INDICADOR POLITICO/Carlos Ramírez
Lo peor que le puede ocurrir a una economía es quedarse estancada en el limbo de los
mundos posibles: ni colapso económico ni auge de crecimiento.
Entre los economistas existen criterios que suelen ser usados más como justificación que
como instrumentos de análisis: presentar las cifras en un momento dado sin atender a las
variables que pueden modificarse en instantes.
Por eso la peor lectura que se le puede dar al momento económico actual no satisface sólo
con cifras, porque están condicionadas a “si todo lo demás permanece constante”. Pero
como la economía forma parte de la política, en las realidades reales –valga el juego de
palabras– son más las circunstancias que impiden los escenarios constantes que la
estabilidad más allá del instante.
Todas las cifras del reporte económico del Segundo Informe Presidencial tienen que pasarse
por la variable que representa la prueba de fuego del crecimiento con desarrollo y distribución
de la riqueza: el Producto Interno Bruto. Y en ese punto, la encuesta de expectativas del Banco
de México liberada el mismo 1 de septiembre pasado volvió a subrayar el escenario de largo
plazo de la economía mexicana: un PIB promedio anual de apenas 1.8% para los próximos diez
años, de 2027 a 2036.
Por este tamiz hay que pasar también los datos del bienestar: salarios que crecieron más de
150% alejaron a ciertos grupos de la pobreza laboral, pero con la amarga realidad de la
Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI del pasado 25 de agosto enfría los
ánimos con tres datos muy reveladores:
–El 36% de la población económicamente activa vive “condiciones críticas de ocupación”, es
decir, que trabajan menos de 35 horas a la semana por las opciones ajenas a sus decisiones y
otras que trabajan más de 35 horas con ingresos mensuales inferiores al salario mínimo y las
que elaboran más de 48 horas semanales y ganan hasta dos salarios mínimos. Y aquí hay que
dejar asentado que un salario remunerador en términos constitucionales se localiza arriba de 3
salarios mínimos.
–El 69.8% de la población ocupada tiene ingresos hasta de dos salarios mínimos y solo el
7.8% puede presumir que gana de dos a cinco salarios mínimos.
–El 55.1% de la ocupación en el sector informal, la población ocupada que trabaja fuera de los
rangos que establece la ley con salarios y prestaciones obligatorias.
Estos datos son los que resumen el drama de la economía mexicana que estalló en 1982 y
desde entonces padece una larga crisis de inestabilidad: en el ciclo 1934-1982, la política
económica del Estado logró un PIB promedio anual de 6%, inflación menor a 4% y revisiones
salariales cada dos años.
La oferta neoliberal de 1983 que sigue a la fecha como mecanismo de estabilidad
macroeconómica antinflacionaria aún en situaciones de estabilidad de precios tuvo un promedio
anual de crecimiento económico de 2% hasta 2018 y por diversas circunstancias y razones la
economía entró en un desajuste que tiene el promedio estimado de 1.8% hasta 2036.
Estas cifras macroeconómicas corresponden a las etapas del modelo de desarrollo
posrevolucionario: populista con Estado promotor de la economía mixta justamente de 1934 a
1982 y neoliberal con sacrificio del Estado para controlar la inflación de 1983 al escenario más
corto de 2030, incluyendo los dos sexenios de la 4T que no han modificado el objetivo, el
instrumental y los mecanismos de estabilidad macroeconómica que responden a las Cartas de
Intención de Política Económica firmadas y ratificadas hasta la fecha con el Fondo Monetario
Internacional, aunque se permite flexibilidad social con programas asistencialistas de
transferencia directa de dinero que no rompen marcos antinflacionarios.
El Tratado de Comercio Libre –que en los hechos comenzó en diciembre de 1982 con la
reforma a la rectoría del Estado para sacar al sector público en sus funciones de estabilización
social de la economía– ha conseguido multiplicar por diez el comercio exterior, pero no ha
podido modificar la planta productiva y México sigue siendo y profundizándose como una
economía maquiladora y con decreciente participación nacional en el valor de la exportación.
La inflación y el PIB en el Segundo Informe Presidencial fueron extraordinarias noticias, pero
no pasan a ser tan buenas porque no modificaron la estructura de la desigualdad social que
es la esencia del modelo de desarrollo populista-estabilizador y también del modelo
asistencialista-neoliberal.
La propuesta novedosa de la presidenta Sheinbaum fue el Plan México, pero en sus dos
primeros años ha quedado en una propuesta retórica porque ni ha modificado la estructura
productiva del país ni ha logrado la modernización para poder competir con las grandes
economías.
Así es como nos encontramos en una economía-limbo, atrapada por el paraíso inalcanzable y
el infierno amenazante.
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Política para dummies: la política es el acuerdo para una buena economía.
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