INDICADOR POLITICO/Carlos Ramírez
Si la seguridad nacional y la seguridad geopolítica dependen de una larga lucha contra las
estructuras del narcotráfico y la criminalidad, el legado de la presidenta Claudia Sheinbaum
Pardo depende de romper el techo de 2% de PIB promedio anual desde 1983 y el único
camino está en la reestructuración del modelo de desarrollo.
Y si López Obrador prefirió la continuidad neoliberal como garantía de un crecimiento
mediocre de 1% promedio anual sexenal, la presidenta Sheinbaum corrió el riesgo de definir
una propuesta general con el Plan México, cuyo contenido pudiera equipararse en cuanto a
ruptura para un nuevo ciclo productivo como el que definió el Plan Global de Desarrollo 1980-
1982: dar por terminado un modelo de desarrollo posrevolucionario e iniciar una reforma
estructural para una modernización del proyecto nacional.
En términos pragmáticos, el bloque Miguel de la Madrid-Carlos Salinas de Gortari desmanteló
el modelo populista de desarrollo que comenzó con la Constitución de 1917, se consolidó como
estructura de sistema político con Cárdenas y avanzó a la modernización con los modelos
sustitución de importaciones y de desarrollo estabilizador.
Con un populismo desarrollista comandado por el Estado, la economía mexicana tuvo un
crecimiento promedio anual de 6% del PIB en el largo plazo de 1934-1982. Lo malo fue el
autoritarismo del Estado impidió el desarrollo de una burguesía industrial y agropecuaria y los
sectores empresarial y obrero se sometieron de manera dócil al dominio del Estado. Ahí
fracasó la construcción de un modelo de desarrollo menos dependiente de la dinámica
dominante del Estado y la estructura productiva se deshizo entre un empresariado especulador
con enriquecimiento avalado por el Estado y un sector sindical controlado por el PRI no para la
producción sino para el fortalecimiento del presidencialismo.
El ciclo neoliberal de De la Madrid a Peña Nieto avanzó un modelo mixto de neoliberalismo bajo
el control estricto del Estado sobre la clase empresarial que no se preocupó por la
modernización productiva y los trabajadores abandonaron su espíritu de clase y se
convirtieron en piezas controladas por los intereses de los líderes sindicales que respondieron
al PRI y al presidente de la República.
Ese modelo del neoliberalismo populista es el que debió haber liquidado López Obrador en
función de su promesa de cambio, pero él también prefirió el placentero camino de dejar el
sistema productivo como estaba, estimular las exportaciones y reducir el desafío del tratado
comercial para construir una nueva planta productiva y el país entró en la euforia de
exportaciones que no modernizaron la producción y sí fortalecieron a los empresarios ricos. Su
política de desarrollo fue de asistencialismo neoliberal.
La presidenta Sheinbaum autorizó el Plan México para una reorganización total de la planta
productiva industrial, agropecuaria y de servicios, pero padeció el agobio de los dos primeros
años para mantener a flote la herencia lopezobradorista, la falta de una élite política para una
modernización progresista y la ausencia de un economista líder en la Secretaria de Economía
que no sólo lidiara con la negociación de artículos del Tratado sino que encabezara
paralelamente de reorganización de la planta productiva.
Ahí se atoró el Plan México y se regresó al camino corto y cómodo de buscar inversiones
extranjeras especulativas, de aprovechar el impulso de exportaciones tradicionales y el
discurso del nearshoring se estranguló en la demagogia gubernamental porque no se
construyó la infraestructura para nuevas zonas productivas.
La falla con el sector privado para la reconstrucción de la planta productiva se localizó en los
vicios del presidencialismo. Los empresarios son convocados a Palacio Nacional para dar a
conocer ahí inversiones, los extranjeros que traen capitales y algunas sucursales productivas
de sus plantas también tienen que pasar a rendición de voluntades en la oficina presidencial y
no se conoce ningún proyecto urgente para echar a andar lo que sería el paso más rápido para
modernizar la producción: la reconversión de la planta industrial que requiere, primero, de
subsidios, luego de una clase trabajadora y de especialistas que no existen porque la
educación y la capacitación también demanda de fondos que nadie quiere arriesgar y el saldo
en este punto es que el 58% de la población económicamente activa se encuentra en
condiciones de informalidad: sin salarios, sin prestaciones, sin educación y sin capacitación.
A la presidenta Sheinbaum le quedan cuatro años de gobierno y sólo tiene en el Plan México la
posibilidad de dejar un legado de su sexenio, con la circunstancia favorable de que no requiere
de ninguna aprobación ni supervisión de López Obrador sino que necesita un equipo de
economistas para la modernización productiva de México.
El Plan ahí está, pero le falta voluntad operativa.
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Política para dummies: la política se encuentra en el fondo de la definición 3 de los modelos
de desarrollo.
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