Trópico de Cáncer/ Jesús Collado Martínez
La segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Brasil del 25 de octubre definirá si
México conserva a su principal socio ideológico y comercial en Sudamérica o queda aislado
frente al avance de la derecha alineada con Washington. Lula es la cara visible en America del
bloque de naciones que encabeza China a través de su cercanía con la iniciativa Belt and
Road, el Nuevo Banco de Desarrollo, y el BRICS y por lo tanto Lula es el foco principal de
atención y blanco de los ataques de Donald Trump.
La elección presidencial brasileña que se realizó este domingo en segunda vuelta entre Luiz
Inácio “Lula” da Silva y Flávio Bolsonaro no es un asunto ajeno para México. En un continente
que ha virado aceleradamente hacia la derecha en los últimos dos años, Brasil representa hoy
el contrapeso institucional más relevante frente a la influencia de Estados Unidos en la región.
Para el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum, la continuidad de Lula en el Gobierno de
Brasil no solo preserva una afinidad ideológica sino que también sostiene una alianza
estratégica concreta en energía, comercio y diplomacia multilateral que difícilmente sobreviviría
a un giro bolsonarista.
Los datos de la primera vuelta del 4 de octubre colocaron a Flávio Bolsonaro ligeramente
adelante con 47% frente al 45% de Lula. Sin embargo, de acuerdo con las encuestas de
intención de voto más recientes, llegaron a la elección empatados con 50% cada uno. Pero
más allá del resultado inmediato, para nuestro país lo que está en juego es el modelo de
relación y cooperación internacional con Brasil. Lula ha construido con México una importante
relación de socios regionales. Brasil y México son la primera y la segunda economía de
America Latina respectivamente.
Los acuerdos entre los dos países se traducen, entre otras cosas, en la cooperación entre
Pemex y Petrobras para exploración petrolera en aguas profundas, la coordinación en la
Comisión Binacional México-Brasil y la coincidencia en foros como la CELAC y el G20.
Un gobierno de Flávio Bolsonaro, explícitamente alineado con la agenda de Trump, romperá
esa sintonía y convertirá a Brasil en un competidor directo de México por inversiones y acceso
al mercado estadounidense, especialmente en agroalimentos, manufactura y minerales críticos,
y a México y su gobierno de izquierda, en el centro exclusivo de los ataques y el enemigo a
vencer de Donald Trump y su Escudo de las Américas.
El aislamiento es el riesgo más tangible. Tras las victorias electorales de la derecha en
Argentina, Chile, Colombia y Perú, Sheinbaum y Lula quedaron como los últimos referentes del
progresismo democrático en la región, junto al uruguayo Yamandú Orsi. Una derrota de Lula
dejará a México sin su principal interlocutor en Sudamérica y sin un contrapeso capaz de
moderar la influencia del llamado Escudo de las Américas, la coalición de seguridad impulsada
por Washington que fortalece el discurso de Trump que propone “acabar con los gobiernos de
izquierda en America” y excluye precisamente a México y a Brasil.
Hay, además, una dimensión económica inmediata. Brasil es el principal exportador
latinoamericano hacia México, el comercio bilateral superó los 13.900 millones de dólares en
2025 . La cooperación energética entre las petroleras estatales ya está en fase de ejecución y
ambas cancillerías trabajan en actualizar los acuerdos comerciales. Un gobierno brasileño
ideológicamente distante no necesariamente rompería estos vínculos, pero sí los subordinaría a
una lógica transaccional y de alineamiento con Washington que debilitaría la posición
negociadora mexicana.
La elección brasileña no decide el futuro de México, pero sí condiciona su margen de maniobra.
En una región donde la autonomía frente a Estados Unidos se ha vuelto escasa, la continuidad
de Lula significa a la Presidenta de México un socio con peso suficiente para sostener una voz
latinoamericana propia. La alternativa es un Brasil que, como anticipan los analistas, optaría por
estrechar lazos con la coalición de seguridad trumpista y competir frontalmente con México por
la atención de Washington.
Para México que enfrenta presiones arancelarias, tensiones migratorias, amenazas
injerencistas armadas, y una cercana revisión del TMEC, conservar a Lula del lado de la
soberanía de las naciones y de la autonomía regional no es una preferencia ideológica es una
necesidad estratégica.





