Hora de cierre/Pedro Alfonso García Rodríguez
La presidenta Claudia Sheinbaum demostró una vez más su intención de frenar los afanes morenistas y de morenistas por prolongar su permanencia en el poder o cometer evidentes actos de nepotismo en el reparto de los próximos puestos de elección popular.
Luego de pedir la renuncia de Leonel Cota Montaño como subsecretario de Agricultura y Desarrollo Rural tras el nombramiento de su hijo como candidato a la gubernatura de Baja California Sur, en su conferencia matutina la presidenta aseguró que no se puede dar un uso electoral a las instituciones, a pesar de la postergación hasta 2030 de la anulación de las reelecciones y del nepotismo en el reparto de puestos de elección popular.
La reconfiguración política que se dio en el país con la llegada de la 4T provocó una “anarquía” institucional por los repentinos cambios en las alternancias políticas estatales que, ante la inestabilidad política, entregaron la estafeta del poder a los grupos locales.
Del priismo se dieron alternancias al panismo y/o después a Morena gracias al aparato de Bienestar edificado que provocó el aumento de la popularidad del expresidente Andrés Manuel López Obrador y, en efecto, de Morena.
Los grupos de poder que lo capitalizaron desde sus respectivas regiones ganaron el reparto de espacios de poder de alcaldías, puestos legislativos y hasta gubernaturas que se perpetuaron en el poder a partir de 2018 y contando.
La facilidad de lograr una reelección y de poder entregar el poder a familiares indiscriminadamente se ha permitido en distintos puntos del país (como Tamaulipas), además de los vacíos políticos por los legales tras la implementación de la “reformitis” cuatroteísta.
La presidenta ha intentado en reiteradas ocasiones la posibilidad de que Morena aplique de una vez la medida pese al plazo aún existente para quien pueda aún reelegirse o imponer candidaturas a familiares.
Y es una de las principales resistencias que actualmente enfrenta por la diversidad de tribus (morenistas o no) que componen el ecosistema de su partido y periferias.
El caso más notorio es el del gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, al postular a su esposa, Ruth González.
En Tamaulipas, pese a las constantes visitas de la presidenta al estado y la pleitesía que le rinde la elite morenista estatal, pareciera que hicieron oídos sordos a uno de los temas más imperantes en la agenda pública nacional, además del entramado del narco huachicolero.
Y pareciera que desde el Sur hasta la frontera con Texas, existe poca o nula convicción de acatar la instrucción presidencial pese a la vulnerabilidad legal en la que se encuentran sus grupos ante la FGR y el gobierno estadounidense.
Y como parte de una insurgencia electorera que prevalece en la política tamaulipeca previo al desmoronamiento del PRI, pese a la alternancia y los excesos del poder del cabecismo y la recuperación institucional que obtuvo desde 2025 el gobierno en turno.
Por lo pronto, los registros masivos se dieron en distintos puntos del estado, algunos en la delgada línea del nepotismo y la continuidad a los cacicazgos regionales.
Y a la continuidad de una normalidad política tamaulipeca en la que impera el cinismo y el oportunismo.
@pedroalfonso88





