El Faro/ Francisco de Asis
«La salud no lo es todo, pero sin ella todo lo demás es nada».
—Arthur Schopenhauer
Las protestas de trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social se han extendido por distintas ciudades del país. En Ciudad Madero, Nuevo Laredo, Colima, Manzanillo y Xalapa, médicos, enfermeras y otros empleados manifiestan su inconformidad con el incremento salarial acordado entre la dirección del IMSS y la dirigencia sindical.
No son manifestaciones convocadas por el sindicato. Son trabajadores inconformes con lo negociado en su nombre.
Zoé Robledo anunció un incremento global de 6.8%. La dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social presentó una cifra mayor: 8.55%.
Los números cuentan otra historia.
El aumento al sueldo tabular fue de 2.9% y el correspondiente a la ayuda de renta, de 3.9%. Sumarlos produce el 6.8% anunciado. El sindicato añadió otro 1.75%, destinado al retiro, para llegar al 8.55%.
Son porcentajes aplicados a cantidades distintas. Sumarlos no significa que las percepciones del trabajador aumenten en esa proporción.
Los tabuladores oficiales y el contrato colectivo permiten comprobarlo. Para una enfermera general, considerando el sueldo tabular y la ayuda de renta establecidos en el convenio, el incremento combinado resulta cercano al 3.35%. No al 6.8% anunciado.
La diferencia no es cuestión de interpretación política, sino de aritmética. Y plantea un problema de credibilidad. Si las autoridades del IMSS y la dirigencia sindical presentan así un incremento que puede comprobarse con sus propios documentos, ¿cómo interpretar otras cifras que no tenemos manera de verificar?
Porque las protestas han terminado por revelar algo mucho más grave que una inconformidad salarial.
Los propios trabajadores denuncian falta de medicamentos, material de curación, equipos, camas y personal suficiente. Médicos y enfermeras afirman que no siempre cuentan con los medios indispensables para atender a sus pacientes.
Son quienes trabajan a diario en los hospitales. Conocen sus necesidades, sus limitaciones y las consecuencias de no disponer oportunamente de lo necesario.
La presidenta Claudia Sheinbaum y el director del IMSS han informado de porcentajes elevados de abastecimiento. Pero aun suponiendo que sus cifras sean correctas, no necesariamente demuestran que las necesidades estén cubiertas.
Se puede entregar el cien por ciento de lo solicitado sin haber solicitado todo lo necesario.
¿Quién determina cuánto requiere cada hospital? ¿Con qué criterios se calculan los medicamentos, los insumos y las plazas indispensables? ¿Se escucha a quienes atienden diariamente a los enfermos?
Robledo anunció que recorrerán 277 hospitales para escuchar a sus trabajadores e identificar carencias. Puede ser una decisión útil. Pero resulta inquietante que haya sido necesaria una protesta para emprender esa tarea.
La responsabilidad no termina en quienes elaboran los pedidos o administran los almacenes. Alcanza a toda la estructura institucional, incluido su director general. Haber llegado al cargo por una decisión política no lo exime de responder por el funcionamiento del Instituto.
No hablamos de problemas desconocidos.
En marzo de 2025, pacientes oncológicos protestaron frente al Hospital General Regional número 6 de Ciudad Madero por la falta de medicamentos para continuar sus tratamientos. Ahora son trabajadores del mismo hospital quienes denuncian deficiencias en los recursos disponibles.
En mayo escribí acerca de la muerte de uno de mis cuñados, en medio de una atención pobre, tardía, errática y, pudiera decirse, hasta negligente en el IMSS.
En septiembre, una señora que trabaja en nuestra casa tenía un problema en el codo, recibió una cita para enero; tras insistir, se la adelantaron a diciembre. Necesita sus brazos para ganarse la vida. Recurrimos a un médico particular y, después de una semana de reposo, pudo volver a trabajar.
Son experiencias distintas, pero muestran lo que las estadísticas difícilmente expresan: las consecuencias de una atención que no llega cuando se necesita.
Las cifras oficiales pueden ser útiles para administrar una institución. No deben convertirse en argumentos para desestimar lo que denuncian quienes trabajan en ella y menos quienes lo padecen; sus derechohabientes.
El problema no es solamente cuántos medicamentos se compran o qué porcentaje se entrega. Es si cada hospital dispone oportunamente de lo necesario para atender a sus pacientes, incluido personal capacitado.
Las autoridades y la dirigencia sindical podrán explicar sus porcentajes, negociar otro incremento y alcanzar un acuerdo que ponga fin a las manifestaciones. Qué es lo que les preocupa al director general y al gobierno.
La inconformidad de los trabajadores puede terminar con una cifra y una firma.
Las carencias que padecen los pacientes, no.





