INDICADOR POLITICO/Carlos Ramírez
La salida forzada de la consejera presidenta Guadalupe Teddei ni por equivocación se está
pensando que conduzca a la democratización del INE.
El partido Morena en el poder está cometiendo los mismos errores que el PRI en sus mejores
tiempos: a pesar de contar con la capacidad organizativa de las masas, de tener el instrumento
político del gasto social y con una oposición menor al 20%, el PRI se avorazó y tomó el
control autoritario de las instituciones legitimadoras de su propio poder y con ello perdió
calidad democratizadora.
Las circunstancias que favorecieron el dominio del PRI se están reproduciendo con Morena, y
en ese contexto se consolidan los señalamientos de restauración del viejo modelo político de
presidencialismo absolutista y autoritario. Todas las tendencias electorales adelantan a Morena
como la fuerza hegemónica que no necesitaría el factor cohesionador de la corrupción ni
tampoco dependería del control no democrático de las instituciones electorales.
El IFE fue fundado por el presidente Carlos Salinas de Gortari para enfrentar el descrédito de
su victoria electoral de julio de 1988, pero construyó un organismo exactamente igual a la
Comisión Federal Electoral de Manuel Bartlett Díaz, aunque tuvo el prurito de hacerlo con
rostros sociales que nunca pudieron ocultar su dependencia del PRI y hacia el
presidencialismo.
Zedillo lo perfeccionó, pero manteniendo también la vigencia de los instrumentos de control
presidencial, y basta revisar la lista de consejeros electorales del IFE de 1996 a 2014 para
comprobar que el espíritu del mapachismo electoral de Manuel Bartlett Díaz de 1988 seguiría
prevaleciendo en la estructura interna de consejeros electorales como barones de la vieja-
nueva democracia designados por la mayoría priista en el Congreso y negociadas algunas
consejerías con el PAN como segunda fuerza.
El Pacto por México de 2012 que inauguró el breve ciclo del PRIAN transformó el IFE en INE y
la estructura se le entregó al PAN, aunque a través de la figura de Lorenzo Córdova Vianello,
que había iniciado su carrera pública como asesor de José Woldenberg en el INE salinista de
1994. Córdova, además, emergía del nido jurídico de la UNAM, un espacio ideológico que no
se ha estudiado a fondo pero que ha representado la salvaguarda jurídica del
constitucionalismo priista que dominó el discurso de legitimación del PRI como partido histórico
de la Revolución Mexicana.
Woldenberg y Córdova nunca tuvieron la intención de construir un organismo electoral
apartidista, despriízado y profesional y a Córdova le tocó el paso audaz de profesionalizar al
personal el Instituto pero a partir de una coincidencia ideológica con el Instituto de Estudios
para la Transición Democrática que había nacido bajo el patrocinio de Salinas de Gortari y
Zedillo como cuerpo académico, orgánico y teórico del régimen priista.
Córdova se dio la tarea de construir un Instituto Electoral únicamente antipopulista y utilizó
recursos públicos para generar un pensamiento académico e institucional en el INE que pudiera
convertirse en un dique de contención del modelo político populista de Andrés Manuel López
Obrador, todo ello bajo el disfraz de profesionalización del trabajo civil del instituto.
Pero López Obrador atropelló el modelo de INE en modo Salinas de Gortari-Zedillo-(A)Nexos-
IETD y arrasó en las elecciones presidenciales del 2018. Córdova usó al INE para manipular
en 2022 y 2023 las marchas sociales operadas desde el Instituto vía la autodenominada ola
rosa. El antiinstitucionalismo lopezobradorista anunció desde 2006 la reforma del organismo
electoral para restaurarlo como Comisión Federal Electoral en modo Bartlett Díaz.
El problema del grupo que inventó el IFE/INE radicó en el hecho de que nunca se propuso la
democratización de la autoridad electoral, sino que apeló a la reconfiguración como CFE para
seguir manteniendo el control de las elecciones por el PRI-PAN-PRIAN. Y de modo natural, el
lopezobradorismo se planteó el objetivo de capturar al organismo electoral para ponerlo al
servicio del nuevo partido en el poder. La designación de Guadalupe Taddei como consejera
presidenta del INE se vio en el escenario de la reconstrucción del modelo del viejo PRI-PRIAN
sólo que ahora bajo el dominio de Morena.
Este contexto es el que está determinando el reacomodo en el INE después de la torpeza
arrogante de Taddei en el manejo de los recursos públicos del Instituto para favorecer a un
proveedor con el que mantenía relaciones personales, pero lo peor de todo es que lo hizo a la
vista de todos y con la complicidad de ciertas áreas políticas que hoy no asumen su
corresponsabilidad.
El INE no se va a reformar sino que seguirá su camino para reconstruirse como la CFE en
modo de Manuel Bartlett Díaz.





