Sesgos y más /Mario Prieto.
Vivimos en una época en la que los jóvenes tienen más posibilidades de comunicarse que cualquier generación anterior.
Las redes sociales, los teléfonos inteligentes y las plataformas digitales les permiten mantener contacto permanente con amigos, compañeros y familiares. Sin embargo, estar conectados no necesariamente significa sentirse
acompañados.
La soledad juvenil se ha convertido en un tema que merece mayor atención de las familias. Hay adolescentes que conviven diariamente con otras personas, participan en conversaciones digitales y mantienen una vida social aparentemente activa, pero experimentan sentimientos de aislamiento, incomprensión y vacío emocional.
El problema no siempre está en la cantidad de personas que rodean a los jóvenes, sino en la calidad de sus relaciones.
En este tema hay investigaciones científicas como la de Rodríguez Peña y Moreno Almazán (2019), investigadores de la Universidad Tecnológica de México (UNITEC), campus Atizapán, desarrollaron el estudio “Ansiedad y autoestima: su relación con el uso de redes sociales en adolescentes mexicanos”.
Su metodología consistió en aplicar cuestionarios e instrumentos psicométricos a 120 estudiantes de secundaria y bachillerato, de entre 13 y 20 años.
Los resultados identificaron mayores afectaciones en el grupo de secundaria y señalaron una relación entre el uso de redes sociales, la ansiedad y la autoestima. Un hallazgo importante fue que las horas de utilización del teléfono no resultaron una variable determinante, lo que invita a reflexionar sobre la calidad de las experiencias digitales y no solamente sobre el tiempo frente a la pantalla.
En una segunda investigación. Castro-Sataray y Castro Castañeda (2020), autores del artículo “Variables individuales y sociales que explican la funcionalidad familiar en adolescentes”, analizaron las condiciones emocionales y sociales relacionadas con el funcionamiento familiar. Mediante una metodología cuantitativa, estudiaron a 1,681 adolescentes de entre 12 y 17 años, utilizando análisis de conglomerados, discriminante y regresión lineal. Encontraron que los adolescentes con menor funcionalidad familiar presentaban mayores indicadores de malestar psicológico, dependencia de redes sociales y experiencias de ciberacoso, mientras que aquellos con mayor funcionalidad familiar mostraban mayor satisfacción con la vida. Los resultados destacan la importancia de las relaciones familiares en el bienestar emocional juvenil.
Y en una tercera investigación. Reynoso González, Caldera Montes, de la Torre Trujillo, Martínez Sánchez y Macías González (2018), investigadores vinculados a la Universidad de Guadalajara y la Universidad de Baja California, desarrollaron “Autoconcepto y apoyo social en estudiantes de bachillerato. Un estudio predictivo”.
La investigación examinó la relación entre la percepción que los jóvenes tienen de sí mismos y el apoyo social que reciben, además de analizar las diferencias por sexo y la capacidad predictiva de las dimensiones del apoyo social. Su aportación permite comprender que el bienestar juvenil no depende únicamente de estar rodeado de personas, sino también de percibir relaciones de apoyo y reconocimiento.
Las investigaciones plantean una realidad que merece atención: la tecnología facilita la comunicación, pero no sustituye los vínculos afectivos.
Sería equivocado responsabilizar exclusivamente a las redes sociales de los problemas emocionales de los adolescentes, cuando también intervienen la convivencia familiar, las experiencias escolares, la autoestima y la calidad de sus relaciones personales.
Resulta preocupante que algunas familias midan el bienestar de sus hijos por sus calificaciones, su comportamiento o la cantidad de amigos que tienen. Un joven puede cumplir con sus responsabilidades, asistir a reuniones y mantener una intensa actividad digital sin sentirse emocionalmente comprendido. La ausencia de conflictos visibles no siempre significa que exista bienestar psicológico.
Los padres enfrentan el desafío de recuperar espacios de comunicación que permitan escuchar sin juzgar. No se trata de vigilar cada conversación digital ni de prohibir las redes sociales, sino de construir relaciones de confianza donde los adolescentes puedan expresar sus preocupaciones, temores e inseguridades sin miedo a ser descalificados.
Recuerde : Tome nota.





