Finanzas Familiares / Angélica G. González López
Cuando una familia abre una cuenta bancaria, solicita un crédito o deposita los ahorros de toda
una vida, generalmente la decisión se toma por costumbre, cercanía o porque “siempre hemos
estado en ese banco”. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a preguntarnos si esa
institución realmente ofrece las mejores condiciones para administrar nuestro patrimonio. La
respuesta puede parecer irrelevante, pero tiene implicaciones que van mucho más allá de la
comodidad de una aplicación móvil o la ubicación de una sucursal.
Recientemente, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) dio a conocer la
Resolución Final de la Evaluación de Desempeño de las Instituciones de Banca Múltiple 2025.
De las 49 instituciones evaluadas, 46 obtuvieron un resultado satisfactorio, dos presentaron
observaciones y tres fueron calificadas como no satisfactorias.
Pero, el verdadero impacto de estos resultados no es la presentación de un ranking de bancos,
sino en ofrecer a los usuarios información que les permita tomar decisiones más informadas
sobre dónde depositan y administran su dinero.
Es importante aclarar qué significa esta evaluación y, sobre todo, qué no significa. La propia
SHCP señala que evaluación no mide la solvencia, liquidez o estabilidad financiera de las
instituciones bancarias. Es decir, un banco con resultado satisfactorio no necesariamente es el
más sólido financieramente, mientras que una institución con observaciones no implica que el
dinero de sus clientes esté en riesgo.
Cabe señalar que, lo que realmente se evalúa es la manera en que cada banco contribuye al
desarrollo económico del país mediante su actividad de intermediación financiera y la calidad
de los servicios que ofrece.
Desde la teoría económica, Douglas Diamond explicó que los bancos existen porque reducen
los costos de información entre quienes ahorran y quienes necesitan financiamiento. En lugar
de que cada persona busque directamente a quién prestarle sus recursos, las instituciones
financieras reciben los depósitos de millones de ahorradores y los canalizan hacia créditos para
familias, empresas y proyectos productivos. Gracias a este proceso, el ahorro privado se
convierte en inversión, empleo y crecimiento económico.
Para las familias, esta información permite responder dos preguntas distintas que con
frecuencia se confunden. La primera es si el dinero está seguro. En México, los depósitos
bancarios cuentan con la protección del Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB)
hasta el monto establecido por la legislación vigente. La segunda pregunta es mucho más
amplia: ¿mi banco realmente trabaja a favor de mis finanzas? Esa respuesta depende de
factores como las comisiones, atención al cliente, opciones de ahorro, acceso al crédito y
calidad de los productos financieros que ofrece cada institución.
Y, es aquí donde aparece un problema que la economía denomina asimetría de información. La
mayoría de las personas no disponen de tiempo ni del conocimiento necesario para compara
comisiones, tasas de interés o productos de inversión. Esta situación da como resultado que
muchas familias permanecen durante años con el mismo banco simplemente por inercia, no
porque se haya evaluado objetivamente si la institución actual es la mejor alternativa para las
necesidades del individuo.
Este comportamiento también tiene implicaciones patrimoniales. Por ejemplo, ahorrar no
consiste en guardar dinero, implica administrarlo de manera que conserva e incremente su
valor con el paso del tiempo. Por tal motivo, es importante elegir adecuadamente un banco que
te ofrezca una cuenta de ahorro que ofrezca rendimientos mayores a la inflación.
Es por esta razón que la evaluación que publica Hacienda no pretende decirles a los mexicanos
en qué banco deben abrir una cuenta. Sino que su propósito es proporcionar elementos
objetivos para comparar instituciones y fortalecer la competencia dentro del sistema financiero.
Al final, las finanzas familiares no dependen únicamente de cuánto dinero ingresa al hogar.
También están determinadas por las decisiones que se toman para administrarlo. Por lo que
elegir una institución financiera informándose sobre su desempeño, comparar los productos
disponibles y revisar periódicamente si siguen respondiendo a las necesidades de la familia son
acciones sencillas que pueden marcar una diferencia importante en el bienestar económico de
largo plazo. Porque cuidar el patrimonio no comienza cuando se invierte una gran cantidad de
dinero, comienza con la decisión cotidiana de confiar nuestros recursos a la institución
correcta.





