INTERIORES/Carlos López Arriaga
Cd. Victoria, Tam. Aquel mediodía de 1988 me manda
llamar muy enojado el director de EL MERCURIO, don
EDUARDO PÉREZ CASTAÑEDA, ingeniero de
profesión, quien, por cierto, casi me triplicaba la edad.
Había recibido una llamada del entonces titular adjunto
de prensa, FELIPE GARZA.
-“Me dicen en gobierno que estamos muy cargados en
favor de CUAUHTÉMOC, y que nuestra primera plana
está dedicada a puras notas contra el PRI. A ver, dígame:
¿es usted cardenista?”
-“No señor”, respondí,
“pero es la noticia.”
-“¿Cuál noticia?”
-“La protesta contra la elección, vea las fotos, no solo es
CUAUHTÉMOC, también CLOUTHIER y doña
ROSARIO. Nadie se cree la caída del sistema.”
-“No, mire, CARLITOS” (don EDUARDO siempre me
hablaba de usted y eso me intimidaba aún más),
“grábeselo bien, aquí somos priístas, pri-ís-tas, y así
quiero que maneje la primera plana de hoy en adelante,
¿entendió?…”
Yo era Jefe de Información y solía robar funciones al Jefe
de Redacción, como filtro final de la primera página.
Asentí callado, me tragué la rabia. Una más entre tantas
broncas que tuve con el ingeniero, por la gente de afuera
que le llamaba para calentarle la cabeza. Pero yo
contaba siempre con una carta fuerte. El picaporte
directo con el propietario del medio, JOSÉ VILLARREAL.
Agaché la cabeza, dije “con permiso” y al darme vuelta
descubrí que un par de ojos habían estado observando
de cerca y con mucho detalle la escena, compartiendo mi
asombro y mi indignación. El reportero de la fuente
política, FRANCISCO CUELLAR. Por cierto, el que más
metía notas del PSUM y luego del PMS.
-“¿Cómo vez?”, me dijo.
Me quedé pensativo y en eso veo pasar al chofer del
periódico:
-“¿Ahí está don JOSÉ?”, le lancé la pregunta como un
disparo.
-“Alcánzalo, porque ya está saliendo a comer.”
Subí los escalones de tres en tres. La charla fue rápida.
El dueño del periódico ya me había dado instrucciones
precisas de no meter en primera plana nada que fuera
oficialista. A menos que lo solicitaran de manera formal,
previa facturación.
Con gusto mandaba los boletines a páginas interiores,
territorio de mi mancuerna, el jefe de Redacción
ROBERTO SEPÚLVEDA. Y también los de la UAT, los de
ANDRÉS ESPINOZA, otra de las vocecitas que me
enchilaban por la hebra a PÉREZ CASTAÑEDA.
Pero el editor decía otra cosa y por eso mi primera plana
estaba superpoblada por personajes como LYDIA
MADERO, ELPIDIO TOVAR, LEONOR SARRE, PEDRO
ALONSO PÉREZ, LUISA ÁLVAREZ, PEDRO ETIENNE y
hasta la gente del Gallito Colorado y los troskos del PRT.
Sin olvidar a los feroces líderes de colonos que siempre
tenían algo que gruñir contra el gobierno y encontraban
conmigo el mejor espacio: ALEJANDRO FLORES
CAMARGO, ARNULFO GÓMEZ, entre tantos más.
La respuesta del dueño fue la mejor:
-“Así síganle, yo hablo con EDUARDO”, dijo mi
interlocutor con una sonrisa pícara, y añadió:
-“Mira, esas personas que le llaman al ingeniero, lo
hacen porque primero hablan conmigo y yo jamás les
hago caso.”
Al bajar las escaleras, me topé con cinco miradas:
CUELLAR, TERRAZAS, ARREOLA, LUIS ARTURO y el
recién llegado JOSÉ JULIÁN. –“¡Todo sin cambios!”, les
dije, triunfal…
Un par de años después, ese grupo de reporteros
reventó por un tema de salarios. Se fueron y yo también,
cada cual por distinto rumbo. Pero la anécdota queda,
como recuerdo valedero.
DISTINTO ESCENARIO
En el 20 Hidalgo y Juárez, una cena muy mexicana en
una residencia hermosa, de arquitectura maciza y amplio
zaguán. De anfitrión, el abogado PEDRO ETIENNE
LLANO.
En una mesa larga, el entonces director de EL DIARIO,
don JUAN GUERRERO VILLARREAL, y el editor de EL
GRÁFICO, don LUPE DÍAZ Jr., se disputaban la atención
del ingeniero CÁRDENAS SOLÓRZANO.
Competencia de egos, don LUPE hablando de las luchas
cívicas por las alcaldías, desde la época del PICHI SAN
PEDRO en Tampico hasta el primer CANTÚ ROSAS en
Nuevo Laredo y la elección intermedia que estuvo cerca
de tumbar a ENRIQUE CÁRDENAS.
Don JUAN, por su cuenta, narraba historias aún más
viejas, para remontarse a sus recuerdos juveniles,
décadas atrás, como joven vasconcelista, en 1929.
De reojo, descubrí cansado a CUAUHTÉMOC, pero con
buen apetito. En silencio, haciendo como que escuchaba
las peroratas de don JUAN y don LUPE, aunque su
verdadera atención estaba puesta en el plato.
Reparó de pronto en mi presencia. Por alguna razón,
ETIENNE me había colocado justo frente al ingeniero,
aunque ya se nos había advertido que era convivio y no
conferencia de prensa. Cero preguntas.
Vino el cruce de miradas y en voz bajita, como pidiendo
permiso, pregunté…
-“¿Está bueno el pozole?”, contrapunto deliberado ante
las epopeyas ampulosas que, en ambos flancos,
saturaban el espacio sonoro. La candidatura de ORTIZ
RUBIO, la presidencia quemada en Mante, el puente de
San Fernando.
Respondió con una sonrisa juvenil y un sincero
movimiento de cabeza. No había lugar para una
entrevista, pero durante largos minutos, la charla entre
ambos transcurrió en torno a los sabores de su natal
Michoacán. Y cómo fue que un pozole tamaulipeco pudo
merecer su buena opinión, habiéndose criado entre la
exuberante comida sureña.
El momento no daba para una nota, pero sí un recuerdo
digno de evocarse ahora, cuando me entero con tristeza
de su muerte, a los 92 años, entre el reconocimiento
amplio de su gesta histórica, como impulsor esencial de
la izquierda mexicana.
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