Sesgos|Mario Prieto
La sobreprotección familiar puede convertirse en una barrera silenciosa para el desarrollo de la
autonomía y la capacidad de los jóvenes para enfrentar las dificultades de la
vida.
Hay padres que, por amor, buscan evitarles a sus hijos cualquier sufrimiento. Les resuelven los
problemas escolares, intervienen en sus conflictos personales y toman decisiones que deberían
aprender a enfrentar por sí mismos. Sin embargo, lo que comienza como una expresión de
protección puede terminar convirtiéndose en una forma de dependencia.
Las nuevas generaciones crecen en un entorno donde las familias enfrentan el dilema de
proteger a sus hijos de los riesgos o permitirles experimentar las consecuencias de sus
decisiones. La pregunta es hasta dónde debe llegar la intervención de los padres y en qué
momento comienza a limitar la independencia emocional de los jóvenes.
Educar no significa eliminar todos los obstáculos del camino. También implica enseñar a
enfrentar el fracaso, aceptar las frustraciones y desarrollar herramientas para resolver
conflictos. Cuando los adultos intervienen constantemente, pueden reducir las oportunidades
de aprendizaje que surgen de las experiencias difíciles.
La investigación científica ofrece elementos para comprender este fenómeno. En el artículo
“Parenting in Overdrive: A Meta-analysis of Helicopter Parenting Across Multiple Indices of
Emerging Adult Functioning” (La crianza sobreprotectora y sus efectos en el desarrollo de los
adultos jóvenes), McCoy, Dimler y Rodrigues (2025) realizaron un metaanálisis de 53 estudios.
Encontraron que la crianza excesivamente intervencionista se relaciona con mayores síntomas
de ansiedad y depresión, así como con menores niveles de autoeficacia, autorregulación y
adaptación académica.
Por otra parte, Carollo, De Marzo y Esposito (2024), en su artículo “Parental care and
overprotection predict worry and anxiety symptoms in emerging adult students” (El cuidado y la
sobreprotección parental predicen preocupación y síntomas de ansiedad en universitarios),
realizaron una investigación cuantitativa con 370 estudiantes universitarios de Italia, mediante
cuestionarios psicológicos. El hallazgo reveló que los jóvenes que experimentaron una crianza
caracterizada por poco afecto y elevada sobreprotección presentaron mayores niveles de
preocupación y ansiedad que aquellos que recibieron afecto y menor sobreprotección.
Una tercera investigación, desarrollada por LeBlanc y Lyons (2022), titulada “Helicopter
parenting during emerging adulthood: Consequences for career identity and adaptability” (La
crianza sobreprotectora durante la adultez emergente: consecuencias para la identidad y
adaptación profesional), examinó mediante un estudio cuantitativo a 491 universitarios de
Canadá. El trabajo analizó la relación entre la intervención excesiva de los padres y la
construcción de la identidad profesional y la adaptabilidad laboral de los jóvenes, aportando
evidencia sobre la importancia de la autonomía en su preparación para el mundo del trabajo.
Estos estudios invitan a cuestionar una práctica cada vez más visible en algunas familias:
confundir el acompañamiento con la sustitución de las responsabilidades de los hijos. No se
trata de abandonar a los jóvenes a su suerte, sino de comprender que necesitan espacios para
equivocarse, decidir y aprender de las consecuencias de sus actos.
También es necesario reconocer que la sobreprotección no siempre surge de una intención de
controlar. En ocasiones responde al miedo de los padres frente a la inseguridad, la violencia y
las dificultades económicas. Sin embargo, cuando ese temor se convierte en una intervención
permanente, existe el riesgo de limitar la confianza que los hijos necesitan desarrollar en sus
propias capacidades.
Quizá uno de los mayores desafíos de la crianza contemporánea sea aprender a proteger sin
impedir que los hijos crezcan. Porque formar jóvenes independientes no significa dejarlos solos,
sino acompañarlos hasta que puedan enfrentar sus propios problemas. El verdadero éxito de
los padres no debería medirse por cuántas dificultades les evitaron a sus hijos, sino por cuántas
herramientas les enseñaron a utilizar cuando tengan que enfrentarlas sin ellos.
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