Por Antonio H. Mandujano
La Razón
La agricultura de Tamaulipas enfrenta una crisis que ha llevado a productores a endeudarse, vender maquinaria e incluso desprenderse de sus tierras para pagar créditos, mientras la producción de sorgo ha caído hasta 70%, denunció Guillermo Aguilar, líder agrícola de San Fernando.
El dirigente advirtió que la falta de apoyos, los altos costos de producción y los bajos precios de los granos han dejado al campo mexicano sin rentabilidad y con una capacidad cada vez menor para sostener la actividad agrícola.
“Realmente es un campo en la peor crisis de la historia, un campo abandonado, colapsado, donde ya está totalmente todo perdido. Ya no hay condiciones para trabajar, para sembrar, para producir”, expresó.
La declaración se dio luego del foro regional de productores denominado Rescatar al Campo Tamaulipeco y a la Agricultura Nacional, realizado el jueves 22 de octubre, con la participación de representantes de organizaciones agrícolas y del Frente Nacional por el Rescate del Campo Mexicano, entre ellos Baltazar Valdez Armentia, de Campesinos Unidos de Sinaloa, y Heraclio Rodríguez Gómez, de Chihuahua.
Aguilar sostuvo que, pese a las mesas de diálogo con autoridades federales y estatales, los productores no han obtenido respuestas suficientes para enfrentar la crisis.
“Puras promesas, puras largas, apoyos insignificantes que relativamente son migajas que no solucionan nada”, reclamó.
Cae 70% la producción de sorgo
El dirigente agrícola señaló que la caída de la producción de sorgo en Tamaulipas no obedece únicamente a la sequía, sino a una combinación de factores económicos y a la desaparición de mecanismos que anteriormente brindaban certidumbre a los agricultores.
Entre ellos mencionó fideicomisos, seguros agrícolas, subsidios, financiamiento y esquemas de agricultura por contrato, herramientas que, afirmó, permitían reducir los riesgos de la actividad.
Aseguró que actualmente entre 60 y 70% de las bodegas de almacenamiento de granos en Tamaulipas se encuentran colapsadas, endeudadas, desmanteladas o abandonadas, lo que refleja el deterioro de la infraestructura y de la capacidad productiva del sector.
También advirtió que la descapitalización ha obligado a los agricultores a rematar maquinaria y vender tierras para cubrir sus compromisos financieros.
“Los productores están vendiendo hasta las tierras para poder saldar sus créditos, sus carteras vencidas”, afirmó.
Como ejemplo, mencionó que productores que accedieron a financiamientos mediante el programa Cosechando Soberanía enfrentaron dificultades para pagar debido a que los precios de los granos no les permitieron recuperar la inversión.
Exigen apoyos emergentes y cambios de fondo
Ante este panorama, Aguilar pidió al Gobierno federal un apoyo económico directo y emergente para los productores, con el objetivo de reactivar la actividad agrícola y evitar que más unidades de producción desaparezcan.
Sin embargo, consideró que la solución no puede limitarse a la entrega de recursos, sino que requiere cambios estructurales en las políticas públicas dirigidas al campo.
Entre las principales demandas enumeró precios justos para los granos, reducción de los costos de producción, subsidios al diésel y al combustible, así como créditos con tasas de interés cero o preferenciales y menos exigencias de garantías.
El dirigente sostuvo que los productores mexicanos compiten en condiciones desiguales frente a las importaciones, mientras los precios nacionales dependen de las fluctuaciones de los mercados internacionales.
Además, cuestionó la entrada masiva de productos agroalimentarios del extranjero y pidió reforzar los controles sanitarios y la regulación de las importaciones.
Para Aguilar, el problema trasciende las parcelas, pues la crisis agrícola también afecta al comercio y a la economía de las comunidades que dependen de la actividad rural.
“Porque al colapsar el campo, colapsa todo, colapsa la ciudad, colapsa la economía”, advirtió.
Finalmente, afirmó que las organizaciones de productores mantendrán sus movilizaciones hasta conseguir respuestas que permitan recuperar la rentabilidad agrícola, fortalecer el mercado interno y garantizar mejores condiciones para quienes producen los alimentos que consume el país.
“Si no hay campo, no hay comida en la ciudad”, concluyó.





