LABERINTOS DEL PODER/José Azpeitia
Hoy, si me permiten, me alejaré un poco de la política para abordar un tema que durante años y
especialmente en los últimos meses cercanos, ha ocupado espacios extensos en diversos
sectores.
Me refiero al uso de teléfonos celulares en la niñez. Específicamente ahora, en los alumnos de
enseñanza básica y media.Tamaulipas no ha sido una excepción en esas acciones.
A coro, docentes, pedagogos, sociólogos y políticos claman por el control de ese tipo de
comunicación. La justificación es, como acostumbra decir hoy la actual generación del poder,
que es por el bien de todos. Aplaudo el objetivo, pero me parece que el tema requiere
profundizar algo más que en el simple bloqueo de esos aparatos.
Expongo aquí dos aspectos que considero pertinentes.
El primero: No me opongo a la prudente regulación de esa modalidad comunicacional en las
edades. tempranas, porque, todos lo sabemos, hasta lo que es muy bueno termina mal si se
abusa de ello, pero tengo una observación para quienes intentan aplicar controles sobre su uso
dentro de los planteles.
Si realmente queremos tener avances entre los niños en ese sentido, empecemos con
nosotros, los adultos. Con todos los que pedimos reglamentar los teléfonos y en lo personal
somos adictos, por gusto o por necesidad, de los mismos.
Haga una pequeña prueba en un café, en una oficina, en un parque, en cualquier lugar donde
se reúnan personas. Nueve de cada diez si no es que todos, lo consultan casi sin interrupción,
cerca físicamente pero alejados en su interrelación. ¿Cómo pedirles a los pequeños que no lo
usen si nosotros recurrimos al celular como el sediento al agua?
Ojalá los adultos diéramos el ejemplo de la nocivo que puede ser para la salud el exceso de
actividad con esas herramientas. Recordemos que para los niños el ejemplo es el mejor
aprendizaje. ¿Estamos dispuestos a ese cambio?
El segundo factor que expongo, es un estudio sobre los efectos del celular en la falta de
socialización y el desapego a la lectura. Un studio de universidades finlandesas como Eastern
Finland, apunta a una relación más compleja de lo que suele asumirse: en la mala fama de
teléfonos y tabletas.
Oh sorpresa: El estudio arrojó que una mayor exposición a las pantallas durante la infancia se
asocia con un mejor procesamiento cognitivo durante la adolescencia.
En un universo de 260 participantes, 124 chicas y 136 chicos, con una edad media de 15,8
años, se evaluaron aspectos como el aprendizaje, la atención y la memoria.
Quienes habían declarado pasar más tiempo frente a pantallas desde la infancia
presentaban mejores tiempos de reacción, mayor precisión en las pruebas de memoria y, en
términos generales, un mejor procesamiento cognitivo durante la adolescencia frente al resto.
¿Sí o no es positivo su uso?
Como decía el genial Cantinflas: Ahí está el detalle…
QUE NO SEA EL DINERO EL IMPEDIMENTO
En la cauda de malas noticias que inundan al país, es refrescante encontrarse con buenas
nuevas. La Universidad Autónoma de Tamaulipas está incorporando a su alumnado de bajos
recursos económicos a integrarse al programa Beca Futuro Tamaulipas, Jóvenes de Nivel
Superior, que impulsa el Gobierno del Estado a través del ITABEC.
El objetivo es plausible por donde se le vea. La meta es que ningún estudiante abandone las
aulas por cuestiones socioeconómicas. En este escenario, la UAT dispone de una red de
enlaces y personal de orientación en cada una de sus dependencias académicas para guiar al
alumnado en la gestión de este trámite e inclusive acompañarle en el proceso de postulación.
Si dos palabras pueden definir a este beneficio, serían en mi opinión equidad e inclusión. Y si
es para la formación profesional, es aún más importante…
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