En visto | Dora de la Cruz
La clase política dice que en tiempos preelectorales viene lo bueno, pero la realidad es que
también empieza lo peor, a lo que han llevado la disputa por la nominación a los cargos de
elección popular. Es cuando salen los ataques, las descalificaciones y la guerra sucia; cuando
unos y otros se sacan sus trapitos al sol, ventilan sus pasados y buscan o fabrican cualquier
información que pueda servirles para golpear a sus adversarios.
A estas prácticas se suman ahora nuevas herramientas. La inteligencia artificial, la compra de
bots para inflar la popularidad en redes sociales y hasta el uso de aparatos para intervenir
comunicaciones, forman parte de un escenario en el que las verdades, los chismes y la
información obtenida por distintas vías, son utilizadas para desacreditar al contrario.
Porque en la búsqueda del voto ciudadano, la contienda la
convierten en una guerra de ataques, donde parece importar más destruir al adversario, que
convencer al electorado.
En el caso de Tamaulipas, las agresiones y guerras sucias, se ejercen desde las plataformas
digitales: compran bots, crean páginas, con perfiles falsos, dedicados a difundir fake news, de
unos y otros partidos políticos y sus representantes.
Apenas inició hace unas semanas la elección interna de los partidos políticos para seleccionar
a las y los candidatos, y se desató un sistema de intervenciones telefónicas, para los políticos,
pero también para comunicadores, para “saber qué dicen“, y pasar el informe más adelante. En
espacios públicos y privados, incluso se rumora que en algunos restaurantes, se ponen chips
bajo de jarras, para escuchar conversaciones de grupos comensales, de la clase política y de
los medios.
Por otra parte está la compra de bots; la enseñanza que reciben en cursos los estrategas de
moda, apuesta por los llamados likes, para simular que las publicaciones tienen miles de
seguidores y un alcance generador de votos que en realidad no tienen, pero justifica cobros
millonarios por el servicio.
Los bots no votan y la intervención de comunicaciones para espiar constituye un delito que de
inicio, degrada la moralidad de sus usuarios. Muchas de estas estrategias las más de las veces
no funcionan; las y los candidatos deben apostar por lo orgánico, como se dice en el lenguaje
digital, es decir, por la autenticidad, de su cercanía con la ciudadanía, que no sea fingida para
obtener votos, y deben estar más enfocados a convencer con propuestas.
Finalmente, las cifras infladas en redes sociales no se traducen en triunfos electorales. La
verdadera prueba está en las urnas, donde no cuentan los likes comprados, ni las tendencias
artificiales construidas sobre encuestas a modo de empresas desconocidas o conocidas, por su
perfil fraudulento, sino la decisión de las y los ciudadanos ante las urnas.
En este proceso electoral, la ciudadanía tamaulipeca, espera de los partidos políticos
compromiso y propuestas, no guerra sucia, ni la peleadera de unos contra otros. Ese
espectáculo que ya empezamos a ver, en páginas anónimas, exhibe la falta de nivel político y
alimenta el hartazgo de una sociedad que ya está cansada de esa forma de hacer política.
Esto apenas empieza. Los votantes solo esperan ofertas electorales. Tamaulipas merece una
elección de altura. Ya la pasada, donde el PAN pretendió enlodar una elección consumada,
demostró que con mentiras no se gana ni se arrebata un triunfo.
La clase política dice que en tiempos preelectorales viene lo bueno, pero la realidad es que
también empieza lo peor, a lo que han llevado la disputa por la nominación a los cargos de
elección popular. Es cuando salen los ataques, las descalificaciones y la guerra sucia; cuando
unos y otros se sacan sus trapitos al sol, ventilan sus pasados y buscan o fabrican cualquier
información que pueda servirles para golpear a sus adversarios.
A estas prácticas se suman ahora nuevas herramientas. La inteligencia artificial, la compra de
bots para inflar la popularidad en redes sociales y hasta el uso de aparatos para intervenir
comunicaciones, forman parte de un escenario en el que las verdades, los chismes y la
información obtenida por distintas vías, son utilizadas para desacreditar al contrario.
Porque en la búsqueda del voto ciudadano, la contienda la
convierten en una guerra de ataques, donde parece importar más destruir al adversario, que
convencer al electorado.
En el caso de Tamaulipas, las agresiones y guerras sucias, se ejercen desde las plataformas
digitales: compran bots, crean páginas, con perfiles falsos, dedicados a difundir fake news, de
unos y otros partidos políticos y sus representantes.
Apenas inició hace unas semanas la elección interna de los partidos políticos para seleccionar
a las y los candidatos, y se desató un sistema de intervenciones telefónicas, para los políticos,
pero también para comunicadores, para “saber qué dicen“, y pasar el informe más adelante. En
espacios públicos y privados, incluso se rumora que en algunos restaurantes, se ponen chips
bajo de jarras, para escuchar conversaciones de grupos comensales, de la clase política y de
los medios.
Por otra parte está la compra de bots; la enseñanza que reciben en cursos los estrategas de
moda, apuesta por los llamados likes, para simular que las publicaciones tienen miles de
seguidores y un alcance generador de votos que en realidad no tienen, pero justifica cobros
millonarios por el servicio.
Los bots no votan y la intervención de comunicaciones para espiar constituye un delito que de
inicio, degrada la moralidad de sus usuarios. Muchas de estas estrategias las más de las veces
no funcionan; las y los candidatos deben apostar por lo orgánico, como se dice en el lenguaje
digital, es decir, por la autenticidad, de su cercanía con la ciudadanía, que no sea fingida para
obtener votos, y deben estar más enfocados a convencer con propuestas.
Finalmente, las cifras infladas en redes sociales no se traducen en triunfos electorales. La
verdadera prueba está en las urnas, donde no cuentan los likes comprados, ni las tendencias
artificiales construidas sobre encuestas a modo de empresas desconocidas o conocidas, por su
perfil fraudulento, sino la decisión de las y los ciudadanos ante las urnas.
En este proceso electoral, la ciudadanía tamaulipeca, espera de los partidos políticos
compromiso y propuestas, no guerra sucia, ni la peleadera de unos contra otros. Ese
espectáculo que ya empezamos a ver, en páginas anónimas, exhibe la falta de nivel político y
alimenta el hartazgo de una sociedad que ya está cansada de esa forma de hacer política.
Esto apenas empieza. Los votantes solo esperan ofertas electorales. Tamaulipas merece una
elección de altura. Ya la pasada, donde el PAN pretendió enlodar una elección consumada,
demostró que con mentiras no se gana ni se arrebata un triunfo.





