Arca de Noé/Pedro Alfonso Garcia
Desde que aparecía feliz y sonriente en las redes sociales con su amigo y aliado Grillo Sada, le perdimos la pista a Tatiana Clouthier. Parecían ir bien sus planes, siempre fiel a Andrés Manuel López Obrador y con una reiterada lealtad hacia la presidenta Sheinbaum; todos los pronósticos indicaban que le esperaba un futuro de bonanza política, hasta que Morena decidió que siempre no, que la afortunada en la lotería-encuesta era Clara Luz Flores. Entonces empezaron los berrinches.
La muina de la sinaloense avecindada en San Pedro ha ido de menos a más; como dice la canción, se le borró la sonrisa desde el día en que se dio a conocer el resultado de la encuesta que la dejó fuera de la competencia. Nos preguntamos qué irán a hacer, cuando sepan que la suerte no les favorece, las figuras tamaulipecas que tienen ahora la obsesión de gobernar el estado a partir de 2028.
Desde el punto de vista de un psicólogo, los paisanos y paisanas traen todos la autoestima en lo más alto del rascacielos político, aunque a veces se derrumban y caen en un estrés postraumático, que se exacerba cada vez que alguien, en plan chingativo, les dice que no podrán llegar por su pasado, o porque en su febril imaginación suponen que no los quieren en cualquiera de los dos Palacios.
El informe del gobernador y la asistencia del mismo ejecutivo a casi todos los informes de los presidentes municipales tuvo el efecto de la pasiflora. Pero una vez que todo vuelve a la normalidad, la ocupación principal es moverse en territorio y redes para dejar sentado que no hay más opción que ellos para resolver el futuro de Tamaulipas. Sin embargo, saben que solo uno será el elegido y, en el intento de ser el suertudo, retomaron su activismo.
La respuesta solo la daría un imposible viaje al futuro, pero la lista de presuntos ya está sobre la mesa: Olga Sosa, José Ramón Gómez Leal, Carmen Lilia Canturosas, el propio Carlos Canturosas y Tania Contreras, todos preocupados por lo que el gran elector piense y diga de ellos, y obsesivamente pendientes de ello.
Tendrán que pensar seriamente antes de tomar una decisión al estilo Tatiana. Algunos de ellos pertenecen a grupos de poder en apuros; otros tienen que pensar cómo les irá después de octubre de 2028 si no se alinean con el nuevo inquilino de Palacio, o simplemente buscarán aferrarse al presupuesto. Lo que decidan antes definirá su suerte.
Tatiana se la juega cuando suelta la lengua porque ya nada tiene que perder. Por lo pronto, en Nuevo León, Morena está fuera de los espacios de poder, es simplemente un opositor más en un terreno minado, donde hay otras fuerzas con alcances suficientes para aspirar a gobernar el estado.
En Tamaulipas es diferente el entramado: aquí el poder está en manos de Morena, hay una evidente alianza entre la presidenta y el gobernador, quien controla las instituciones, incluido el aparato coercitivo, y las fuerzas políticas están tan polarizadas que difícilmente habrá un acuerdo entre ellas antes de la gran decisión. Después, quién sabe, pero son demasiados los rencores acumulados y será necesario un fuerte arbitraje que podría cambiar el escenario actual. Las fotos instantáneas que ahora se divulgan hablan muy poco del futuro.
Durante décadas el PRI enseñó a sus aspirantes a perder con disciplina. Fidel Velázquez hizo célebre la frase “el que se mueve no sale en la foto”, y el derrotado de la sucesión solía salir de ella con una embajada o una senaduría. En Tamaulipas se sabe cómo acabó esa disciplina: el partido que la sostuvo perdió el estado en 2016. La encuesta de Morena no trae ese manual ni al árbitro que repartía premios de consolación, y por eso los berrinches de hoy y la prisa por salir en todas las fotos.
El triunfalismo anticipado que se veía en el rostro de las y los aspirantes ha quedado atrás; sus asesores de imagen batallan para administrar sonrisas, gestos de ira, accidentadas entrevistas de prensa y una falsa amabilidad cuando se encuentran con sus adversarios. Los gestos que pretenden reflejar afecto en realidad deben interpretarse como contenidos recordatorios maternales.
Por todo lo anterior, la euforia que se exhibe en las redes solo genera escepticismo y, a veces, pena ajena. Hay incertidumbre, desasosiego, incapacidad para asumir que es una competencia en la que podrían ser derrotados, y no les queda más que insistir para llamar la atención de la presidenta o del gobernador con promesas continuas de lealtad eterna.
Conclusión: Tatiana Clouthier todavía sonreía en las fotos cuando la encuesta la dejó con un palmo de narices, en Tamaulipas todos prodigan abrazos, pero nadie sabe qué va a pasar el día que uno de ellos gane el premio mayor; veremos entonces quién pela los dientes… aunque a nadie le conviene respingar,





