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Algo de Historia entre Los Indios y el Nuevo Santander. Arqueóloga Francisco Mendoza Pérez.

  • agosto 16, 2026
  • 12:21 pm

Por Arqueólogo Francisco Mendoza Pérez.

En el siglo XVI, Tamaulipas era justamente la bisagra entre dos mundos. Y se notaba. El modus vivendi de cada región era distinto: al sur, cultivadores; al norte, guerreros y cazadores. Estos últimos, a fin de cuentas, sustentaron el poder en la Gran Mesoamérica; del lado norte se encontraba la Gran Chichimeca. Tamaulipas quedó entre esos dos mundos y por eso es tan importante.

Mitad sur: Mesoamérica. Mitad norte y centro: Aridoamérica. No había una línea definida, sino un mosaico que se traslapaba de acuerdo con el clima y el medio ambiente.

La Prehistoria en Tamaulipas abarca desde que llegaron los primeros humanos, hace unos 12 mil años, hasta la llegada de los españoles.

El Paleoindio comprende entre 12,000 y 7,000 a. C. Eran los primeros cazadores; vivían de mamuts, bisontes y recolectaban plantas, semillas y frutos, entre otros recursos. Dejaron restos de su industria lítica, como piedras y puntas de proyectil Folsom y Clovis, además de las locales Lerma, con las que cazaban mamuts.

El Arcaico va de 7,000 a 2,000 a. C. El clima cambió y se volvió más seco. Los grupos humanos se adaptaron al desierto y nació el modo de vida aridoamericano: cazaban venados, recolectaban y molían mezquite, nopal y maguey, y comenzaron a elaborar cestería y redes. Aquí se ubican los cazadores-recolectores.

En el Preclásico Tardío, de 2000 a. C. a 200 d. C., al sur de Tamaulipas llegó la influencia mesoamericana. Los huastecos desarrollaron la agricultura y centros ceremoniales, cultivando frijol, chile y calabaza, mientras que el norte continuó siendo nómada. Aunque en Balcón de Montezuma, hacia el 800 d. C., ya se realizaba mutilación dentaria.

Podemos decir que el sur de Tamaulipas era huasteco, aunque muy fronterizo. En medio se encontraba un área transicional en donde prevalecían ambos modos de vida: cazaban, pero cuando era posible también cultivaban. Esto sucedió desde latitudes muy noresteñas, incluso en Texas y Nuevo León.

Hasta 1548, cuando tenemos el primer censo real —la Suma de visitas—, todo el suroeste de lo que hoy es Tamaulipas era Huasteca.

Los huastecos eran sedentarios, agricultores de maíz y vivían en pueblos con caciques y templos; posteriormente fueron tributarios de los españoles. Llegaban hasta El Chamal, Ocampo, el río Tamesí y Tanchipa, Tanapechis y Tancaxual, arriba de Mante. Hasta el río Soto la Marina se ha encontrado cerámica huasteca posclásica.

Esa cerámica era llevada por comerciantes ambulantes hasta Llera, Tamaulipas, y posiblemente casi hasta Ciudad Victoria, aunque esto no está comprobado por razones de investigación. Aparentemente, hacia el norte del Huizachal, en la Sierra Madre, existe cerámica huasteca, al igual que hacia la costa, en las bahías de Matamoros y Matagorda, en Texas.

Entre esos pueblos de agricultores quedaban espacios de monte donde ya vivían bandas de cazadores-recolectores. Al parecer mantenían un modus vivendi en el que se toleraban, como debió suceder hacia Chak Pet, en Altamira, donde convivieron con cazadores-recolectores. Después se establecieron ligas entre tenek (huastecos) y janambres —muy probablemente descendientes de lipanes— por el interés de la sal. Estos lipanes seguramente fueron quienes celebraron sus mitotes conjuntamente con los janambres.

El centro y norte: los nómadas chichimecas

Del centro de Tamaulipas hacia el norte —donde se ubican Victoria, Llera, Jaumave y todo el camino hacia el Bravo— imperaba otro patrón: el de los grupos que los mesoamericanos llamaban despectivamente chichimecas, “los que chupan sangre” o “los del linaje de perros”.

