Crónicas de la calle/Rigoberto Hernández Guevara
En alguna parte está el nombre propio anotado. Cada uno de nosotros los mortales tenemos un
adjetivo, un nombre de pila y un apodo por extensión de dominio. Alguien, nunca se sabe quien
o qué institución nos vio salir, quien rajó leña de nuestro nacimiento y en corto nos registraron
por primera vez. Y pasaron los años.
Hay listas de todo, tipo, de todos los gustos y géneros. La inolvidable lista de un salón de
clases que no vuelve a juntarse, la lista de beneficiarios, la lista de empeño, la lista del
mandado, el listado del INE, la lista de convocados a la selección, la lista de regalos, la lista de
invitados, el menú, la lista de Shindler, la lista de pasajeros, la revista de soldados.
Estamos en una larga lista de espera y la gente se desespera. En caso de una necesidad, más
si osare un extraño enemigo, nadie escapa- así como quien se da a la fuga- de no hacer el
servicio militar y piensan que nadie sabe dónde trabaja, y cómo se llama la muchacha con la
que piensa casarse. Irán por él y le darán un fusil al sonoro rugir del cañón. A ella también.
El primer reporte de nuestra existencia contendrá el registro con el nombre y datos que se
llaman generales pero que son puntuales para los preguntones de la posteridad, y para que
nadie tenga dudas de todos modos Juan te llamas, de aquí eres, y así te apellidas aunque
después no quieras.
Te encontrarán si pretendes esconderte y si te andan buscando para darte un premio no te
encontrarán, lastima Margarito, no encontramos el FOVISSTE donde dice usted que vive. Siga
participando. Si alguien te busca te puede ubicar en un minuto del Google, chance en menos.
Podrás alegar que la imagen fue creada con Inteligencia Artificial por un bot.
Desde la prehistoria nos registramos en las cuevas, hay huellas tremendas de hombre
gigantes, fémur de animales que dicen existieron y no más los corridos quedaron luego de
millones de años. Estaremos aquí por un tiempo. Registramos la realidad y la fantasía,
registramos lo sueños, lo no palpable, lo que a veces no existe y sólo es un alarde.
Estamos registrados en la memoria de todas las cosas, e hicimos un registro propio, un
inventario, un guardarropa, un estilo de vida para dejar nuestra huella imborrable de pies
descalzos por la tierra. El sofá contiene el molde de mis nalgas. Cuando llego ladra un perro y
se antoja una caguama.
Todo el mundo pregunta datos generales. Cada dato es una nota informativa de la relevante
existencia. Con sus datos personales un hombre podría cubrir un periódico diario durante su
existencia. La vida sigue aportando lugares, escenarios donde ignoran nuestra presencia y eso
es lo bonito pues quedan lugares para uno solito.
Si estás en la lista pasas, si no no. Traspapelaron o borraron el nombre y luego de dos horas te
cambias el nombre y ya quedó. Nunca se sabe lo que pasó y el asunto se pierde entre millones
de registros en el mundo y millones de errores consumidos por el consumidor a la hora de
volver a la semana siguiente con el dato correcto. Sin daños a la propiedad.
Uno está registrado en miles de sitios y todos los caminos en lugar de llevar a Roma llevan a
uno, ignoro si para bien o para mal un mundo nos vigila, desde otro país podría ubicarme,
desde otra ciudad sabrán donde trabajo, cuando me busquen saben donde vivo, en el barrio
deje tatuada mi ensignia.
Me dicen fulano de tal y soy un tal por cual, así nomas, anotele ahí que soy hombre de viste y
calza, registre las fechas, los homenajes, los días feriados y los de fiesta. Todos estamos
anotados la vez de la reunión en la que se le dio vuelo a alguien, estamos sin querer en una
lista de despensas, una lista anotada en Ia barda verdosa del alegre barrio. La lista es tan
importante que igual de importante y trascendente es no estar en ella.
HASTA PRONTO





