente que no vive de las becas sino que requiere ofertas
programáticas que impidan el regreso de la política priista. La denuncia orwelliana de Alcalde
Luján se reveló en un escenario de arrinconamiento político de la 4T lopezobradorista, pero fue
insuficiente en sus propuestas de respuesta porque el caso de la visa cancelada de López
Beltrán no se procesó en esquemas comunicacionales y muy pronto se darán cuenta que
López Beltrán no es lo mismo que López Obrador.
El problema de la élite dirigente de la 4T ha radicado en la aplicación parcial del esquema
analítico de López Obrador: el fundamentalismo que se nutre de culpabilidades pasadas —
Calderón y Peña Nieto– y no ha sabido construir psicologías de poder que atiendan no a las
masas controladas que no se mueven por resortes digitales, sino que entiendan a la clase
media afectada por la política económica agotada justamente en el asistencialismo y no en la
creación de un bienestar para este importante sector que participa en decisiones productivas.
Si la 4T no se escapa del corral digital del modelo de Alcalde Luján, las bases electorales
digitales no controladas podrán marcar el ritmo de las elecciones del 2027 y 2030. El caso de
López Beltrán no debe ser visto como un problema nacionalista y digital, sino como un asunto
político que hoy está avanzando al ritmo de los sectores opositores.
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Política para dummies: la política casi siempre es lo que se siente, no lo que se ve.
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