INDICADOR POLITICO/Carlos Ramírez
El Instituto Mexicano del Seguro Social fue fundado en 1943 durante el gobierno del presidente
Manuel Ávila Camacho como un organismo de aportaciones obrero-patronales para garantizar
la seguridad social de los trabajadores registrados. Pero desde el poder presidencial, el IMSS
pasó a convertirse en el instrumento gubernamental para beneficiara a no trabajadores y su
dirección se convirtió en una decisión política al servicio del régimen presidencialista.
A la dirección del instituto han llegado técnicos, administradores, algunos titulares sin oficio ni
beneficio y sirvió como basurero político para funcionarios destripados en otras áreas del
poder político, y al presidente Luis Echeverría Álvarez se le ocurrió meter al director del IMSS
en la pre-precandidatura la presidencia de la República.
El IMSS está cargando con funciones y tareas que debieran corresponder a otras áreas de
gobierno. El cargo el IMSS tiene más poder que los secretarios de salud-salubridad y ahora
mismo el Instituto es la punta de lanza de la política de bienestar de la 4T y sus tareas
prioritarias de vigilar la salud y pensión de los apartadores y ha pasado a segundo o tercer
término, a pesar de que aportan dinero para beneficio de los agremiados registrado.
El funcionamiento del Seguro Social en el ciclo de la 4T nació con malos augurios: el
presidente López Obrador designó como director general del IMSS al expresidente del PAN
2007-2009 –los años de la confrontación el presidente Felipe Calderón Hinojosa, que se había
impuesto al entonces candidato del PRD en las elecciones de 2006, con una ventaja de medio
punto porcentual–, pero Germán Martínez Cáceres renunció como director general del instituto
a los seis meses con una carta de denuncia de irregularidades en el organismo que el nuevo
gobierno lopezobradorista no quería reconocer ni menos aún resolver. En su lugar llegó el
político chiapaneco Zoé Robledo, que ha querido dejar el cargo para chambas político-
electorales, pero no lo han dejado y fue ratificado como director del Instituto al iniciar la nueva
administración por orden directa del presidente ya emérito López Obrador desde Palenque.
Las protestas contra la situación del IMSS que están sacando a trabajadores del organismo a
las calles revelan todas las irregularidades y penurias y hasta ahora no tienen ningún estímulo
partidista, aunque la presidenta Sheinbaum encontró el modelo lopezobradorista de
desprestigiar un movimiento social de bases acusando a los partidos políticos de capitalizar un
descontento masivo aunque más como distracción que como verdadera dirección política
opositora.
Pero no es la primera vez que ocurren estas maniobras para desviar la atención de la esencia
del problema que afecta al Seguro Social: la apropiación política del Instituto por parte del
Gobierno en turno y su partido correspondiente y el control sindical para precisamente
desmovilizar las protestas. En su investigación La democracia en blanco: el movimiento
médico en México, 1964-1965, Ricardo Pozas Horcasitas encontró una buena veta de
investigación sociopolítica justamente en el papel distante de los partidos hace 62 años.
La crisis provocada por la movilización de trabajadores de la salud pública –no sólo el IMSS–
reveló en 1964-1965 el deterioro del dominio sindical y de los trabajadores que fue inventada
nada menos que por el presidente Lázaro Cárdenas cuando convirtió a la clase obrera en
sector clave para el control y la manipulación de la lucha de clases como un sector corporativo
–ahí sí con rememoraciones fascistoides– manipulando a los trabajadores como masa y no
como clase productiva. El movimiento médico fue el segundo aviso de la descomposición del
régimen sindicalista del PRI, después de la crisis sindical de 1958.
Este modelo de interpretación se puede utilizar para un primer abordamiento que trate de
explicar las razones de fondo de la nueva movilización médica de las últimas semanas y desde
luego existen los indicios informativos suficientes para revelar que el gobierno lopezobradorista
de la 4T está procesando las movilizaciones exactamente del mismo modo y con la misma
racionalidad política que los entonces gobiernos autoritarios de Adolfo Ruiz Cortines-Adolfo
López Mateos-Gustavo Díaz Ordaz que iniciaron la represión de la libertad sindical en 1958
para impedir que las organizaciones de trabajadores se movieran fuera de las prioridades del
Gobierno y su partido en el poder. Líderes sindicales opositores fueron encarcelados en ese
año y alcanzaron libertad bajo palabra hasta 1971, trece años después.
La argumentación presidencial de esta semana está posponiendo el compromiso original de
López Obrador de apostarle al cambio de tácticas priistas y prianistas y sólo está agravando la
crisis social, política, sindical y de salud pública siguiendo los estilos de 1964.
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Política para dummies: la política es la misma, y lo que cambian son los pretextos.
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