En publico/Nora Marianela García Rodríguez
En mayo de 2023 Tamaulipas escuchó en Tampico la promesa de un sistema de salud de
primera, con abasto de medicinas al 100%; tres años después, la lista de faltantes en los
hospitales públicos del estado la encabezan los fármacos contra el cáncer.
Entre una fecha y otra no pasó una catástrofe, pasó una cadena de suministro federal que
promete en conferencia matutina y queda a deber en la ventanilla de la farmacia del hospital,
donde el porcentaje se convierte en persona.
La entidad cumplió de buena fe su parte del acuerdo, transfirió sus 16 jurisdicciones sanitarias,
18 hospitales de segundo y tercer nivel y más de 300 centros de salud al IMSS Bienestar, junto
con su equipamiento y su plantilla laboral.
El organismo se presentó como el sistema público más grande del planeta, 707 hospitales y 13
mil 966 centros para 53.2 millones de personas sin seguridad social; el convenio con
Tamaulipas anunció inversión inicial de 3 mil 279 millones de pesos.
Los porcentajes oficiales nunca coinciden entre sí: el 27 de mayo la delegación estatal del
IMSS Bienestar reportó entre 92% y 94% de abasto en hospitales y aseguró que los
tratamientos oncológicos estaban completamente cubiertos.
El 24 de junio, desde el Congreso local, se sostuvo que el abasto rondaba entre 95% y 96%,
que el desabasto había sido un problema real pero ya estaba resuelto; la realidad tardó tres
días en responder.
El 27 de junio el delegado del IMSS admitió un abasto de 95%, lo calificó de insuficiente y
anunció la Compra Emergente para resurtir recetas en un máximo de 72 horas, y cuando el
remedio se llama emergencia, la emergencia ya lleva rato instalada.
A mediados de julio los dirigentes sindicales del sector describieron equipos fuera de servicio y
personal que se coopera de su bolsillo para atender pacientes, señalamientos que alcanzan al
Hospital Regional de Alta Especialidad de Victoria.
El 13 de julio el nuevo secretario de Salud estatal reconoció que no existía un diagnóstico sobre
la magnitud del faltante, y por instrucción del gobernador ordenó revisar almacenes y rutas de
distribución del sistema federal.
La Secretaría estatal comprometió insumos propios como fondo de respaldo para las clínicas
federales con mayores vacíos; la delegación del IMSS Bienestar ya había admitido en mayo
que los faltantes se completan con apoyo del gobierno del estado.
Para el 27 de julio, según señalamientos del personal médico, la lista de ausencias la
encabezaban ciclofosfamida, vincristina, doxorrubicina, metotrexato y trastuzumab, junto con
fármacos para diabetes, hipertensión y padecimientos neurológicos.
Dos meses antes esos tratamientos estaban oficialmente cubiertos al 100%; un cáncer no
negocia plazos de 72 horas y un ciclo de quimioterapia interrumpido no se repone con un folio.
Mientras tanto la aritmética federal cuenta otra historia, el 31 de marzo la Presidencia celebró
un abasto promedio superior a 97% en IMSS, ISSSTE e IMSS Bienestar, con apenas 3% de
faltante reconocido.
No obstante, en febrero de 2025 la subsecretaría federal del sector había admitido hasta 35%
de recetas sin surtir adecuadamente en el IMSS Bienestar, y entre el 3% y el 35% cabe algo
más que un error de redondeo, caben dos maneras de contar.
El abasto oficial se mide en el almacén y no en la ventanilla, se reporta por piezas entregadas y
no por tratamientos completos, de ahí que el porcentaje celebrado conviva sin sonrojo con la
fila del paciente que vuelve a casa sin su medicina.
Los promedios altos esconden denominadores enormes, solo el IMSS surte más de medio
millón de recetas diarias en el país, así que cada punto de faltante son miles de familias
buscando el medicamento por su cuenta.
El sistema ya institucionalizó su incumplimiento con el Trato Digno, el teléfono 079,
recetacompleta.gob.mx, la megafarmacia y la Compra Emergente, ventanilla paralela para
administrar lo que falta; cada rediseño admite que el anterior falló.
Tamaulipas aprendió pronto esa ruta de excepción, el informe del colectivo Cero Desabasto con
datos de 2023 lo ubicó entre las cinco entidades con más solicitudes concluidas ante la
megafarmacia, cuando la regla ya venía fallando.
El trasfondo es presupuestal, la función salud de 2026 equivale a 2.6% del PIB según el CIEP,
menos de la mitad del 6% que recomienda la Organización Mundial de la Salud; ninguna
logística compensa un financiamiento corto.
Peor aún, el presupuesto de medicinas para la población sin seguridad social, justo la que
atiende el IMSS Bienestar, trae un recorte de mil 819 millones de pesos frente a 2025, mientras
el incremento del rubro se concentra en el IMSS ordinario.
Opera así una cadena donde el centro compra y distribuye, y se califica a sí mismo, con el
tramo final cubierto por el bolsillo del paciente, la cooperación del personal y los insumos
estatales; el derecho se completa en privado.
La norma promete otra cosa, el artículo 4o constitucional garantiza la protección de la salud y el
acuerdo de federalización ofreció un sistema gratuito con abasto total; cada receta sin surtir es
un incumplimiento con fecha y expediente.
El lenguaje hace su parte, se dice resurtimiento donde hay escasez y alternativa B donde falta
el tratamiento indicado; el poder narra la carencia con vocabulario de logística para que
parezca gestión y no ausencia.
El faltante discrimina, golpea a quien depende por completo del sistema público y se ensaña
con el enfermo crónico o el oncológico, mientras quien puede pagar resuelve en la farmacia
privada; el desabasto convierte un derecho en poder adquisitivo.
Del sistema de primera prometido en 2023 quedan las ventanillas de excepción y una lista de
quimioterapias en espera; en Tamaulipas la salud ya es federal, la falta de medicinas también.





