Por Staff
La Razón
Los filtros que transforman fotografías actuales en imágenes con estética de los años 80 se han convertido en una tendencia en Instagram y TikTok, pero detrás de la nostalgia también surgen cuestionamientos sobre los datos que reciben las herramientas de inteligencia artificial y los recursos necesarios para generar cada imagen.
La dinámica permite recrear la apariencia de una persona con peinados voluminosos, colores intensos y vestimenta característica de aquella década mediante comandos específicos, explicó Ximea Céspedes en entrevista para El Heraldo Radio.
De acuerdo con el análisis de la tendencia, 40% de la interacción es positiva y está relacionada principalmente con la diversión y la nostalgia. Entre los usuarios jóvenes también funciona como una forma de experimentar con su identidad visual en un periodo diferente.
Sin embargo, el entretenimiento implica entregar fotografías del rostro para que sean procesadas. La preocupación se centra en que los usuarios podrían proporcionar información biométrica sensible a empresas tecnológicas sin dimensionar el valor de los datos compartidos.
A la discusión sobre privacidad se suma el impacto ambiental. Cada solicitud realizada a una herramienta de inteligencia artificial requiere procesamiento de datos, lo que implica consumo de energía y recursos hídricos.
Aunque la popularidad de estos filtros podría mantenerse solo unas semanas, el fenómeno deja una discusión que va más allá de la moda: qué información entregan los usuarios a cambio de una fotografía y cuál es el costo ambiental asociado a su generación.





