Crónicas de la calle/Rigoberto Hernández Guevara
El taco es el tacuche que te das cuando arribas de chiripa a un cargo y desde ahí, arriba del
ladrillo, inicias la campaña por la presidencia de la República o por la alcaldía de la Colonia
Moderna. Taco es el alimento preferido de los mexicanos al grito de guerra y con bastante chile.
En automático y por genética tienes hambre y piensas en una tortilla, aunque sea echa a mano,
con copia y tostada para el viejo.
El taco está de moda y darse el taco es lo que enamora, son dos frases que enamoran pero
también depende de quien las use. Ahora que el saco no a cualquiera le queda y al que le
queda no se lo pone. Un traje completo como en mi caso, no se ofenda si también es su caso,
el de usted, con saco parece un tamal envuelto. No se ofenda, pero se le ve cara de candidato.
El taco es un sencillo instrumento indispensable para jugar billar sea de mesa o de bolsillo. Un
gran maestro del billar hace carambola a la primera con un taco de madera desgastada. Un
taco a nadie se le niega. Dos de tripa y cinco de bistec es abuso. Y un cocón.
En Reynosa la calle Oaxaca era la calle del taco, no que ahí viviera el taco, aunque casi. La
banda de Reynosa pide encarecidamente que se reabra ese faro de oportunidad para jóvenes
emprendedores y si pueden hacer un museo del taco también. La idea es de gorra. En Victoria
la avenida 16 tiene buenas y tradicionales taquerías cuyos establecimientos suelen cerrar a las
2 de la mañana.
Tacos sin embargo son tachones para golpear el balón profesional de fútbol. Aunque no le
pegues y en un exceso mandes el balón al otro lado del estadio donde están las canchas de
basquet. El balón fue y le pegó a una señora, corrió para la de Berriozábal con una bola de
chiquillos atrás yendo para el otro lado de este sueño que estamos viviendo en el que usted lee
esta columna y la escribo. Increíblemente los mejores jugadores y los más caros jugaron
descalzos como Rigo Tovar en la Treviño Zapata cuando era niño, o como Ronaldiño.
Por siglos, de la tortilla nace el taco, hermano del trole, del elote, del pemole, del tostado de
rancho, los rancheritos, de la migada, del aceite, del esquite, de las palomitas, las gorditas,
todos hijos del maistro nando. Dicen que el maíz no es de este planeta, ya ve como es la gente.
Que fue un obsequio de los marcianos a los mexicas en tiempos de seca, sin tortillas y ninguna
tortillería abierta, aunque fueran de maseca.
Cerca del estómago con chingos de hambre está una tortilla. Hay un varo en medio pues nadie
anda dando nada. El tomas la tortilla con la mano izquierda y la enrollas perfectamente, lo
haces desde niño, le agregas un puño de sal, tapas un lado con el dedo chiquito para que no
escurra y para adentro. Adentro del estómago no hay nada, de modo que te prendes de la llave
y das un buche de agua. Y respiras, antes de correr el pisa y corre.
Todo el mundo sabe que el taco aguanta una paseada. Aguanta las brazas al rojo vivo, el taco
son dos mordidas, en alguna parte debe existir el intructivo del taco por si usted quiere una
maestría.
Si tienes hambre, de lejos el taco te hace ojitos, contrario a cuando te quieres echar un taco de
ojo. También comes cuando hay y la variedad de guisos es todo un completo patrimonio de la
humanidad y en ocasiones un milagro. Hay, como en todo, tacos bien surtidos y otros que
fingen demencia, hacen la finta. Y recuerde que el taco se enguye en cualquier parte con la
morra en la banqueta, mientras piensas otra cosa, en el autobús o en la montaña, sobre una
piedra.
No obstante la tortilla, sea cual sea su condición social, por alguna razón desconocida y por
arte de magia aparece en la mesa. Luego el desfile de guisos y de personas que se alborotaron
con el olor y la posibilidad no muy lejana de que te caiga un taco y no traes nada en la panza.
HASTA PRONTO





