Cynthia Gallardo
La Razón
Con la ilusión de mejorar las condiciones de vida de su familia y construir una vivienda donde su madre y su abuela pudieran vivir mejor, Francisco Javier Montes Hernández dejó hace cuatro años su comunidad de San Francisco, en el municipio de Platón Sánchez, Veracruz, para emigrar a Estados Unidos.
Tenía 33 años y estaba a pocos días de cumplir 34 cuando su proyecto de vida terminó de manera inesperada en Monroe, Carolina del Norte, donde falleció el pasado 17 de agosto.
Hoy, su madre, Hipólita Hernández Cruz, acompañada de su abuelita, Dolores Cruz, enfrenta el dolor de una pérdida que todavía le parece difícil de asimilar. Recuerda a Francisco como un joven noble, trabajador y solidario, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitara.
“Mi hijo era un muchacho bien noble, él se llevaba bien con la gente, apoyaba si veía que alguien no podía con sus cosas. Lo apoyaba aunque no lo conociera, la gente lo quería, lo apreciaba mucho”
Francisco no concluyó el bachillerato, pero una vecina le brindó apoyo para aprender electricidad, oficio que posteriormente le permitió desempeñarse en diferentes actividades. Entre 2018 y 2022 perteneció a la Secretaría de la Defensa Nacional.
Al emigrar a Estados Unidos continuó trabajando en distintos oficios. Reparaba climas, realizaba labores de jardinería y cortaba pasto; también encontró en la pintura una forma de expresar su creatividad y conservar sus raíces.
“Él arreglaba climas, de lo que le saliera trabajito él me contaba: “Mami, que hice esto, arreglé el pasto, jardines”. Le gustaba mucho pintar; pintó una rosa y hacía máscaras para Xantolo. La van a mandar a pintar, es un recuerdo”
Francisco decidió emigrar con un propósito que llevaba consigo desde Veracruz: ayudar a su familia y mejorar la vivienda de su madre y su abuela.
“Él se fue para apoyarnos a nosotros, hacer una casita más o menos mejor para que ya no se mojen. Tenía mi casita en Tampico, pero para allá en Veracruz, para mi mamá: “Yo te voy a ayudar a hacer el techito para que ya no te mojes”
Hipólita reconoce que no quería que su hijo se marchara tan lejos. Francisco, sin embargo, tenía la inquietud de conocer Estados Unidos y encontrar nuevas oportunidades.
“Le digo: “Bueno pues, papi, yo no quiero que te vayas muy lejos”. “Yo quiero ir a conocer, mami, ya me han contado muchas cosas”… y se fue mi hijo para allá”.
La historia de Francisco también estuvo marcada por la ausencia de su padre, quien murió ahogado en Platón Sánchez cuando él apenas tenía siete meses de edad. Creció al lado de su madre y sus hermanos, Lucía y Miguel Ángel, en una familia que ahora intenta sobrellevar una ausencia que llegó demasiado pronto.
A unos días de cumplir 34 años, Francisco ya no podrá regresar por sus propios medios a la tierra de la que partió en busca de oportunidades. Su familia realiza los trámites necesarios para trasladar sus restos y darle sepultura en Veracruz.
“Me dicen que no pueden creer que esté muerto. Yo siento que estoy en un sueño, que no puedo despertar”
Mientras esperan poder llevarlo de regreso a casa, permanecen sus recuerdos: las pinturas, las máscaras de Xantolo, los oficios que aprendió y las historias de un joven que, pese a las dificultades, buscó salir adelante y ayudar a los suyos.
Francisco se fue hace cuatro años con la esperanza de construir un futuro mejor para su familia.





