Skip to content

jueves 17 de septiembre 2026

  • Tampico
  • Altamira
  • Madero
  • Tamaulipas
  • Veracruz
  • México
  • Mundo
  • Deportes
  • Hellou!
  • Opinión
  • Seguridad
  • Trending
Menu
  • Tampico
  • Altamira
  • Madero
  • Tamaulipas
  • Veracruz
  • México
  • Mundo
  • Deportes
  • Hellou!
  • Opinión
  • Seguridad
  • Trending

Nuestra Independencia

  • septiembre 17, 2026
  • 7:57 am

El Faro/Francisco de Asis

 

“La corrupción se propaga de los que mandan, a los que obedecen.”

—José Fernando Ramírez, 16 de septiembre de 1837.

José Fernando Ramírez pronunció esas palabras durante una celebración de la Independencia. México tenía apenas dieciséis años de vida independiente.

Habló también de cuando “se multiplican las extorsiones y violencia” y “la sed de oro reemplaza la de justicia”.

Era 1837.

Aquellas primeras celebraciones no servían sólo para recordar a los héroes. Eran también una oportunidad para mirar al país que construían: división, violencia, corrupción, leyes, educación y virtudes ciudadanas.

Celebrar también significaba examinarse. La crítica buscaba corregir el rumbo.

La lucha había nacido de muchas inconformidades: crisis de la Corona española, privilegios de los peninsulares, tributos, desigualdad y nuevas ideas sobre soberanía y libertad.

Muchos motivos para rebelarse. No necesariamente un mismo proyecto de país.

En 1812, con Hidalgo fusilado y la guerra lejos de terminar, Ignacio López Rayón dispuso conmemorar el 16 de septiembre. Morelos lo establecería después en los Sentimientos de la Nación porque aquel día “se levantó la voz de la Independencia”.

Celebraban una victoria que todavía no habían conseguido.

México logró separarse de España en 1821. Después tuvo que averiguar cómo convertirse en Estado y nación.

La primera tarea tomó once años. La segunda, prácticamente todo el siglo XIX.

Vinieron imperios, repúblicas, pronunciamientos, guerras civiles e invasiones. Mientras tanto, cada septiembre México volvía a mirarse.

En 1825 la celebración adquirió carácter nacional. Los oradores recordaban a los insurgentes, pero también hablaban de los problemas de la nueva República.

La realidad participaba en la celebración.

En 1847 ni siquiera pudo celebrarse normalmente en la capital. Dos días antes, tropas estadounidenses habían ocupado la Ciudad de México. Aquel 16 de septiembre una bandera extranjera ondeaba sobre Palacio Nacional.

La independencia política no había bastado para garantizar la soberanía.

En 1864 ocurrió una de las escenas más paradójicas de nuestra historia. Maximiliano de Habsburgo, emperador sostenido por tropas francesas, llegó a Dolores y advirtió que “los odios de partido amenazaban minar lo que los héroes de nuestra gloriosa patria habían creado”.

Un emperador extranjero sostenido por un ejército extranjero hablaba de independencia.

La contradicción no necesita explicación.

El imperio duró poco. La ceremonia sobrevivió.

Juárez y los liberales contribuyeron a definir jurídicamente al Estado y restablecieron la República. Con Porfirio Díaz llegaron estabilidad, ferrocarriles, comunicaciones y crecimiento económico; también concentración del poder y profundas desigualdades.

México había conseguido un país. Le había tomado décadas comenzar a construirlo.

En 1896 Díaz hizo trasladar a Palacio Nacional la campana asociada al llamado de Hidalgo.

La campana que había llamado a romper un orden llegaba, ochenta y seis años después, a la sede de otro que finalmente había logrado consolidarse.

Después vinieron la Revolución y los gobiernos posrevolucionarios. Cambiaron hombres, partidos y discursos.

La ceremonia permaneció.

Presidente. Balcón. Bandera. Campana. Héroes. Vivas. Multitud. Fuegos artificiales.

Anoche, desde ese mismo balcón, la presidenta Claudia Sheinbaum proclamó a México “libre, independiente y soberano”.

En los últimos meses ha invocado la soberanía ante las presiones de Estados Unidos y la posibilidad de acciones contra integrantes de la delincuencia organizada: en México deben actuar las instituciones mexicanas.

Pero la soberanía no se ejerce solamente hacia afuera.

También hacia adentro: cuando esas instituciones ejercen autoridad en todo el territorio; cuando nadie paga a la delincuencia para trabajar; cuando podemos vivir sin miedo; cuando la ley protege y educación, salud y oportunidades permiten ejercer la libertad.

Independencia significa no depender de otra nación. Soberanía significa también tener la capacidad de gobernarnos.

Por eso las palabras de Ramírez, pronunciadas hace 189 años, resultan incómodamente cercanas: corrupción, extorsiones, violencia y una sed de oro que reemplaza a la justicia.

No estaba arruinando la fiesta.

Estaba cumpliendo con ella.

Seguimos tocando la campana. Seguimos pronunciando los nombres de nuestros héroes. Seguimos levantando la bandera y gritando ¡Viva México!

Quizá valga la pena recuperar también aquella otra parte de la celebración.

Después de recordar a quienes nos dieron patria, preguntarnos:

¿Qué hemos hecho con nuestra Independencia?

Facebook
Twitter
WhatsApp

DESTACADAS

Nuestra Independencia

ERASMO GONZÁLEZ REFRENDA SU COMPROMISO CON LOS VALORES DE MÉXICO

Diócesis de Tampico y organizaciones de paz exigen esclarecer cr!men de sacerdote

Lista Gran Rodada UAT 14K en Ciudad Victoria

Arnulfo utiliza al SNTE como moneda de cambio

Cazan a fardera tras años de robos

Nuestra Independencia

ERASMO GONZÁLEZ REFRENDA SU COMPROMISO CON LOS VALORES DE MÉXICO

Diócesis de Tampico y organizaciones de paz exigen esclarecer cr!men de sacerdote

Lista Gran Rodada UAT 14K en Ciudad Victoria

Arnulfo utiliza al SNTE como moneda de cambio

Cazan a fardera tras años de robos

Grupo Editorial Expreso – La Razón

Prohibida la copia total y/o parcial del contenido de este sitio web.

Twitter Facebook-f Youtube Instagram Link

SECCIONES

  • Victoria
  • Sur
  • Frontera
  • Mante
  • Veracruz
  • Texas

.

  • Seguridad
  • Deportes
  • México
  • Mundo
  • Opinión
  • Espectáculos
  • ¡No te lo pierdas!

Todos los derechos reservados.

Este sitio web funciona con WordPress . Diseño: Jorge Castillo