La Talacha/ Francisco Cuéllar Cardona
La campaña negra, de ataques sistemáticos contra la marca Morena y lo que representa todo lo
que se denomine Cuarta Transformación, incluso la ofensiva despiadada de la derecha
mexicana, afirmando que atrás del Movimiento de Regeneración Nacional está el narco y la
delincuencia organizada, sí ha impactado negativamente la imagen del partido que gobierna el
país y la mayoría de los estados.
El lodo lanzado en su contra lo ha llevado a perder entre un tres y un cuatro por ciento del
electorado que tenía antes de la elección de 2024, que llevó a Claudia Sheinbaum a la
Presidencia.
Sin embargo, para el desagrado y las rabietas de la oposición reaccionaria del PRIAN, Morena
cuenta, hasta el mes de agosto de 2026, con la preferencia abrumadora de las y los mexicanos.
Dicho de una manera contundente, a partir de los números de las encuestas, Morena ganará
tooodo en 2027 en el país, y no se diga en Tamaulipas, en donde las mediciones más recientes
colocan al partido por encima del 40 por ciento en la mayoría de sus municipios.
De acuerdo con la encuesta de De las Heras Demotecnia, levantada del 2 al 6 de agosto en
todo el país, Morena se mantiene como la fuerza política dominante en la escena nacional,
rumbo al proceso electoral de 2027, con una ventaja de más de 30 puntos sobre sus principales
competidores.
La contundencia de los números echa abajo cualquier narrativa de los adversarios.
Según De las Heras, así está Morena: 44%; PAN: 9%; PRI: 9%; Movimiento Ciudadano: 7%.
El mensaje de fondo es claro: Morena conserva una ventaja estructural amplia a nivel nacional,
aunque con un sistema de competencia fragmentado en la oposición. En el sondeo de De las
Heras Demotecnia, el partido de Claudia Sheinbaum tiene amplia ventaja en diez gubernaturas;
el PAN, en tres, con posibilidades reales de ganar; el PRI, en dos. Movimiento Ciudadano
mantiene competitividad en dos entidades: Nuevo León y Campeche, pero está desinflado.
En el escenario tamaulipeco, Morena, contra los pregoneros del desastre, está muy fuerte. En
todas las encuestas, 7 de cada diez personas votarán por este partido. La dispersión de más de
25 mil millones de pesos, que llegan a casi un millón de beneficiarios, hace imposible que no se
gane con holgura en 2027. En el diagnóstico del Comité Nacional de Morena, Tamaulipas está
clasificado como uno de los principales bastiones morenistas del norte del país. Incluso colocan
al gobernador Américo Villarreal Anaya como un factor preponderante en esta batalla, a pesar
de la campaña negra que se ha mantenido de forma constante desde que asumió el poder.
La elección del próximo año será, en buena medida, un referéndum sobre la capacidad de
Morena para conservar su estructura territorial, mantener la unidad interna y entregar
resultados desde el gobierno estatal, porque el verdadero objetivo político no termina en 2027.
Está en 2028.
Por eso, la elección intermedia será el primer gran examen para quienes aspiran a suceder a
Américo Villarreal. El gobernador tiene algo que sus antecesores no tuvieron en la misma
dimensión: una estructura política alineada con el proyecto nacional de Morena y una relación
institucional de afecto y reconocimiento con Palacio Nacional que le permite jugar dentro de
una estrategia política de largo plazo. Pero también enfrenta el reto de mantener unido al
morenismo tamaulipeco. La elección de 2027 será, por tanto, algo más que una elección
intermedia. Se estará jugando el 2028 también.
En Tamaulipas, como en el resto del país, el principal riesgo para Morena no parece estar hoy
en la oposición, sino en las posibles fracturas internas.
Ese será el gran desafío de Claudia Sheinbaum y de los liderazgos estatales: mantener la
unidad cuando llegue la hora de repartir candidaturas. Porque las encuestas pueden señalar
una tendencia, pero las candidaturas, las estructuras y los resultados de sus gobiernos son los
que terminan convirtiendo una tendencia en votos.
El mensaje de Ariadna Montiel, presidenta de Morena, este sábado, durante la reunión del
Consejo Consultivo Nacional, debe inscribirse en estas preocupaciones: evitar que el golpeteo
y la guerra sucia entre aspirantes continúen.
Si la fotografía de agosto de 2026 se mantiene, el mapa de 2027 será halagador para el
morenismo y una desgracia para los actores de la derecha prianista y sus voceros, que estarían
tragándose, como ya es su costumbre, sus narrativas insidiosas. Morena, entonces, pese a la
guerra interna y la que se impulsa desde el extranjero, goza de cabal salud. Los números no
mienten.





