Por Antonio H. Mandujano
La Razón
En lo más profundo de la Sierra Madre Oriental, donde el silencio de las montañas apenas es interrumpido por los sonidos de un majestuoso ecosistema, existen huellas de un pueblo que desapareció hace siglos… pero que dejó su historia escrita sobre las piedras.
Son los vestigios de los Janambres, antiguos habitantes de la región centro de Tamaulipas, quienes durante cientos de años recorrieron y habitaron estas serranías.
🪨 El Mural de las Manitas, escondido entre las rocas de un arroyo natural en los límites de Ciudad Victoria y Jaumave, es uno de esos lugares donde el pasado parece resistirse a desaparecer.
Son más de una docena de manos plasmadas sobre la piedra que, hoy, son el testimonio silencioso de quienes estuvieron aquí mucho antes que nosotros.
También existen vestigios de antiguos centros ceremoniales, como Montezuma, que permiten asomarnos a un pasado del que todavía quedan muchas preguntas.
¿Qué significaban aquellas pinturas?
¿Quiénes fueron realmente aquellas mujeres y hombres que dejaron sus manos sobre las paredes de la montaña?
¿Y qué ocurrió para que un pueblo entero terminara desapareciendo?
De acuerdo con lo dicho a Expreso por el historiador Alberto Rodríguez, la presencia de los Janambres en esta zona no terminó inmediatamente con la llegada de los españoles, como comúnmente se cree.
La historia detalla que, tras la llegada de los colonizadores encabezados por José de Escandón en 1750, todavía pasaron alrededor de tres décadas antes de que dejaran de existir indicios de esta población indígena en esta parte del estado.
Y es que la colonización, pero también los periodos de sequía y otros factores ecológicos que golpearon la región, habrían contribuido a su desaparición.
Hoy, siglos después, la Sierra Madre conserva aquellos rastros.
No hay monumentos que expliquen completamente su historia ni grandes ciudades que recuerden su existencia; solo piedras, pinturas, montañas y un silencio que parece guardar las preguntas que los Janambres dejaron sin respuesta.
Porque algunas historias no desaparecen… simplemente quedan escondidas entre las montañas, esperando ser descubiertas.





