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Octubre rosa: del estudio al tratamiento

  • octubre 18, 2026
  • 7:54 am

En Público

Nora García Rodríguez

 

Cada octubre, y con más fuerza alrededor del 19, Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama, las fachadas se iluminan de rosa y las mastografías gratuitas se anuncian por todas partes, como si la enfermedad tuviera temporada. La vida de una mujer depende de que el estudio llegue a tiempo y de lo que pase después, cuando un hallazgo sospechoso necesita biopsia pronto y un diagnóstico confirmado, tratamiento sin demora.

El 21 de octubre se cumple un año de que el gobierno federal presentó el Modelo de Atención Universal de Cáncer de Mama, con una inversión prevista de cerca de 8 mil millones de pesos para sumar mil mastógrafos a los 656 que ya tenían los hospitales públicos y abrir 20 centros de diagnóstico. La meta anunciada fue de 8.9 millones de mastografías al año, con plazos de 30 días entre la sospecha y el diagnóstico y de 21 para iniciar el tratamiento, y la presidenta Claudia Sheinbaum estimó que hacia 2027 las muertes bajarían significativamente.

En marzo, el Consejo de Salubridad General aprobó un protocolo nacional, presentado en mayo por la secretaria del Consejo, Patricia Clark, que propone una misma ruta clínica para las instituciones públicas. El 13 de octubre, la Presidencia informó en su balance de salud la adquisición de 676 mastógrafos, sin precisar cuántos corresponden al modelo ni cuántos atienden ya a pacientes, el dato que permitiría saber cuánto del compromiso se ha cumplido.

Con cifras preliminares de 2024, el INEGI registró la muerte de más de 8 mil 300 mujeres por esta causa, unas 23 al día, y la tasa sin ajuste por edad pasó de 15.7 a 18.7 por cada 100 mil mujeres de 20 años y más entre 2015 y 2024. Ajustada por edad, la tasa de Tamaulipas fue de 21.0 en 2024, por encima del promedio nacional y la duodécima más alta del país, empatada con la de la Ciudad de México.

Del total de fallecidas, 64% tenía entre 40 y 69 años, el rango en que la norma oficial de 2011 recomienda una mastografía cada dos años, y el protocolo de este año sugiere mantenerla hasta los 75 en riesgo promedio. El mismo protocolo señala que hasta 17.5% de los casos se presenta antes de los 40, cuando todavía no corresponde el tamizaje de rutina, aunque para las de alto riesgo hay vigilancia desde edades más tempranas. Para las demás, la exploración clínica anual desde los 25 años es la primera revisión, y cualquier cambio en la mama exige valoración inmediata.

En la encuesta del INEGI sobre salud y envejecimiento de finales de 2024, 46.3% de las mujeres de 50 años o más dijo haberse hecho una mastografía en los dos años previos. Para la población sin seguridad social, el Programa Sectorial de Salud, publicado en septiembre de 2025, reporta que la cobertura de mastografía era de 11.6% y que solo 66.5% de los casos sospechosos accedió a biopsia, sin detallar el seguimiento de los demás, y ese hueco entre la imagen y la confirmación es el que el modelo tendría que atender primero.

Aunque el estudio sea gratuito, llegar a él cuesta, porque para quien cobra por día el traslado y la jornada perdida pesan en el gasto de la semana. La unidad móvil de la UNEME Dedicam Victoria lleva el estudio a centros de trabajo para quienes no pueden salir de su empleo, y según el balance que difundió su director en julio, había hecho unas mil 800 mastografías y detectado 25 casos de cáncer de mama, que ya recibían atención. En Tamaulipas, la Ley del Trabajo de los Servidores Públicos del Estado concede en su artículo 33 un día laborable al año con sueldo íntegro para exámenes de detección de cáncer.

La Ley Federal del Trabajo, en cambio, no incluye un permiso preventivo general de ese tipo, salvo lo que otorguen los contratos colectivos o cada empresa, y las propuestas para incluirlo, como la que aprobó el Senado en 2023 y la que avalaron comisiones de la Cámara de Diputados en 2025, no han llegado a la ley. Aprobarlo reduciría una barrera para que las obreras de la maquila y las empleadas del comercio acudan al estudio sin perder el día de pago. Para las trabajadoras por cuenta propia, a quienes ningún permiso alcanza, la ayuda estaría en horarios vespertinos y de fin de semana.

Suponiendo que cada estudio corresponda a una mujer distinta, la capacidad anunciada alcanzaría en dos años a cerca de 70% de los 25.5 millones de mujeres mayores de 40 que la Secretaría de Salud considera en riesgo, con unos 21 estudios diarios por equipo, según el anuncio. Sostener ese ritmo requiere presupuesto de operación para el mantenimiento y para radiólogos y patólogos, porque ampliar los estudios puede dejar intacta la espera si no hay quien interprete y confirme a tiempo los hallazgos.

Desde 2011, la norma oficial obliga a entregar el resultado de la mastografía en no más de 21 días hábiles y, en más de 90% de los casos, a iniciar el tratamiento dentro de los 15 días hábiles siguientes a la decisión sobre cuál aplicar. El protocolo de este año cita estudios mexicanos con demoras diagnósticas de hasta nueve meses en pacientes que recibieron tratamiento antes de llegar a un centro oncológico.

Para medir el cumplimiento, el siguiente balance de la Secretaría de Salud tendría que publicarse por institución y separar los dos tramos, de la sospecha al diagnóstico y del diagnóstico al tratamiento. En cada uno hacen falta el porcentaje de pacientes atendidas dentro del plazo y cuántas no completaron la referencia y por qué, ya que un promedio puede esconder esperas muy largas, y con esos datos se sabría en qué hospital y en qué tramo se rompen los plazos.

Quien ha esperado el resultado de una biopsia, o ha acompañado a alguien en esa espera, sabe que esas semanas no se cuentan en días hábiles. Por eso el balance que hace falta, en el país y en los hospitales de Tamaulipas, es el que diga cuántas pacientes necesitaron una biopsia y cuánto tardaron en conocer el resultado y, cuando fue necesario, en empezar su tratamiento, publicado cada octubre y sostenido el resto del año.

 

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Grupo Editorial Expreso – La Razón

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