No era un solo pueblo. Eran decenas de pequeñas bandas de entre 20 y 50 personas, del tronco lingüístico coahuilteco y con una gran movilidad.

Los janambres fueron los más conocidos del centro. Según los etnohistoriadores, eran intrusos recientes que habrían cruzado la Sierra Madre por Jaumave desde el lado guachichil. Por eso, el mapa de Ortelius de 1585 escribe Guxutxiles Gens sobre Tamaulipas.

Eran descritos como bravísimos y maestros de la emboscada. Vivían en grutas y peñascos de la Sierra, y en ocasiones en chozas de carrizos. El INAH encontró en 2023 un entierro en el Cañón del Huizachal, a 30 kilómetros de Ciudad Victoria, que correspondería al primer esqueleto janambre. El hallazgo aporta información relevante porque estos grupos casi no dejaron rastro, pues utilizaban principalmente materiales perecederos. Sin embargo, aún falta conocer más sobre medidas taxonómicas, genomas y otras características de estos grupos.

En esta región central y franja fronteriza de Tamaulipas se desenvolvieron grupos conocidos como los rayados, debido a la forma de sus tatuajes corporales: unos con rayas gruesas y otros con rayas delgadas.

También estaban los pisones, pames, carrizos y pintos: los carrizos a orillas del Bravo, los pintos en el Conchos y los pames en la sierra. Grupos similares se encontraban en Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí e incluso Veracruz, y también se hicieron presentes tardíamente en Tamaulipas.

Su forma de vida representaba una de las adaptaciones más arcaicas y exitosas del Nuevo Mundo, heredera del Pleistoceno Final.

No tenían casas fijas. Seguían el agua, el venado cola blanca, el conejo, el jabalí y las temporadas de recolección de mezquite, tuna, raíces, nueces, calabazas, maguey, peyote y tabaco, entre otros recursos.

Su tecnología era ligera: arco y flecha, pieles, cestas y redes. Por ello, arqueológicamente se conoce relativamente poco sobre estos grupos.

Su organización se basaba en bandas familiares sin un jefe permanente. Se reunían principalmente para cazar o combatir.

Fray Simón del Hierro decía que “solo vivían de la rapiña, o si no de frutos silvestres y raíces” y que repudiaban la misión porque implicaba sedentarizarse y convertirse en agricultores. Eran recolectores y no querían convertirse en peones ni permanecer bajo resguardo español.

Justamente por ello, cuando en el siglo XVI llegaron los rebaños trashumantes de ovejas de Nuevo León por Jaumave y los españoles comenzaron las redadas esclavistas, estos grupos se convirtieron en uno de los principales obstáculos para la colonización.

No es casual que Tamaulipas no pudiera ser colonizado sino hasta la llegada de Escandón, en 1748-1749, después de dos siglos de guerra chichimeca. Fue en este territorio donde surgió la cuera tamaulipeca de siete pieles para proteger a los soldados, conocidos como los Cuerudos del Rey, de las flechas de los indígenas, pues debido al calor no soportaban los jubones ni las armaduras de metal.

En resumen, en el siglo XVI convivían en Tamaulipas dos economías. Al sur, la de los agricultores huastecos, cuyo comercio llegaba hasta Texas; al norte, la de cazadores como los janambres, que bajaban de la sierra a cazar en las Mesas Prietas de Llera. En medio existía una zona de transición donde estos grupos se encontraban, peleaban y, en ocasiones, intercambiaban productos.

Una vez establecido el Nuevo Santander, muchos de estos grupos indígenas se aliaron con los españoles y participaron conjuntamente en el levantamiento y poblamiento de la nueva provincia, anteriormente identificada como el lugar de los lipanes o de los Montes Altos.

Resulta relevante señalar que muchos de estos grupos de Tamaulipas no requirieron construir estructuras permanentes, por lo que no existen sitios arqueológicos monumentales que los ejemplifiquen. Sin embargo, algunos de sus materiales y costumbres persisten entre la población, principalmente en la región central y en lo que denominamos la Región Alta del Poniente, antes Cuarto Distrito.

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