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Un gobierno sin decencia

  • noviembre 5, 2026
  • 7:44 am

El Faro/Francisco De Asís

La mañanera frente a los hechos que incomodan al poder

“¿Es que no tiene usted ni pizca de decencia, señor? ¿Acaso ha perdido por completo el sentido de la decencia?”.

El 9 de junio de 1954, en una audiencia televisada del Senado de Estados Unidos, Joseph McCarthy mencionó a Fred Fisher, un joven abogado del despacho que representaba al Ejército. Fisher había pertenecido a una asociación que el senador vinculaba con el Partido Comunista.

En aquellos años, la insinuación bastaba para poner en peligro una carrera. Joseph Welch, abogado del Ejército, le hizo aquella pregunta. Le pedía que respondiera qué estaba haciendo con el poder de su cargo, sin esa decencia, esa virtud que lleva a comportarse con recato, honestidad y respeto hacia los demás.

En México, Claudia Sheinbaum dispone cada mañana de una tribuna para explicar sus decisiones. Pero cuando una noticia pone en duda la eficacia o la honestidad de su administración, con frecuencia dedica parte de la conferencia a descalificar a quien la difunde, a desviar la atención hacia un dato favorable o a defender a los suyos antes de esclarecer los hechos. En los siguientes casos, la decencia exigía examinar lo ocurrido y responder por ello.

El 14 de octubre, tras una marcha de trabajadores del IMSS inconformes con la propuesta salarial y la falta de insumos, la presidenta mostró una toma aérea e invitó a contar asistentes. Reconoció demandas legítimas, pero calificó de oportunistas a algunos políticos. Así desplazó la discusión de lo que reclamaban a cuántos eran y quiénes se habían sumado. Días después, tuvo que admitir que la mayoría había rechazado la primera propuesta salarial, además del rechazo de los trabajadores a su liderazgo.

“No te vayas a enfermar, no tenemos material”, gritaban los trabajadores. Por esos días, el director del IMSS informó que el surtimiento de recetas promediaba el 94 por ciento. Quedaba por explicar qué medicamentos faltaban, en qué hospitales escaseaba el material y qué atención se aplazó por esa causa. Desde Palacio se invitó a contar manifestantes. Ellos salieron a decirnos con qué recursos atendían a los enfermos; ella desvió la atención hacia el número de participantes.

En agosto, desde esa tribuna, la presidenta habló de “una televisora que se la pasa mintiendo sobre nosotros”. Si una nota es falsa, que diga cuál, muestre pruebas y pida rectificación; no puede generalizar. Descalificar a todo un medio es pedirnos que desconfiemos incluso de la investigación que todavía no ha publicado.

Tras la renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE, Sheinbaum sostuvo que no militaba en Morena, como si la afiliación resolviera la cuestión de fondo. Varios familiares de Taddei han ocupado cargos en gobiernos de ese partido. Queda por explicar quién respaldó políticamente a la consejera y por qué se concentró en la presidencia del INE la facultad de hacer nombramientos que antes requerían la aprobación del Consejo General. ¿Se devolverá esa facultad? La respuesta sobre la militancia deja intacta la pregunta. Así funciona una media verdad.

La renuncia tampoco borra lo ocurrido en 2024. Morena, el Verde y el PT reunieron el 58.39 por ciento de la votación computada y obtuvieron el 72.8 por ciento de las diputaciones. El INE aplicó el límite de ocho puntos porcentuales por partido y el Tribunal Electoral confirmó la asignación. Esa interpretación burló el propósito del límite constitucional. Al contar por separado a los partidos, se permitió que juntos obtuvieran una mayoría suficiente para aprobar reformas constitucionales. Que el Tribunal haya avalado el reparto no implica que se haya respetado el sentido de la norma.

En abril, fiscales federales de Nueva York acusaron a Rubén Rocha Moya, al senador Enrique Inzunza Cázarez y a otras ocho personas de participar en una presunta conspiración de narcotráfico vinculada al Cártel de Sinaloa. Los señalados tienen derecho a la presunción de inocencia. La Fiscalía mexicana informó que abrió una carpeta y entrevistó a los diez. En octubre, la investigación seguía sin concluir, estaba congelada. Pruebas, pruebas, pruebas. De acuerdo. Pero México no ha hecho las investigaciones necesarias.

Hannah Arendt escribió en “Verdad y política” que “la libertad de opinión es una farsa si la información sobre los hechos no está garantizada y los hechos mismos están en disputa”. Para juzgar a un gobierno necesitamos conocer también los hechos que lo incomodan. Y la decencia se pone a prueba cuando debe reconocer una falla propia, revisar una decisión que lo benefició o exigir cuentas a un aliado con el mismo empeño con que se las exigiría a un adversario.

Nos toca a los ciudadanos hacerle a la presidenta la pregunta de Welch.

Presidenta, ¿acaso ha perdido por completo el sentido de la decencia?

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